Estamos en el horno…

Nicolás Mavrakis es el autor del flamante libro “Byung-Chul Han y lo político” (Prometeo).

«Ahí es donde me parece que él hila muy bien una sensación general de los usuarios de internet: pensemos la totalidad del mundo civilizado, que experimenta ese malestar, agotamiento y sin embargo son sensaciones que entran en contradicción evidente con este mundo digital del ‘Me gusta’ permanente»

Fue en el año 2015 -hace tan solo seis años- cuando conocimos de manera masiva, traducida en Argentina, la mayor parte de la obra de este pensador especialista en Martín Heidegger y promocionado entonces como “la gran revelación de la filosofía occidental”. Allí se produjo un desembarco que entonces incluyó los títulos “La sociedad del cansancio” (2012), “La sociedad de la transparencia” (2013), “La agonía del Eros” y «En el enjambre y Psicopolítica” (2014), todos éxitos de ventas en Europa.

“Hay algo clave en todos los libros de Han que es esta actitud pesimista, que hay que entender como el típico gesto del Romanticismo. El de aquel que denuncia un malestar del presente, nuestro presente tecnológico diríamos hoy, en contraste con un tiempo pasado que se supone habrá sido bueno, tiempo en que los rituales se cumplían, o con un tiempo futuro por venir en el que los rituales volverán a cumplirse”, señala Mavrakis.

La percepción del autor de «No alimenten al troll» y «En guerra con la piel» se acentúa especialmente en el caso de “La desaparición de los rituales”, donde Han no solo esboza una genealogía de la desaparición de los ceremonias y ritos, sino que se anima a citar “El Principito” y aventura diversas alternativas para liberar a la sociedad de su narcisismo colectivo gracias a, claro está, aquello que da por desaparecido en el título del mencionado libro.

«¿Por qué Han es un crítico romántico? -se interroga Mavrakis-. Porque en definitiva no importa tanto aquel pasado perdido o futuro por venir, sino lo que le interesa a él (romántico en sentido que refiere a futuros o pasados idealizados, abstractos, irrealizables o irrealizados) es la denuncia por ese malestar en el presente».

«Esa es la actitud romántica de Han: mostrar la disconformidad con lo que hay en la actualidad, y se contrasta con lo que pudo haber o lo que habrá, un espacio indefinido, aquello que alguna vez fuimos o aquello que alguna vez volveremos a ser, es decir, lo que no existe. Solo sirve para mostrar el malestar ante lo que se nos impone en determinada época, en este caso, la vida digital masificada, una vida que pasa a través de las redes sociales, algo que se intensificó mucho más después de la pandemia de Covid”, deduce el escritor.

Solo tu

Temerosa eres
aunque lo niegues,
tanta dicha
produce
el protegerte,
tu alma reboza
esa dulzura
y es por ella
que me has
conquistado,
porque dejas
ver una
inocencia,
que tus ojos
no pueden
ni siquiera
disimular.

Doy gracias
cada día
de haberte
conocido,
porque todo
en ti
me enamora,
es así
que al reírte
alejas de mi
aquella
oscuridad,
que solía
acompañarme
hasta hace
poco tiempo,
cuando
mi compañía
era solo
la soledad
de ermitaño
rumiante,
desengañado
del amor.

Ahora contigo
has traído
un destino,
un futuro,
algo tangible,
la serenidad
ha alejado
mis enojos,
vuelvo a creer
y ha sido
así por ti,
por esa
diáfana luz
qué has traído
a mi vida.

Imagen de Portada: Gentileza de Pinterest

Enemigo común

Reías tanto mientras
yo te corría
tratando alcanzarte
sin suerte,
eramos jóvenes
donde todo nos era posible.

Hoy seguimos juntos
nos cuidamos cada día,
el uno al otro
como en aquella época,
ya que hoy enfrentamos
a un enemigo
común tan invisible
que contagia y mata.

Alcohol, lavado de manos,
ventilacion no es novedad
para nosotros solo costumbre
hacerlo o usarlos,
cada día de la vida.

Nos prometimos
no quedarnos quietos,
sos vos o ambos
que cuidamos el jardín,
en el otoño necesita
mucho más cuidado,
nos reímos mucho
trayendo recuerdos
de un tiempo
que pasó,
pero su huella, dejó.

Nuestra sesión
de yoga más meditacion
en ayunas cada día
nos lleva la primera hora,
de cada amanecer

Luego él desayuno de reyes
que preparas
despues a pasear
por la plaza cercana,
gozando del aire perfumado
atrasado de los tilos.

Sabemos que este
enemigo invisible,
no tiene vencimiento,
por ello tenemos claro
que nuestra mejor vacuna
será nuestra actitud
y el amor que nos brindamos.

Solo extrañamos
los abrazos de los nietos,
pero ello nos dan
el mejor regalo al cuidarnos,
con su ausencia.

Nada, es para siempre…

My beloved Sterne: la sabiduría del Tristram Shandy

Más innovadora y fresca que muchas ocurrencias (pos)modernas, la obra de Laurence Sterne tiene la locura en el corazón.

Si es de tu interés profundizar en esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. Muchas gracias.

En mi biografía de lector de novelas, el descubrimiento del Tristram Shandy supuso un hito tan importante como el del Quijote o La consciencia de Zeno (de hecho, un mismo espíritu cómico une a las tres novelas). A veces ocurre que, aunque no hayamos leído a determinado autor, por las noticias que tenemos de él y lo que alcanzamos a saber aquí y allá, presentimos que tenemos ciertas afinidades y cuando por fin lo leemos confirmamos felizmente nuestras expectativas. Esto fue lo que me ocurrió con Sterne. Yo sabía de qué iba el Tristram y de su naturaleza lúdica y humorística, sabía que cuando lo leyera seguramente me gustaría (antes había leído el Viaje sentimental, en la traducción de Alfonso Reyes); aun así, no podía anticipar del todo el asombro y el placer que me causaría su lectura.

Mi Tristram es el traducido por Javier Marías, reeditado por Alfaguara en 1999 y que no deja de contrastar con el tipo de títulos que normalmente publica la editorial en la actualidad. Es un ladrillo (incluso es color naranja) de más de setecientas páginas con letra muy pequeña. En la portada tiene una pintura en la que al principio, aunque me gustó, no puse demasiada atención y en la que ahora me gustaría detenerme porque me parece idónea para la obra de Sterne. Se trata de “Grupo en escalera” (1795) del pintor norteamericano Charles Willson Peale. Los protagonistas son sus hijos, Rafael y Tiziano (Peale era un fanático del Renacimiento). Uno de ellos, con paleta y pinceles en mano, se encuentra justo en el momento de subir un escalón y voltea a ver al espectador; el otro, más arriba, lo mira con curiosidad con medio cuerpo oculto. El retrato, de tamaño natural, es extremadamente detallado y realista, un auténtico trompe l’oeil (se cuenta que los visitantes del pintor, al entrar a su casa y verlo por primera vez, saludaban a los dos jóvenes). El detalle genial, digno de Duchamp, es que Peale hizo colocar el lienzo a ras de piso y, en lugar de un marco tradicional, le puso el auténtico marco de una puerta y, además, un escalón de madera pegado a la pintura como primer peldaño, indistinguible de los pintados.

El cuadro posee un espíritu absolutamente shandyano: irónico, cómico, juguetón, risueño. Pone en entredicho las relaciones entre la vida y el arte, la realidad y la ficción, e invita al espectador/lector a ser parte de la obra. Si solo nos la describieran, probablemente pensaríamos en las vanguardias o en algún otro ejemplo de arte moderno, pero es del siglo XVIII… Algo semejante sucede en la literatura con Sterne y el Tristram, más innovador y fresco que muchas ocurrencias (pos)modernas.

La obra de Sterne pertenece a la mejor tradición de la novela, la de la novela cómica (que es, bien mirado, la tradición de la novela). Como es sabido, Cervantes no tuvo herederos inmediatos en lengua española. Los ingenios hispánicos no supieron qué hacer con el legado cervantino. Pasó más de un siglo para que, del otro lado del Canal de la Mancha, apareciera su legítimo heredero, un humilde y socarrón pastor de la iglesia anglicana. Él era perfectamente consciente de ello y por eso se refería al autor del Quijote como “my beloved Cervantes”. En muchos sentidos podía decirse que Sterne llevó a la novela un paso más allá de donde la había dejado su modelo español.

La sabiduría del Tristram, como la del Quijote, es a fin de cuentas la sabiduría del humor y la risa, de la ironía y la ligereza, de la indulgencia y la magnanimidad.

La locura, el disparate, están en el corazón tanto del Quijote como del Tristram. Ninguno de los protagonistas de este último está loco en el sentido en el que don Quijote lo está, pero todos –notoriamente Walter Shandy y el tío Toby– viven en un mundo paralelo al de la realidad y, como el caballero manchego, constantemente chocan con ella. Sin embargo, esos choques, como los quijotescos, son fundamentalmente cómicos. El sentido del humor sterniano es de índole cervantina –irónico, benévolo, compasivo, profundamente humano– y extrae de él sus últimas consecuencias filosóficas. Nada sabemos a ciencia cierta de la realidad, todo es ambiguo (esa cosa, ¿es una bacía o es un yelmo?; que sea un baciyelmo), nuestro punto de vista nos condiciona irremediablemente, el lenguaje –aquello que nos hace humanos– es una red muy precaria para intentar aprehender el mundo o comunicarnos efectivamente entre nosotros. Podríamos tomarnos todo esto a la tremenda y hacer una tragedia; con una media sonrisa Cervantes y Sterne sugieren que es más bien una comedia. La mejor opción es la risa, pues “lo propio del hombre es reír”, como escribió Rabelais, otro espíritu de su misma familia y su precursor.

Si las afinidades entre ambos no saltaran a la vista, bastaría comparar el famoso prólogo del Persiles y Sigismunda, que termina con esa famosa profesión de fe que en cierta forma encierra todo Cervantes (“¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!”) con la dedicatoria del Tristram Shandy. Cada uno podría llevar la firma del otro. Son dos textos escritos por dos hombres enfermos (en el caso de Cervantes, “puesto ya el pie en el estribo”), pero que al mal tiempo ponen buena cara, que han tomado un decidido partido por la alegría y el placer, y que lo sostendrán hasta el final, convencidos –como escribe Sterne– “de que cada vez que un hombre sonríe, pero mucho más cuando se ríe, se le añade algo a este Fragmento de Vida”.

La novela me ganó desde el epígrafe, tomado de un estoico (Epicteto, al que había leído junto a Marco Aurelio) y que enuncia uno de los principales artículos de la doctrina: “no son las cosas, sino las opiniones sobre las cosas, las que perturban a los hombres”. Pero Sterne lo cita en clave irónica, pues la novela deja en claro que las cosas son muy difíciles, si no imposibles, de conocer, y que no tenemos sino opiniones (el Tristram también hizo su parte en irme haciendo ver el estoicismo con cierta distancia). La obra trata, en buena medida, sobre el conocimiento y el lenguaje, sobre sus posibilidades y limitaciones, pero en vez de hacerlo seria y abstractamente, como lo haría un tratado filosófico, lo hace cómica y concretamente, como solo puede hacerlo la novela.

Acostumbrado a la rigurosa forma de la novela realista –lo que la mayor parte de los lectores, a la fecha, siguen entendiendo por novela– con sus argumentos claramente planteados, su desarrollo progresivo, su nudo, su desenlace, etc., una de las cosas que más me sorprendió –y alivió– del Tristram fue su forma informe, rematadamente libre y caprichosa (muy semejante a la del ensayo como lo concibió Montaigne, al que ya llegará su turno), que no parecía ir hacia ningún lado, en la que reinaba la digresión y que serpenteaba indefinidamente sostenida por el ingenio de la invención y el virtuosismo verbal. “¡Esto también podía ser la novela!”, me decía ingenuamente a mí mismo (de hecho, habría que ver si no es, sobre todo, eso, y las rígidas y admirables construcciones decimonónicas una etapa más bien agotada). También en esto Sterne partió de Cervantes y lo llevó un paso más allá: la novela como una ensalada de géneros, formas y discursos en la que todo cabe.

A la desmesura del Tristram suele reaccionarse también desmesuradamente: o se tiene una afinidad inmediata y profunda con él y se le ama, o no se siente simpatía alguna y se le rechaza. Está claro de qué lado estoy. Le deberé siempre dos cosas, aparte de algunas de las horas de mayor dicha lectora de mi vida: una, haber ampliado y profundizado mi idea de la novela y haberme ayudado a definir una concepción personal de la misma; dos, haberme mostrado las posibilidades del humor y la alegría en la literatura (o sea, en la vida) y contribuido a formar una orientación, a la par literaria y vital, que ya estaba en mí, pero que encontró en sus páginas un empujón definitivo.

La sabiduría del Tristram, como la del Quijote, es a fin de cuentas la sabiduría del humor y la risa, de la ironía y la ligereza, de la indulgencia y la magnanimidad. Somos criaturas francamente cómicas. Reconozcamos este hecho y abracémoslo. Hay que saberse reír de la vida, de los demás y, sobre todo, de nosotros mismos. El humor humaniza y, al mostrarnos las debilidades propias y ajenas, nos vuelve más benévolos y comprensivos de todo lo humano.

Imagen de portada: Ilustración de Manuel Vargas

FUENTE RESPONSABLE: Letras Libres. Por Pablo Sol Mora; crítico literario. Mayo 2022

Sociedad y Cultura/El Quijote/Laurence Sterne/Memorias de un lector/Tristram Shandy

Literatura y pintura hermanadas.

José María Merino es uno de los autores actuales capaces de transitar por los distintos géneros literarios con destreza sin par. Libros de cuento, novela, ensayo, microrrelato y poesía avalan la afirmación anterior. Noticias del Antropoceno (2021) ha sido su incursión más reciente en la narrativa breve, un conjunto de cuentos donde se evidencia el impacto del Homo sapiens en el ecosistema global y se constata, con gran imaginación, que la acción destructora de los humanos sobre nuestro planeta debe tomarse en serio. En La novela posible, regresa a la extensión larga con una ficción sobre la pintora renacentista Sofonisba Anguissola, y su biografía se entrelaza magistralmente con otros relatos de rigurosa actualidad.

El interés del autor por los siglos XVI y XVII españoles viene de lejos. Aparecía en la trilogía de Las crónicas mestizas que narraban las aventuras del protagonista mestizo por tierras americanas. Más adelante, Las visiones de Lucrecia (1996) relataba las peripecias del personaje real Lucrecia de León durante el reinado de Felipe II —los sueños de la joven conectan con este motivo sobresaliente en la obra meriniana—. Musa décima (2016) rescata la figura de Oliva Sabuco, autora del apasionante volumen Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, publicado a finales del siglo XVI, que se atribuyó, sin embargo, a su padre a principios del XX. Y no es casual que una tercera mujer, Sofonisba, protagonice La novela posible. El “enamoramiento” del autor ficcional por esta pintora responde a su calidad artística y humana, como se explicita en la historia.

«La relación entre imágenes y textos en la obra de Merino es recurrente»

La novela posible conjuga una novela histórica (la biografía de Sofonisba Anguissola), una autoficción (notas del confinamiento, desde el 11 de abril de 2020 hasta el 23 de mayo) y una última sección, “Terapia de Tere”, que es un relato sentimental a modo de diario anárquico del personaje. 

Están entrelazadas con extraordinaria lucidez —ahí destaca la maestría del escritor— por la figura de la pintora. Los veintiún capítulos (se menciona el hexagrama 21 del I Ching, línea esotérica con la que juega el autor) responden a una estructura bien determinada: alternancia de las tres líneas narrativas interrelacionadas a través de la figura de Sofonisba, cada una —según el tipo de texto— con una perspectiva diferente de tercera, primera y segunda personas. Resaltamos el uso del punto de vista de segunda persona en la obra de José María Merino. 

Lo ha utilizado en cuentos y novelas —entre estas últimas sobresale El río del Edén, Premio Nacional de Narrativa 2013—, y aparece en la novela actual en los capítulos de “Terapia de Tere”. Este desdoblamiento reflexivo del yo produce una misteriosa lejanía plagada de sugerencias para el lector.

La relación entre imágenes y textos en la obra de Merino es recurrente. En Cuentos del libro de la noche, a cada minicuento le acompañaba un dibujo o un cuadro manipulado por él; también en su discurso de ingreso a la Real Academia Española, en 2009, fundamentaba la narración en la visión de una pintura; y en esta ocasión, se reproducen en el libro los cuadros pintados por Sofonisba Anguissola que se mencionan en la ficción biográfica. La écfrasis relaciona de forma exquisita la descripción narrativa y las imágenes, y así el lector afronta un “lenguaje visible”, expresión acuñada por W. J. T. Mitchell en Picture Theory (1994), que implica el discurso de la pintura y de la visión en nuestra interpretación de la expresión verbal. En base a esta estrecha conexión, podemos trasladar a la literatura la afirmación que la ficción atribuye a Anton van Dyck: “La pintura no solo interpreta la realidad sino que la fija” (pág. 240).

«La tríada ficcional se complementa y unifica de modo admirable en esta novela sobre el pasado y el presente, sobre aspiraciones y desengaños».

La ambigüedad entre el pacto autobiográfico y el pacto novelesco, característica de la autoficción, se comprueba en el relato de los casi dos meses de confinamiento, con detalles de la evolución de la pandemia, referencias al enfrentamiento entre los partidos políticos, vivencias familiares y actividades profesionales del escritor, entre otros asuntos. La intertextualidad sobresale en este ámbito con interesantes alusiones a la obra cervantina, galdosiana y a novelas emblemáticas de ciencia ficción —El sol desnudo, de Isaac Asimov, por ejemplo—. A raíz de este título, es plausible declarar que la literatura se adelanta a la realidad. Por otro lado, en el ámbito metaliterario, constante en la obra meriniana, se encuadran varios microrrelatos muy sugerentes, producto del autor ficcionalizado, donde predomina una fantasía liberadora y subversiva.

El personaje pintor de los capítulos de la tercera línea, ególatra y cínico, constituye otro genuino engarce —al contrastarlo con la famosa pintora— entre las tres esferas narrativas. En la historia sentimental protagonizada por él y Tere se entrecruza, asimismo, la experiencia pandémica y se incorpora así una nueva perspectiva.

La tríada ficcional se complementa y unifica de modo admirable en esta novela sobre el pasado y el presente, sobre aspiraciones y desengaños de los seres humanos en cualquier época, sobre felicidad y desgracia, miedos y valentía, sobre pandemia y normalidad. José María Merino, una vez más, dialoga con los lectores y los fascina con su encantamiento narrativo.

Imagen: Portada de la “La novela posible” de José María Merino

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Compañía. Por Ángeles Encinar. Editor: Arturo Pérez Reverte. Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Novela/Narrativa/José María Merino

La escritura encubierta.

Los caminos del arte y del conocimiento se entrecruzan constantemente. Los poetas suelen comenzar su andadura creativa desde la pasión más que desde el conocimiento literario, para acabar transformándose con el tiempo en consumados eruditos de la tradición sobre la que asientan sus versos, así como sobre los recursos estilísticos que utilizan como herramientas de sus desvelos estéticos. 

Es difícil no encontrarse con un poeta que no haya pergeñado una poética, o que no haya realizado algún estudio sobre los supuestos estéticos de su generación o de aquella de la que se considere legítimo recipiendario. 

Las poéticas y las opiniones generacionales de los respectivos autores suelen resultar sumamente interesantes dentro del ámbito del pensamiento literario, siempre que sus hacedores sepan diferenciarlas del pensamiento literatura lógico o pensamiento de orientación científica. Esa sutil línea es la que separa dos mundos compartidos pero muy diferentes, por lo que al cruzarla los esforzados foráneos corren el serio riesgo de incurrir en el ridículo.

Esta división entre la razón y la imaginación, entre la vigilia —entendida como lucidez y racionalidad— y el sueño — como intuición y creatividad—, ha quedado recogida en el paradójico mito de Psique y Eros. Psique recibe la nocturna visita amorosa de Eros a condición de que no vea su rostro, de que no encienda la luz racional, ya que entonces Eros desaparecerá y no volverá jamás a visitarlo. Es como si fuesen dos mundos paralelos, dos lunas gemelas, que a todas luces se mostrasen incompatibles y que solo entre las sombras —que desdibujan sus fronteras— pudieran compaginarse. 

Tal vez por ello, los especialistas en sus respectivas materias observen con cierta condescendencia, cuando no con indisimulado desdén y retintín, a aquellos escritores que se autoproclaman como los nuevos brocenses de la palabra, de la rima o de la sintaxis, desde el furor erudito motivado por su pasión creativa

Para los científicos de la lengua y del arte literario, aunque sus cogniciones puedan tener alguna aportación sustanciosa, no dejan de ser autores de gramáticas pardas a los que se les despacha con un breve alarde historiográfico.

«Siempre se cita a Jorge Guillén, a Dámaso Alonso y a Unamuno, pero también se podría citar a Carlos Bousoño o a Luis García Montero».

Algo parecido sucede cuando una relevante autoridad académica incurre en los dominios de Calíope. Experiencia de la que muy pocos salen airosos, como si a sus señorías se les pillase en falta bailando ebrios a deshora el cancán. Es cierto que existe una fértil y larga tradición en nuestra literatura de profesores poetas o de poetas profesores, pero todos sabemos que esencialmente son poetas bajo el amparo del paraguas académico. 

Siempre se cita a Jorge Guillén, a Dámaso Alonso y a Unamuno, pero también se podría citar a Carlos Bousoño o a Luis García Montero. La nómina puede ser muy larga y está llena de nombres egregios de nuestra literatura, pero el problema surge cuando un reputado historiador del español, un fonólogo o un lingüista irrumpe como poeta. 

Algo que suele ser más frecuente de lo que parece, ya que la erudición también despierta el furor creativo. A este tipo de creadores los poetas los suelen mirar con cierta condescendencia y a veces hasta con rechifla, como autores —si se me permite el término— de una lírica parda.

Como se puede comprobar, son dos ámbitos bien diferenciados que se retroalimentan mutuamente, pero que mantienen en todo momento su innegociable singularidad. Por este fundamental motivo, y acaso escamado por algún que otro desatino ajeno, se puede entender que una autoridad académica sufra en silencio su furor creativo, hasta convertirlo, como diría Jaime Gil de Biedma, en un vicio solitario, prodigado con nocturnidad y alevosía.

Traigo a colación este constante entrecruzamiento de los caminos del arte y del conocimiento, porque en estas últimas semanas he tenido muy presente a Emilio Alarcos Llorach, al celebrarse en Oviedo —del 19 al 23 de abril— su centenario. 

Entre los diversos actos programados de esta conmemoración, estuve invitado a participar en la mesa de clausura titulada: Introducción al Alarcos poeta: Originalidad, producción e influencias, en compañía, entre otros, de Miguel Alarcos y de Luis Alberto de Cuenca. 

Esta cita alarquina volvió a avivar mis vivos recuerdos, al comprobar otra vez cómo al egregio lingüista se le considera un poeta póstumo, aunque en realidad lo único póstumo sea su reconocimiento como poeta, al haber publicado en vida cinco poemas en el Cuaderno número cinco de Luna de Abajo (1990).

«No puedo negar que recibí con zozobra sus poemas, y también con vacilante expectación»

Recuerdo la noche en la que Emilio Alarcos me confesó que escribía poesía, sin atreverse a decirme que era poeta, sino simplemente que tañía con asiduidad la lira de Garcilaso de la Vega, de Fray Luis de León y de Jorge Manrique. 

En ese complicado momento pude entrever por primera vez, detrás del brillante académico, al poeta tímido y pudoroso que también moraba bajo su piel y que no cesaba en todo momento de ocultarse. 

No fue fácil convencer a don Emilio para que diese el paso de publicar algunos de sus poemas en Luna de Abajo, y que hiciera pública su secreta pasión creativa. 

Sus reticencias y prevenciones eran muchas y todas más que justificadas, tenía mucho que perder y poco que ganar, tanto entre tirios como entre troyanos, «por su prestigio de gran filólogo», como bien señaló Ángel González en el prólogo «Emilio Alarcos, poeta» de Mester de poesía.

No puedo negar que recibí con zozobra sus poemas, y también con vacilante expectación. Para mi sorpresa, don Emilio no nos envió una relación reciente, sino una selección de sonetos fechados que recorrían 26 años de su poesía; a todos los efectos una (mini)antología de su obra poética, con título defensivo incluido: Nugalia Satyrica. 

El primer poema de la serie «Homopardus imperialis» está fechado el 9 de marzo de 1955 y el último de la secuencia «Femina hispánica nova» lleva la fecha del 6 de enero de 1981. 

Las precisas dataciones de estos poemas podrían inducir erróneamente a deducir que fueron escritos de un tirón, o que son resultado del trabajo afortunado de un día, pero solo basta con acercarse a ellos para percatarse del laborioso proceso de selección y de decantación que el ilustrado salmantino tuvo que seguir para redondear estos sonetos. Luego, a don Emilio, tuvieron que llevarle muchas horas de trabajo y de dedicación cada uno de estos poemas, por lo que no se sabe si las fechas que pone en los mismos responden al día en el que inició su proceso escritural o se corresponden con las fechas en el que los dio por terminados. 

A despejar estas dudas no contribuyen los sonetos «Baraja made in USA» y «Homo hispanicus officinalis», fechados en noviembre de 1960 y en diciembre de 1979 respectivamente, y en los que solo está reseñado el mes y el año. En esta serie se singulariza el soneto «Fin», porque tiene una fecha que adquiere una directa connotación con su encabezamiento, amplificando los cuartetos y tercetos en sus significados, desde la alusiva datación del 20 de noviembre de 1975, día de la muerte del dictador.

«Este «escrupuloso» planteamiento creativo lo ha seguido aplicando Emilio Alarcos siempre en sus poemas, por eso resulta tan relevante la selección que publicó en Luna de Abajo»

No obstante, este proceder también puede responder a un método de ordenación cronológica para poder agrupar los poemas ulteriormente, no siguiendo una pauta temática, sino un criterio temporal, tal y como aparecen las divisiones de su obra en Mester de poesía:  «Las divisiones en cuatro secciones [el Primer mester  recoge los poemas de 1949 a 1955, el Segundo mester de 1955 a 1966, el Tercer mester de 1966 a 1972 y el Cuarto mester de 1972 a 1993], en cambio, así como los títulos de las mismas, se debe (sic) al propio Emilio Alarcos».

Método y procedimiento cronológico que el propio Alarcos nos aclara precursoramente en el fragmento introductorio de sus poemas de juventud, bajo el heterónimo de Antonio S. Navarro:

«Hoy se me ha ocurrido ordenar, por fin, y engrosar con algunos comentarios, los versos que me dejó un conocido mío, Antonio S. Navarro, con el que tuve bastante amistad durante una temporada. Se había ya retirado definitivamente de la poesía y me entregó un regular montón de papeles, desordenados, pero escrupulosamente fechados. Esto me ha servido para restablecer la sucesión cronológica de las composiciones.»

«Leemos la poesía de Emilio Alarcos Llorach a través del voluntarioso filtro de José Luis García Martín.»

Este «escrupuloso» planteamiento creativo lo ha seguido aplicando Emilio Alarcos siempre en sus poemas, por eso resulta tan relevante la selección que publicó en Luna de Abajo, porque en ella puede constatarse este proceder alarquiano como hilo de Ariadna para restablecer la reordenación cronológica de su poesía, tarea que estaba llevando a cabo «[c]omo si presintiera el imprevisto final». 

No deja de resultar llamativo que esta importante selección realizada por Emilio Alarcos Llorach —la única hecha por él en vida— no aparezca, ni tan siquiera se dé cuenta alguna de ella, en la compilación de su obra poética realizada tanto en Mester de poesía (2006) como en Notas inéditas al Cancionero inédito de A. S. Navarro (2012). No se menciona en la «Nota a la edición» del primero, ni en «El poeta y el crítico» del segundo, dando a entender en todo momento el responsable de las dos ediciones que Emilio Alarcos era un poeta póstumo, cuyos poemas habían permanecido en «púdicos folios en blanco vedados a todas las miradas»; desde luego, y a tenor de lo expuesto, a la suya sí. 

Es más, de estos cinco poemas —que don Emilio habrá seleccionado por algo— solo aparece uno en Mester de poesía: «Homo hispanicus officinalis». 

Las causas por las que se ha desechado la propia selección de Emilio Alarcos en Luna de Abajo se desconocen, porque no sabemos los criterios seguidos por el responsable de esta edición, ni tan siquiera de cuántos poemas consta el corpus poético alarquiano, solo que su selección a ojo de buen cubero «contiene (más o menos un tercio de su obra poética)».  Por lo que en estos momentos todavía tenemos una percepción parcial de la misma; es decir, que leemos la poesía de Emilio Alarcos Llorach a través del voluntarioso filtro de José Luis García Martín.

Quizá haya llegado el momento de revisar la obra poética del destacado filólogo desde el rigor, la lucidez y el conocimiento, para poder delimitar y sopesar sus verdaderas dimensiones. Emilio Alarcos Llorach, maestro de la lengua castellana, lo merece.

Imagen de portada: Emilio Alarcos; poeta.

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Compañía. Por Ricardo Labra. Editor: Arturo Pérez Reverte.Mayo 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Emilio Alarcos Llorach

5 poemas de Antonio Rivero Taravillo

El reto de la poesía contemporánea es, con los mimbres de la retórica y prosodia heredadas, hacer lo mismo y diferente: regresar a los temas de siempre desde ángulos imprevistos y no dejar que los viejos ritmos apaguen la voz nueva. Antonio Rivero Taravillo domina los recursos y los pone —música y hondura— al servicio de una poesía que busca emocionar, turbar, fijar lo que desaparece y rescatar lo ya ido. 

Poeta con oído y capacidad de observación, sus versos están colmados de epifanías y de voces que resuenan desde lejos y continúan reverberando en los lectores. Los hilos rotos, I Premio Nacional de Poesía Ciudad de Lucena Lara Cantizani, es según el jurado: «Un libro sólido, sin fisuras y que denota una voz potente y propia, estéticamente lleno de imágenes efectivas y plásticas».

Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963) es autor de varios libros de viaje, diez poemarios y ensayos y volúmenes recopilatorios, además de cuatro novelas, la más reciente de las cuales es 1922 (Pre-Textos). Ha publicado numerosas traducciones de verso y prosa que incluyen la Poesía completa de Shakespeare y la Poesía Reunida de Yeats, más antologías de Pound, Graves, Donne y Poe, entre otros. Fue galardonado en 2005 con el Premio Andaluz a la Traducción Literaria por sus versiones de John Keats, y con el Premio Archivo Hispalense por un estudio sobre Cernuda. 

Su biografía sobre este poeta obtuvo en 2007 el Premio Comillas, y fue publicada en dos tomos por Tusquets. En 2011 recibió el Premio de la Feria del Libro de Sevilla, y en 2016 el Premio Antonio Domínguez Ortiz por su biografía de Cirlot. En 2017 ganó el Premio de Aforismos Rafael Pérez Estrada. Director de varias revistas, incluida Mercurio, en 2014 fundó Estación Poesía, cuatrimestral que coordina desde entonces.

***

Vivir

Si no es bisiesto,

un año se descompone

en trescientas sesenta y cinco zancadillas.

Por el contrario, una vida

se va —se fue— en un suspiro.

Lo que tarda en picar una cobra.

Lo que se toma una bala

en atravesar un naipe que es

en realidad una carta del Tarot.

La vida es haber eludido

tantos traspiés,

resbalar sobre el cartón satinado

y dejar de ser bípedo, un charco

de sangre que se va,

no de semen que viene.

Vivir es ensayar esa caída.

***

La menestra

Extraes del congelador

la bolsa de menestra.

En la encimera queda unos instantes

y, en silencio la casa, oyes muy cerca

el crujido del hielo más lejano.

En la cocina de Sevilla,

de pronto estás ante el Perito Moreno;

con seis horas de diferencia

y tras seis años,

esta mañana como aquella tarde:

el mismo ruido

del glaciar que se rompe.

Estrías azuladas resquebrajan

el fino oído de la memoria.

Te entran ganas de dejar la verdura,

y te domina

un hambre argentina de asado.

***

En la barra de un bar

Picando frutos secos en la barra de un bar,

estás leyendo el mismo libro

sobre una playa, en su arena

delante de una espuma diferente.

Bajo el sol que cuelga de la viga,

oyes el oleaje de los versos

rozados en las yemas, mientras pasa

el tiempo preso en un reloj de sal,

polvo que no es polvo sino tiempo.

En el cristal del vaso, su esfera.

Minerales, las manos a sí mismas se entierran.

Las olas de tus huellas digitales

en su marea arrastran

guijas en que tropieza el tacto

sobre la duna lisa de la página.

En la arena, los poros, las esporas,

el polen

de plantas medicinales o venenosas,

su tinta.

Se va haciendo de noche, y persevera

aún el balbuceo frente al mar.

***

Mambrú

Se fue a la guerra,

y allí debe de continuar

con pena y prisionero, haciendo guardia

de gala y uniforme de ropavejería

al pie de nuestra infancia caída sin repique

y enterrada sin salvas

ni honor.

Se fue: un cigarrillo consumido

cuando ni siquiera fumábamos.

Y sé

—los años anestesian—,

sin dolor, sin dolor ni pena,

que no vendrá.

Que no vendrá.

***

Clase turista

Las suelas de zapato en el avión,

quietas alas que vuelan,

no batiendo, sino inmóviles

sobre montañas,

carreteras y nubes.

Un hormigueo

en las piernas mientras, abajo,

hormigas de verdad

—mujeres y hombres—

caminan en hileras

o con su ausencia pueblan

los desiertos, las olas.

En el vaso de plástico, un hielo

padre en tamaño,

y también en edad,

de ese breve glaciar que dura lo que un sorbo

en el palmo de ancho de su mundo,

la ventanilla.

Porque el tiempo transcurre

oníricamente,

distorsiona y doblega la vigilia

enderezando el sueño.

Al despegar o tomar tierra,

dos manos que se anudan restañan

toda la separación de los continentes.

—————————————

Autor: Antonio Rivero Taravillo. Título: Los hilos propios. Editorial: Reino de Cordelia. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

Imagen: Portada del libro “Los Hilos Rotos”

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Compañía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Antonio Rivero Taravillo

5 poemas de Javier Velaza

Javier Velaza (Castejón, Navarra, 1963) es catedrático de Filología Latina en la Universidad de Barcelona. Como poeta ha publicado Mar de amores y latines (1996), De un dios bisoño (1998), Los arrancados (2002), Enveses (2018) y De mudanzas (2020).

«El campamento de los aqueos es una poderosa alegoría. Javier Velaza inscribe en la gran tradición poética el mal que se cierne sobre la humanidad desde hace dos años: Semejante a la noche, así dirán que vino. Del canto de Homero procede el tono épico. Del sufrimiento de la multitud emerge una meditación única sobre los nuevos héroes. Entre ellos se alza la voz de este poeta firme y cosmopolita, que tutea a Riba, Auden o Ajmátova. Todas las categorías del lenguaje (incluyendo las letras o los tiempos verbales) aportan su fuerza a esta escritura que, como poesía auténtica, tiene algo de promesa, si no de profecía secretamente esperanzada. Este es un libro en el que anda suelto el futuro. Velaza escribe audazmente, ya con mayúsculas, el nombre insólito / del Día En Que Empezamos Nuevamente».

Juan Antonio González Iglesias

Zenda adelanta cinco poemas del libro.

***

DECRETO

Con la voz más solemne que pudieron sacar

de sus gargantas trémulas y el ademán del mármol,

salieron a decir encerraos en casa

por lo que más queráis, o encerraos en casa

por los que más queráis, o no sabes qué fue

lo que dijeron, porque quién oye claramente

mientras el miedo aúlla, o quién puede entender

la verdad imposible de lo para no dicho,

en fin, dijeron algo, no dijeron deprisa,

lo recuerdas muy bien, pero no hacía falta,

porque aquella palabra crepitaba en sus ojos,

y tú fuiste y cerraste la puerta de tu casa

por lo que tú más quieres, que todavía no sabes

lo que es, pero sabes que lo quieres, y echaste

los cerrojos y dividiste el mundo

en dos mitades y erigiste entre ellas

un muro infranqueable y desde entonces

nunca más has sabido si te quedaste dentro

o fuera.

***

LA HABITACIÓN OSCURA

Junto a tu habitación, la habitación oscura.

Vives en el umbral de su puerta invisible,

ordenando rutinas, clasificando horas

hasta el momento exacto. Eres el elegido

y has aprendido el arte de paladear la espera.

De pronto, algo te invoca por tu nombre. Y pasas.

La luz negra es silencio que ilumina el sonido

del prodigio. Lo palpas un instante. Y se va.

Y eso es todo. Después, sales de nuevo y vuelves

a esta vieja tarea de destruir el mundo.

***

SECUELAS

El tiempo de tu infancia era redondo.

Como la esfera del reloj de comunión.

Como la hostia que te administrara

un fraile orondo, como su tonsura.

Como el balón de cuero que no te regalaron.

Como los círculos absortos de los viejos

removiendo el café al final de la fiesta.

De aquel tiempo te quedan secuelas indelebles:

esa manía tuya de darle cuerda al mundo,

la obsesión por seguir agnóstico y esbelto,

el recelo hacia quien tuvo cuanto quiso,

y esta única forma posible de esperanza:

remover el café en sentido contrario.

***

CATÁBASIS

Sales de casa huido de ti mismo. Necrópolis

de vivos, la ciudad te espía entre cipreses

y sospecha que buscas aquello que perdiste,

y no entiendes qué es. Y no te tiene lástima.

En medio del camino de la vida te sabe,

sin dirección. Te enfocan las luces del crepúsculo

y desfallecen. Pasas junto a la vieja iglesia:

los dioses han dejado de creer en nosotros

porque les dimos miedo. Te saludan,

con la mirada mate de la hulla,

tres almas enfundadas en sus cuerpos

insepultos: van al baile de máscaras.

En los parques el viento arremolina

portadas de periódico que informan

del fin del fin del mundo. ¿Qué canción

te sacará de allí, rota tu lira?

¿A qué rama aferrarte, si te hundieses?

En las sesiones golfas de los cines

se proyecta el futuro en versión

original, oferta dos por uno.

El diablo sabe que eres como él,

el más sabio de todos los idiotas,

el más audaz de todos los cobardes,

el más alegre de los hombres tristes,

y no puja por ti. En el Paradise

no permiten entrar con tus sandalias

de pecador. Y ya es la del alba,

y un día más esta ciudad te observa

de reojo volver despacio al purgatorio

de tu casa igual que regresan los héroes:

con las manos vacías de esperanza

y esta injustificable fe en el hombre.

***

ANOCHECER EN MONASTIRAKI

Incomprender el mundo. Esta tarde

en esta terraza de Monastiraki,

con una copa de retsina, iluminado

por la sombra sagrada de la Acrópolis,

sabes bien que esa es la auténtica misión:

incomprender el mundo. Los turistas

y los gatos regresan de aplaudir

la caída del sol en el Areópago.

Atenas anochece apenas sin dolor.

No hay un sitio en el mundo donde mejor se sienta

que todo ha sido inútil aunque haya sido hermoso.

Esta arena que pisas contiene todavía

fragmentos de la copa de Sócrates, Pericles

bajó por esa cuesta ya enfermo de la peste.

Ahí mismo, donde ese camarero

esboza con tres pasos torpones un sirtaki,

alguien mató a los dioses hace mucho. También

tú has matado lo tuyo por el sueño

griego de la razón, la gran metáfora.

Pero no te arrepientes. Tú anocheces

apenas sin dolor también y das por bueno

que todo ha sido hermoso aunque haya sido inútil.

Ahora eres solo otro turista más

que pasea sin rumbo entre las ruinas

abandonadas ya del pensamiento

—si hoy es martes, debe de ser Platón

quien nos explica el mundo inexplicable,

si es miércoles, Byung-Chul Han—,

y, cuando cae el sol, aplaudes indolente

y buscas junto a un gato una terraza

donde tomar tu copa de retsina

e incomprender perfectamente el mundo.

—————————————

Autor: Javier Velaza. Título: El campamento de los aqueos. Editorial: Visor. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

Imagen : Portada de El campamento de los aqueos. 

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Compañía. Preámbulo de Juan Antonio González Iglesias. Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Javier Velaza/España

Mario Vargas Llosa, lector de Letras Libres

Un agradecimiento al escritor por sus palabras como lector de Letras Libres.

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El pasado 16 de abril, Mario Vargas Llosa publicó en el El País un artículo llamado “Las revistas”, en el cual dedica palabras muy generosas a Letras Libres.   

El escritor comparte en el artículo detalles de su biografía de lector de revistas. Como adolescente, cuando se ganaba la vida en Lima escribiendo artículos para publicaciones locales, se suscribió a las francesas Les Temps Modernes, dirigida por Sartre, y Les Lettres Nouvelles, por Maurice Nadeau. Más adelante, instalado en Londres, fue todavía un ávido lector de revistas, dice, “hasta que me di cuenta que leer The Economist, por ejemplo, en todas sus secciones, me tomaba casi una semana y me impedía leer los libros —las novelas, los poemas, los ensayos— donde están las verdaderas ideas”. Hoy, continua, “solo leo dos revistas semanales y mensuales, The Times Literary Suplement, para saber qué se escribe en el vasto mundo, y, en español, Letras Libres, que sale en México y en España. Estas dos últimas, creo, son las mejores revistas en nuestro idioma y aconsejo a los buenos lectores que no prescindan de ellas.”

Vargas Llosa recuerda los tiempos en que, con Enrique Krauze a la cabeza, inició la aventura de Letras Libres, bajo la convicción de que era necesario “que España y América Latina tuvieran una misma revista que expresara sus problemas, sus realizaciones literarias y sus críticas políticas”, dice el novelista.

Relata enseguida haber recibido nuestra edición de abril, titulada “Ucrania heroica”, en la cual quisimos escuchar a quienes hoy son víctimas de una tragedia de proporciones universales. Con textos de Mira Milosevich, Ilya Kaminsky, Marci Shore y Christopher Domínguez Michael recorrimos la historia y la rica tradición literaria ucraniana, que abarca a Mijaíl Bulgákov e Isaak Bábel, a Joseph Conrad y a Joseph Roth. Aurelio Asiain –“un mexicano universal, capaz de traducir del ucranio y del japonés al español y que es poeta, ensayista y, por supuesto, traductor”, dice Vargas Llosa– reunió sus propias versiones de poemas de Hryhory Skovoroda, Mykola Zerov, Mariya Zaturenska, Mykola Bazhan, Natalka Bilotservikets y Oksana Zauzhk.

El Nobel peruano prodiga a continuación palabras que reproducimos con humildad y gratitud. “Leer este número de Letras Libres me ha informado más sobre la literatura de Ucrania que los tres o cuatro días que pasé en Kiev hace algunos años”, dice en su artículo.

“Ante un acontecimiento como el que tiene lugar en estos días en Ucrania no hay nada mejor que conocer algo de su literatura, en la que todo ello está ya insinuado y condenado, y a veces hasta alabado, y Letras Libres ha hecho lo que debía haciendo esa excelente selección de su literatura”, continua. “Nadie pudo, entre las revistas a que tengo alcance, resumir como lo hace Letras Libres presentando este pequeño panorama literario de Ucrania. Es necesario leerlo para saber cómo, tras los horrores de que nos informan los diarios, hay seres vivos, como lo estamos provisionalmente nosotros, que de la noche a la mañana son asesinados, violados, expulsados de su propio país, por la locura imperialista de un gobernante, como los tenemos —hasta para regalarlos a quien quiera disfrutar de ellos— en América Latina”, sigue.

Una revista se debe siempre a sus lectores. Sus inquietudes encauzan la labor de editores y autores. Saber que un lector ha encontrado lecturas interesantes y estimulantes en nuestras páginas es siempre motivo de orgullo. Cuando ese lector es, además, un querido amigo y colaborador que ha acompañado la labor de Letras Libres desde el inicio, y un escritor cuya obra admiramos y reconocemos como una de las más importantes de la actualidad, ese orgullo no puede sino multiplicarse.

Agradecemos, pues, a Mario Vargas Llosa por sus generosas palabras. Y a todos nuestros lectores por hacernos la revista que somos.

Nuestro número “Ucrania heroica” puede leerse aquí.

No.240 / mayo 2022. Anatomía de un asesino. VER CONTENIDO. EDICIÓN MÉXICO

Imagen de portada: Gentileza de Letras Libres

FUENTE RESPONSABLE: Letras Libres. Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Revistas Literarias/

Mario Vargas LLosa/Premio Nobel

Todas las caras de Bertrand Russell: conde, matemático, filósofo, pacifista y Nobel de Literatura.

Libros, pasiones e ideas del intelectual galés, autor del libro que Borges se habría llevado a una isla desierta, de quien se cumplen hoy 150 años de su nacimiento.

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Fue uno de los pocos filósofos que ganó el Nobel de Literatura, en 1950, “en reconocimiento a sus escritos variados y significativos en los que defiende los ideales humanitarios y la libertad de pensamiento”. A diferencia de su colega francés Jean-Paul Sartre, el británico Bertrand Russell (1872-1970) no rechazó la distinción de la Academia Sueca y brindó un discurso en el que la ironía no estaba ausente. “Si los hombres estuvieran impulsados por su propio interés, lo que no es así, excepto en el caso de unos pocos santos, la totalidad de la raza humana cooperaría -dijo-. No habría más guerras, no más ejércitos, no más marina, no más bombas atómicas. No habría ejércitos de propagandistas empleados en envenenar las mentes de la nación A contra la nación B, y recíprocamente de la nación B contra la nación A. 

No habría ejércitos de inspectores en las fronteras para impedir la entrada de libros extranjeros y de ideas extranjeras. Todo esto ocurriría muy rápidamente si los hombres desearan su propia felicidad tan ardientemente como desean la miseria de sus vecinos. Pero, me preguntarán, ¿qué utilidad tienen todos estos sueños utópicos?”. Para él, el moralismo no era más que “odio o amor enmascarado al poder”. Hoy se cumplen 150 años del nacimiento del pensador, matemático, lógico, escritor y reconocido pacifista británico.

Noviembre de 1958: Filósofo, matemático y autor galés Bertrand Russell (1872 - 1970) en su casa de Gales. (Foto de John Pratt/Características Keystone/Getty Images)

Noviembre de 1958: Filósofo, matemático y autor galés Bertrand Russell (1872 – 1970) en su casa de Gales. (Foto de John Pratt/Características Keystone/Getty Images). John Pratt – Hulton Archive

Perteneció a una de las familias más aristocráticas del Reino Unido; de hecho, fue el tercer conde de Russell. Él y su hermano quedaron huérfanos en la infancia y crecieron con sus abuelos paternos en una residencia de la Corona británica. Mientras lady Russell intentaba inculcarle estrictas ideas morales (sin éxito, si se tiene en cuenta su obra posterior), el joven Bertrand se refugiaba en la biblioteca de su abuelo, donde leía historia y literatura (su escritor favorito era Joseph Conrad). Estu­dió matemática en el Trinity College, en Cambridge, y tuvo como profesores a Henry Sidgwick, James Ward y Alfred Whitehead, con quien escribió Principia Mathematica. Su padrino había sido el influyente filósofo liberal John Stuart Mill. Además de la matemática, se interesó desde la juventud en la filosofía. Fue amigo de George Edward Moore y profesor de Ludwig Wittgenstein, que más tarde opinó que Russell debía abandonar la filosofía moral.

Tres títulos de Russell: "El poder en los hombres y en los pueblos", "Fundamentos de filosofía" e "Investigación sobre el significado y la verdad"

Tres títulos de Russell: «El poder en los hombres y en los pueblos», «Fundamentos de filosofía» e «Investigación sobre el significado y la verdad». Archivo

Dio clases en universidades y cientos de conferencias (la mayoría de estas se publicaron en colecciones de ensayos); viajó por Alemania, Rusia -donde, luego de conocer a V. I. Lenin, que le pareció un fanático, puso punto final a sus simpatías por la Revolución rusa, como cuenta en Viaje a la revolución. Práctica y teoría del bolchevismo y otros escritos-, China (sobre la que escribió en El problema de China), Estados Unidos y Japón. Contrajo matrimonio cuatro veces y tuvo tres hijos.

Muy pronto dejó atrás la filosofía idealista (kantiana y hegeliana) para adoptar una perspectiva realista y analítica. “La filosofía por la cual abogo es considerada generalmente una especie de realismo, y ha sido acu­sada de inconsistencia a causa de los elementos que hay en ella y que parecen contrarios a tal doctrina -sostuvo-. […] Consi­dero que la lógica es lo fundamental en la fi­losofía, y que las escuelas deberían caracterizarse por su lógica más que por su meta­física”. Abordó de modo empírico las cuestiones epistemológicas.

Russell no “se casó” con ninguna teoría y su pensamiento adoptó distintas formas. “La evolución filosófica de Russell es bas­tante compleja -dictaminó el filósofo español José Ferrater Mora-. Sin embargo, esta compleji­dad no hace totalmente imposible, como algu­nos críticos suponen, bosquejar algunas líneas principales de la filosofía del autor. Por una parte, por debajo de los cambios de posiciones hay una actitud constante que se refleja en ciertas preferencias y métodos (y, desde luego, en cierto lenguaje). Por otro lado, los cambios no son debidos, en la mayor parte de los casos, a giros bruscos, sino a la necesidad de salir de vías muertas o excesivamente con­gestionadas”. Su obra influyó en diversas áreas: matemática, lógica, teoría de conjuntos, inteligencia artificial, ciencia cognitiva, informática, filosofía del lenguaje, epistemología, metafísica, ética y política. Pensadores como Karl Popper, Rudolph Carnap, David Chalmers, Thomas Nagel, Peter Strawson y Mario Bunge reconocieron su deuda con los aportes de Russell.

“Fue un filósofo y un lógico importantísimo en su época -dice el filósofo Diego Tajer a LA NACIÓN-. En su juventud, la llamada ‘paradoja de Russell’ cambió la historia de la lógica, porque impulsó el desarrollo de la teoría de conjuntos moderna. Contribuyó a este proyecto con su extenso libro Principia Mathematica, coescrito con Whitehead. En sus muchos libros, Russell también discutió sobre casi todos los temas propiamente filosóficos, como la naturaleza del lenguaje, el conocimiento, la ética y la identidad. Gran parte de su obra se basa en el atomismo lógico, una visión del mundo según la cual los objetos están constituidos por átomos relacionados lógicamente entre sí. Asimismo, defendió la visión realista clásica, de un mundo real existente e independiente de nosotros, contra los distintos tipos de relativismo. Y más allá de su obra, el mayor impacto de Russell fue en su estilo frío y centrado en los argumentos. Como tal, se lo suele considerar el padre de lo que hoy llamamos ‘filosofía analítica’”.

Tenía un estilo literario envidiable en el que el ingenio daba lugar a la ironía y el sarcasmo. “Continuamente me hacen esa pregunta sobre el libro que yo llevaría a la isla desierta; un lugar común del periodismo -dijo Jorge Luis Borges, en diálogo con Osvaldo Ferrari-. Bueno, he empezado contestando que llevaría una enciclopedia, pero no sé si me permiten llevar diez o doce volúmenes, creo que no. Entonces, he optado por la Historia de la filosofía occidental de Bertrand Russell, que quizá sería el libro que yo llevaría a la isla… pero, claro, para eso me falta la isla, y me falta la vista también, ¿no?”. En Otras inquisiciones, Borges escribió sobre una colección de ensayos de Russell, Let the People Think. Coincidía con el filósofo en que el siglo XX, a diferencia del XVIII, era “antirracional”.

Russell apoyó el sufragio femenino, criticó la moral victoriana, el estalinismo y la segregación racial y, aunque fue pacifista, apoyó la guerra contra el nazismo. Su activismo en contra de la participación del Reino Unido en la Primera Guerra Mundial lo llevó a la cárcel, adonde volvería en 1961 por manifestar su desacuerdo con el desarrollo de armas nucleares. En 1955 había dado a conocer el Manifiesto Russell-Einstein, escrito por él y apoyado por Albert Einstein y otros científicos e intelectuales, donde se denunciaba la peligrosidad de la proliferación del armamento nuclear.

Se definía como un liberal de izquierda, que evitaba tanto el optimismo utópico como el pesimismo tradicionalista. “Tres pasiones, simples pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad -escribió en su recomendable Autobiografía-. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de aquí a allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación”.

En 1967, cuando ya era un intelectual reconocido en todo el mundo, hizo un cameo en la película Aman, del director indio Mohan Kumar. La película está protagonizada por un joven indio que acaba de recibir su título de médico en Londres y quiere viajar a Japón para ayudar a las víctimas de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki; antes de emprender el viaje, recibe la “bendición” del filósofo. Russell murió el 2 de febrero a los 97 años en la localidad galesa de Gwynedd, en brazos de su cuarta esposa, la escritora estadounidense Edith Finch.

Imagen de portada: El filósofo, escritor y matemático galés Bertrand Russell nació hace 150 años.

FUENTE RESPONSABLE: La Nación. República Argentina. Por Daniel Gigena. Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Filosofía/Arte/Pensamiento/Premio Nobel/Libros

 

 

 

 

 

¿La Inteligencia Artificial llegará a ser más inteligente que el ser humano?

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Hay quienes hablan de cómo la tecnología podría reemplazar al hombre y eliminar puestos de trabajo. Pero lo que realmente existe hoy son herramientas que permiten escalar las posibilidades humanas y aprovechar mejor los tiempos. Expertos se dividen, en esta nota, sobre los avances de la IA y cuán lejos podría llegar.

A lo largo de la historia, distintos pensadores han planteado la problemática. Marx, Benjamin o Joseph Beuys se han acercado al cómo el arte, a fin de cuentas, es una manifestación realizada por la raza humana. Sea cuál sea el periodo, es el hombre el que está detrás de ello junto a sus herramientas.

Ahora, saltan las dudas cuando los avances tecnológicos derivan en inventos que permiten a la inteligencia artificial (IA) ser “autora” de sus propias manifestaciones. Pinturas, imágenes diversas o composición de canciones, y que antes eran exclusivas de nuestra especie. ¿Podrá la tecnología, en algún momento, reemplazar al ser humano y ser más inteligente?

Pero, antes que todo, ¿la gente comprende qué es la IA? De acuerdo a “Opiniones globales y expectativas sobre la inteligencia artificial”, una encuesta Ipsos Global Advisor y que se realizó en unos 28 países, el 76% de la población de Chile tiene buena comprensión sobre lo que es la IA. De hecho, el 70% de los encuestados afirmó que los artículos que utilizan este tipo de herramientas les facilitan la vida y el 67% estima que estos productos cambiarán profundamente su día a día en los próximos 3 a 5 años. Eso sí, solo el 59% sabe qué tipo de servicios usan la inteligencia artificial y el 58% dijo que su vida ya cambió profundamente con la implementación de estos aparatos.

Y es que hoy día gran parte de los productos en el mercado afirma tener “inteligencia artificial”, pero pocos especifican a qué se refieren cuando ocupan el término. Sensores de movimiento, de iluminación, o los mismos teléfonos inteligentes. Pero también lo hacen los servicios en la nube, como Amazon AWS, o las plataformas de e-commerce, para así generar búsquedas y ofertas más personalizadas para los usuarios.

Eric Goles, matemático y Premio Nacional de Ciencias Exactas en 1993, prefiere no llamarla “Inteligencia Artificial”, sino mecánica. Cuando se habla de este tipo de tecnología, se apunta principalmente a un tipo de productos o servicios que están dotadas por softwares, muy específicos y que están programadas para cumplir con una determinada tarea. “Un conjunto de instrucciones”, resume.

Eric Goles se refiere a la inteligencia artificial como aparatos que incluyen en su programación un conjunto de instrucciones. Básicamente, códigos computacionales, con principios para aprender a partir de ejemplos.

¿Cuántos de estos tipos de inteligencia existen? Eso va a depender, pero están en constante expansión. “Y va a depender del sector que se hable”, plantea Goles, autor de “Una especie de zumbido en la cabeza, desde la matemática a la Inteligencia Artificial”. Las hay aquellas que reconocen rostros y, de acuerdo a una serie de patrones previamente ingresados, podrán concretar alguna acción, como abrir una puerta o iniciar sesión en un equipo. Pero esas son unas pocas, ante un espectro que se amplia día a día.

“El jardín de aplicaciones de estos códigos y programas que aprenden es enorme. ¿Por qué nos sorprende? En general, como seres humanos, pensábamos que cierto modo de razonar era específico de los otros seres orgánicos, hechos de células. Y se ha demostrado que no es así. Porque del razonamiento, del ajedrez o de cualquier otro juego, las máquinas lo hacen tanto mejor que nosotros”, plantea Goles. Eso sí, agrega que a pesar de todos los avances que impliquen, siempre hay que tener en cuenta al creador.

 “Obviamente la tecnología, así como puede ayudar, también pueden producir cosas nefastas y existe una gran manipulación de bases de datos… Pero todas esas cosas somos nosotros, los seres humanos son quienes lo hacen y no la máquina, no es la Matrix independiente y con voluntad”, dice el autor de la reciente “Lady Byron: detective artificial”.

La sociedad que queremos

Pero la discusión se posiciona en distintos extremos. Están los diálogos filosóficos, tecnológicos y jurídicos, entre otros tantos. Y, al menos desde los orígenes de la tecnología y la propuesta de la IA, se espera llegar al fin último de la “Súper IA”, como algunos la denominan. Michelle Azuaje, doctora en Derecho y coordinadora del proyecto Inteligencia Artificial y Derecho de la Universidad Autónoma (UA), dice que en la actualidad las formas de IA que se pueden ver corresponden a un subcampo y tipo específico, y que algunos llaman “Débil” o “Estrecha”. “Se refiere a sistemas que están programados muy bien para hacer una tarea, y por eso nosotros también nos sorprendemos de lo que es capaz, porque nos supera en esa particularidad. Pero eso no es inteligencia, en el concepto estricto del término”, asegura.

“Si vamos a llegar a esa Súper Inteligencia o no, o si nos va a llegar a superar en algún momento, los mismos expertos en el área lo dudan”, propone la experta. Cita, además, el más reciente “One Hundred Year Study on Artificial Intelligence” (AI100), de la Universidad de Stanford. “Se evidencia que hay una tendencia no solo de la ciudadanía, sino de algunos sectores expertos, de sobredimensionar lo que es el sistema capaz de hacer y existe una percepción instalada de que es mucho más inteligente de lo que realmente es: lo que hay es una sobre expectativa futurista de lo que podría llegar a ser”, comenta.

Por ejemplo, argumenta, Kate Crawford, una reconocida investigadora de Microsoft y que es autora del “Atlas de la Inteligencia Artificial”, dice que “la IA no es ni tan inteligente ni artificial”. “Es de esas pocas en el ecosistema que no sobredimensionan las capacidades de los sistemas y asume que, en caso de llegar a alcanzar ese fin último, quedan unas cuantas décadas”, plantea. Eso sí, afirma que la opinión experta, al menos desde el punto de vista tecnológico, propone que no hay certezas al día de hoy que eso vaya a pasar.

Pero desde las leyes ya hay quienes se han cuestionado el tema. “Lo que se dice es que las decisiones, en el eventual que esto llegara a suceder, habría que tomarlas hoy, porque si permitimos que estos entes se instalen en nuestra vida cotidiana, que afecten a áreas tan sensibles como la salud, seguridad, la productividad, tenemos que prever qué tipo de legislación queremos y por qué”, explica Crawford. En ese sentido, asegura que se puede seguir teniendo una legislación que ponga al centro al ser humano, y en ese sentido puede que haya que poner cuotas. En el ámbito laboral, cuántos robots se van a contratar, cómo se compensará a aquellas personas que se dejó de contratar y eso podría ser una regulación desde el punto de vista laboral.

Con respecto a los seres humanos que se dejó de contratar, habrá que ver cómo protegerlos, darles seguridad social, entre otros puntos. Pero todos esos son supuestos todavía. “El derecho tiene que prever cómo preparamos a la gente para esa sociedad, hipotética en este momento, pero que podría involucrar por ejemplo, desde lo más civil, que ese entre inteligente tenga categoría jurídica de persona y pueda contraer derechos y obligaciones”, propone Azuaje. Menciona también cómo el derecho podría determinar si ese sistema inteligente puede y debe responder por aquellos daños que cause. Y recuerda una discusión que se inició a discutir en el Parlamento Europeo en 2016, de si se le concede o no personalidad jurídica a los robots.

Otro de los puntos que se ha discutido, esta vez más cercano a la vereda de la filosofía, es que si no se le llegase a conceder derechos a la IA, se estaría fomentando, en caso que llegasen a desarrollar conciencia, una nueva forma de esclavitud. “Pero esa discusión es un poco más avanzada”, plantea. “En la medida que esta tecnología invada el transporte, la salud, y distintos ámbitos como el laboral, y a medida que existan todas esas mismas ramas del derecho, tendrán que ser todas repensadas… Sobre todo en el escenario que tengamos a un sujeto con superiores capacidades a las nuestras, y corresponde al derecho definir qué sociedad queremos: ¿Una centrada en proteger a las personas humanas, o a las personas humanas en sus interacciones con otros sujetos, como el ente súper inteligente?”, desarrolla.

Trabajo complementario

En términos de IA, la parte artificial, según Álvaro Soto, cofundador de la startup Zippedi, es fácil de comprender porque está hecha por el humano. Pero lo difícil es la inteligencia. “Y hay algo paradójico, en el sentido que para el ser humano la inteligencia es como uno de sus grandes poderes secretos, pero no ha sido fácil entender dónde están los secretos de esa inteligencia”, propone el también director del Centro Nacional de Inteligencia Artificial.

“La inteligencia artificial, en su estado actual, nos ayuda en distintas áreas y abre una puerta inmensa para crear nuevos proyectos en diversos sectores, como la biología, astronomía, salud y otras”, plantea Soto, también jefe de programa del diplomado en Inteligencia Artificial de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con respecto a los temas sobre el posible reemplazo de la fuerza laboral, asegura que es importante comprender que la tecnología hoy no permite eso. “Hay estudios que se refieres al respecto y lo plantea, pero ignoran uno de los factores más relevantes: los trabajos humanos no son monotareas, sino que van desde lo más sencillo a lo más complicado, con múltiples deberes y eso es algo que no puede suplir una máquina”, afirma.

Y ejemplifica. Alguien que trabaje en una biblioteca o una tienda, tiene la capacidad de adaptarse si es que viene un usuario, si está lloviendo o nevando y otras situaciones. “La tecnología nos permite automatizar algunas de esas tareas en ese contexto, y se evidencia entonces, más que un reemplazo, un potenciamiento”, asegura. Y pone el propio caso de Zippedi. “Hacemos robots para el retail, que cada noche recorren unos 1,2 kms y revisan unos veinte mil productos, y que es algo imposible para el ser humano, y es esa parte de colaboración la que se vuelve relevante, en que la máquina te hace más productivo lo que tenemos ahora”, añade.

ZippediCon sus robots orientados al retail, Zippedi recorre los distintos pasillos de los grandes comercios durante la noche, para saber cuáles productos hay que reponer, entre otras cosas. Su rol permite que los funcionarios humanos puedan luego cumplir sus objetivos con mayor precisión y sin mayor pérdida de tiempo.

“La expectativa de la gente es que la IA, cuando interactúe con ella, se sienta tan inteligente como lo que uno podría esperar de un ser humano, y eso no se podría realizar con un sistema de inteligencia artificial hoy. No es algo que se vaya a ver en los próximos años. La expectativa está muy motivada por las películas y, si uno realmente mira al futuro, entiende que ese nivel tecnológico no está”, dice Soto. Entonces, ¿Llegará el momento en que la tecnología supere al hombre? “Hay que ver esto como el desarrollo de muchas tecnologías, y por eso tenemos que tener ciertos cuidados… Cuidados con que esa tecnología tenga un acceso masivo, que no sea algo de unos pocos; y lo segundo es que también puede ser utilizada de forma maliciosa, y hay que formar a la población en eso”, añade.

Para Eric Goles, “Superar” es un término relativo. “Podría ser… o podría ser que no la desarrolláramos nunca. Toda inteligencia animal, en muchos casos tiene conciencia de sí misma, pero eso tomó millones de años a través de evolución natural. La emanación de la mente, con propósito y voluntad, es un trabajo que no solo implica un sustrato biológico, sino que un sustrato que se ha hecho en una larguísima historia de éxitos y fracasos, y no es como predecir que mañana tendremos al lado una inteligencia peor o mejor. Es un camino largo en el que todo lo que hemos hecho, si bien es un progreso, es como subir una montaña muy alta”, dice el matemático.

Ante el avance de la tecnología, ¿Qué es lo propio del hombre? El propósito y la voluntad, que es lo que no tiene ninguna máquina. “¿Cuándo nos va a sorprender la máquina? Cuando, en medio de una partida de ajedrez o go, decida levantarse, dejarse de hacer eso y dedicarse a otra cosa. ‘Me dedicaré a meditar y a escribir poesía’. Nosotros tenemos propósitos cambiantes y voluntad. Ellas no”, cierra Goles.

Imagen de portada: Gentileza de La Tercera. República de Chile.

FUENTE RESPONSABLE. La Tercera. Chile. Por Martín Cifuentes Fuentes.Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Ciencia/Inteligencia Artificial/Tecnología

 

 

6 poemas de Mijaíl Kuzmín

Canciones de Alejandría fue la obra que hizo célebre a Mijaíl Kuzmín (1872-1936) en el panorama lírico ruso de la Edad de Plata. Aunque no estuvo exenta de polémicas, tanto por el contenido homoerótico como por las reminiscencias formales, que enseguida lanzaron a la crítica a establecer paralelismos con otras obras europeas similares, se puede decir que la opinión fue clara y unánime: el ciclo alejandrino de Kuzmín inauguraba algo insólito en la lírica rusa. Estas particularidades, tomadas del decadentismo francés y del gusto imperante por el orientalismo, convierten sus versos en una rareza literaria; un canto a la libertad con total ausencia de complejos y de culpas. Kuzmín describe el paraíso tal y como él se lo imagina, desde el anacronismo de mitos y culturas dispares, desde la valentía que exige lo prohibido y la sonoridad y el ritmo que la predominancia del verso libre, usado en la poesía rusa anterior en contadas ocasiones, da a la obra. Versos que celebran la belleza y la alegría desde la claridad y la fuerza de lo frágil.

Zenda adelanta seis poemas de la nueva edición del libro que publica Visor, con traducción de Dimas Prychyslyy.

***

IV

La gente ve casas y jardines

y el mar, purpúreo por el atardecer,

la gente ve gaviotas sobre las olas

y mujeres en las azoteas,

la gente ve guerreros con sus armaduras

y en las plazas, a los vendedores de empanadas,

la gente ve el sol y las estrellas,

arroyos y ríos cristalinos,

pero yo tan solo veo por todas partes

tus atezadas mejillas que palidecen,

esos ojos grises bajo las oscuras cejas

y la incomparable esbeltez de tu talle.

Así es como ven los ojos de los enamorados:

tan solo aquello que les ordena el sabio corazón.

***

VI

No en vano leímos a los teólogos

y tampoco estudiamos con los retóricos en balde,

sabemos el significado de cada palabra

y podemos interpretarlo todo de siete formas distintas.

Puedo encontrar cuatro virtudes en tu cuerpo,

y, por supuesto, también siete pecados;

con gusto aceptaré esa dicha suprema;

pero de todas las palabras tan solo dos son invariables:

cuando me hundo en tu gris mirada

y digo «te amo», cualquier retórico

entenderá «te amo», y nada más.

***

VII

Si yo fuera un antiguo comandante,

sometería Etiopía y a los persas,

destronaría al faraón,

me erigiría una pirámide

más alta que la de Keops

y sería

el más glorioso de los habitantes de Egipto.

Si yo fuera un ladrón muy astuto,

saquearía la sepultura de Micerino [2],

vendería las piedras a los judíos de Alejandría,

adquiriría innumerables tierras y molinos

y sería

el más rico de los habitantes de Egipto.

Si yo fuera un segundo Antínoo,

ahogado en el sagrado Nilo,

a todos volvería locos con mi belleza,

en vida me levantarían templos

y sería

el más poderoso de los habitantes de Egipto.

Si yo fuera un gran sabio,

derrocharía todo mi dinero,

rechazaría los cargos y las ocupaciones,

cuidaría los huertos ajenos

y sería

el más libre de los habitantes de Egipto.

Si yo fuera el último de tus esclavos,

me quedaría encerrado en un calabozo,

vería una vez o dos al año

el dorado adorno de tus sandalias

cuando por casualidad pasaras ante las mazmorras

y sería

el más feliz de los habitantes de Egipto.

——

[2] El autor se refiere a la pirámide de Menkaura, una de las tres grandes pirámides de Giza. (N. del T.).

***

IV

¿Acaso no es cierto

que en vinagre se deshacen las perlas,

que la verbena purifica el aire,

que es tierno el arrullo de las palomas?

¿Acaso no es cierto

que soy la primera de Alejandría

en cuanto al lujo de los tocados,

en cuanto al valor de los blancos caballos y sus plateados arneses,

en cuanto al largo de sus negras melenas con agudeza trenzadas?,

¿que nadie sabe

delinearse los ojos con más lujuria que yo,

ni contener en cada uno de sus dedos

un aroma distinto?

¿Acaso no es cierto

que, desde que te vi,

no veo nada más,

no oigo nada más,

no deseo nada más

que ver tus ojos

grises bajo esas pobladas cejas

y oír tu voz?

¿Acaso no es cierto

que yo misma te di un membrillo mordido,

te mandé a las más experimentadas de mis confidentes,

pagué tus deudas hasta

vender todas mis posesiones,

y todas mis joyas

ofrecí a cambio de las mieles del amor?

¿Y no es cierto

que todo fue en vano?

Supongamos que es verdad

que en vinagre se deshacen las perlas,

que la verbena purifica el aire,

que es tierno el arrullo de las palomas.

Pues ha de ser verdad,

ha de ser verdad

también

que algún día llegarás a amarme.

***

II

¿Qué se puede hacer

ante el carmesí de las nubes del ocaso

sobre el cielo verdoso,

cuando a tu diestra se divisa la luna naciente

y una enorme e hirsuta estrella,

mensajera de la noche,

palidece veloz

y se derrite

frente a tus ojos?

¿Qué hacer ante la ancha senda

entre los árboles —delante de los molinos

que un día tuve

y vendí para comprarte unos brazaletes—,

por la que vamos juntos

y se interrumpe tras la curva

frente a la acogedora

casa,

así, tan de repente?

¿No es cierto que mis versos

—para mí tan preciados

como para Calímaco

o para cualquier otro de los grandes los suyos—,

en los que vierto todo mi amor y mi ternura,

y los pensamientos livianos de los dioses

—alegría de mis despertares,

cuando el cielo está claro

y huele a jazmín en la ventana—

se olvidarán

mañana como todo?

¿Que dejaré de ver

tu rostro

y oír tu voz?

¿Que el vino se acabará,

que se evaporarán los aromas

y las telas más caras

serán polvo

en unos siglos?

¿Acaso dejaré de amar

estas delicadas cosas queridas

por su fragilidad?

***

¡Ay de mí! ¡Abandono Alejandría

y largo tiempo pasaré sin verla!

Recorreré Chipre, amada por la Diosa,

veré Tiro, Éfeso y Esmirna,

veré Atenas, sueño de mi juventud,

Corinto y la lejana Bizancio,

y la corona de todos mis deseos,

la meta de todas mis aspiraciones:

conoceré la grandiosa Roma.

Lo veré todo, todo lo veré, excepto a ti.

¡Ay!, he de abandonarte, dicha mía.

¡Largo tiempo pasaré sin verte!

Conoceré todo tipo de bellezas,

naufragare, hasta cansarme, en otras miradas,

besaré otros labios,

a otros rizos brindaré mis caricias

y otros nombres susurraré

a la espera de nuevas citas en otras arboledas.

Lo veré todo, todo lo veré, excepto a ti.

—————————————

Autor: Mijaíl Kuzmín. Traductor: Dimas Prychyslyy. Título: Canciones de Alejandría. Editorial: Visor. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

Imagen de portada: Portada de Canciones de Alejandría

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Editor: Arturo Pérez-Reverte.Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

La complicación de distinguir entre dónde creemos estar, dónde en realidad estamos y cómo nos movemos por el Universo.

Si es de tu interés profundizar en esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. Muchas gracias.

You Are Not Where You Think You Are

Kurzgesagt ha plasmado en un ejercicio de humildad cósmica las complicaciones de definir dónde nos parece estar, dónde en realidad estamos y cómo nos movemos por el universo. El viaje, resumido en 8 minutos de vídeo, comienza delante de nuestros ojos, pero se extiende más allá hasta la superficie de la Tierra, el Sistema Solar, nuestra Galaxia y más allá.

Todo esto tiene que ver con que aunque nos resulta cómodo utilizar el marco de referencia terrestre, algo práctico pero que distorsiona la realidad. 

La Tierra parece plana, pero es redonda (más o menos). Alguien viendo el panorama desde el otro lado del mundo, o desde la Luna, vería las cosas un poco diferentes. El concepto de «posición absoluta» es una mera invención humana, que resulta conveniente pero nada más.

Los movimientos de los planetas del Sistema Solar parecen muy regulares, pero también tienen muchos matices. El centro de masas del sistema Tierra-Luna no está en el centro de la Tierra, sino a unos 4.700 km. Las órbitas no son circulares como se creía antiguamente, sino elípticas como bien dijo Kepler. Y esas elipses varían con el tiempo, cada 100.000 años, así como su inclinación respecto al eje de la eclíptica.

El resultado es un movimiento más parecido al de las «tazas locas» de los parques de atracciones que una calculada y regular coreografía. Añádase que el Sistema Solar también está inclinado respecto al plano galáctico, al que damos vueltas cada 230 millones de años. Todas las estrellas están un poco a batiburrillo… y nosotros moviéndonos en una especie de hélice a miles de kilómetros por segundo respecto a… ¿qué, exactamente?

La grandeza del asunto, y es de donde viene la lección de humildad, es que a cada escala hay otro panorama más y más grande: cúmulos de galaxias, supercúmulos… Y mientras nosotros aquí, en nuestro pequeño rincón de un polvoriento planeta que orbita una estrella cualquiera en una remota esquina de una de las muchas galaxias.

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Imagen de portada: Gentileza de Microsiervos

FUENTE RESPONSABLE: Microsiervos. Por @alvy. Mayo 2022

Ciencia/Universo/Espacio/Tierra/Cosmos