¡Feliz cumpleaños, hijo!

Sábado caluroso y húmedo en Buenos Aires. Hoy es el cumpleaños de mi hijo menor Hernán y solo he podido llamarlo sin éxito o enviarle un chat deseándole con inmenso afecto, que tuviera un día fantástico. 
¿Estaré agotado por esta cuarentena y estaré perdiendo la cordura?
Un deseo que quizás pueda resultarle imposible de cumplir, pensando alrededor de la mesa con quien podrá estar. Ausentes también sus hermanos y sobrinos, con su madre seguramente, pero antes de seguir escribiendo volveré a intentar llamarlo y luego continuare con esto…
¡Genial! lo he logrado y hablado con él, no solo para volver a felicitarlo sino además para saber cómo andaban sus cosas. Y como todos, con sus complicaciones. Como profesional de educación física; paro obligatorio en el entrenamiento de particulares, en la colonia de adolescentes con capacidades diferentes y en el ámbito deportivo, ni que hablar. Pero bueno; no deja ser un obstáculo pero todo tiene solución, ya que tenemos el privilegio –gracias a Dios o al Universo- de que el entorno familiar mientras pueda, nos contiene en todos los sentidos. Lo pasara con su madre, pedirá un par de pizzas acompañadas de una buena cerveza. Le dije que el oso (yo), estaría a su lado; soplando la vela de la torta y que cuando esto pasara, le daría un abrazo con efecto retroactivo. No obstante, me ha quedado ese sabor amargo del desencuentro en fechas, que me han dado una inmensa satisfacción. Pero es lo que hay, como decimos aquí y no podemos hacer otra cosa. Cuidarnos es cuidar al otro, es nuestra obligación como ciudadanos.

Sera anécdota

Juntos crecimos, aprendimos
y el hoy nos encuentra unidos,
con tu latido y el mío
en este abrazo partido,
como si no quisiéramos
perdernos en este impensado caos.

No será posible perdernos,
hemos sobrevivido a tantas otras
circunstancias inesperadas que esto,
será solo una anécdota entre tantas
a recordar en los años por venir.

Lo adorable es poder deslizarnos
en nuestra piel, como siempre deseando
cada parte de nuestros cuerpos,
desde aquella vez mirando ese cielo
incrustado de estrellas y solo nuestro.

Todo lo intenso de nuestro amor
será inmensamente mayor,
cuando termine este aislamiento
y encontrara a aquellos jóvenes
en la piel de nuestros cuerpos,
más vehementes y amantes que antes.

Placidez

Es noche cerrada ya,
ningún ruido ni siquiera
el de mi propio respirar
pausado, llenándome con aire
los pulmones como aquel
que lo hace para sumergirse
en las olas rebeldes de los mares,
o como para tomar impulso
para arrojarme de un avión
junto a otros en acrobacia aérea
tomados de las manos.

Sueños que visualizados permiten
superar este ostracismo auto impuesto,
que me lleva a reflexionar lo ya vivido.

Como cual torbellino, recuerdos que vuelven
a mí, como capítulos del libro de mi vida.
Emociones, alegrías, tristezas, sorpresas,
un enjambre de sensaciones contrapuestas.

Y la felicidad de estar, para sacar de ellos
lo mejor y más auténtico de mi alma.
El amor adorable recibido
al igual que el brindado con pasión,
cualesquiera fuera el destinatario
que me da la placidez y sensación,
de estar junto a todos con quienes
he compartido cada etapa de mi vida,
sumergiéndonos juntos en ese mar
o tomándonos de las manos
en esa acrobacia de amor eterno.

Por nosotros…

Has visto, siempre aun en lo imprevisto
debemos ver el vaso medio lleno,
fíjate cuanto hace que mi mirada
no recorría tu cuerpo y verte descalza
caminando por nuestra casa.

Como nos deseamos ahora
jugando a lo que más nos gusta,
quien será de nosotros el primero 
en morder la manzana, de lo
que ya no es pecado.

Y a tus cuantos “te amo” 
que me has regalado,
respondí de igual manera, 
extasiados ambos como ayer 
cuando apostamos a convivir juntos.

Es como un reencuentro cuando jamás
nos hemos separado, pero aquello
ni siquiera era parecido a esto,
en donde hemos vuelto a mirarnos
como aquella vez primera, en que
caí bajo el embrujo de tus ojos negros.

Ven, acércate más. Sigamos bailando
hasta que las velas se apaguen
y las copas de vino, queden vacías.

Y luego, la manzana hará el resto…

Avanti Argentina

Ya me harte de los irracionales y displicentes argentinos; que no se solidarizan con los otros, ante una pandemia que ingresa sin pedir permiso a cualquier lugar del mundo en donde un infectado, arribe. Nuestra línea de bandera, ya ha traído en estos últimos días unos 20.000 argentinos varados en distintos puntos del planeta, y quedan aún 10.000 o más que han pedido ayuda para volver a la Argentina. Otros en el mundo siguen reclamando, cuando en realidad partieron ya declarada la cuarentena de manera irresponsable. La prioridad la tendrán los adultos mayores, las embarazadas y familias con niños. Los demás serán el “furgón de cola” por su irresponsabilidad.
Ahora lo más loco; son aquellos que en un numero de 30.000 personas y ya declarado el aislamiento de la población con “el quédate en casa”, se fueron de viaje en la última semana, desde el aeropuerto internacional de Ezeiza. Aeropuerto que según información extraoficial, se cerrara en la próxima semana.
O aquellos; que creen que la cuarentena es sinónimo de vacaciones y circulan creyéndose impunes, azorados cuando los detienen en un retén de control y sus automóviles quedan secuestrados y a ellos, “vivillos de cuarta” se les abre una causa penal.
Loable el desempeño del personal de Aerolíneas y la sincronización con los Ministerios de Salud y Seguridad. Loable el Ejército Argentino, que se ha comprometido por un lado a prepararse con Hospitales Móviles para adelantarse a lo que se viene y por el otro; a preparar a través de sus camiones especiales la comida y llevarla caliente, con la asistencia de cada Municipio a los más expuestos al hambre, aquellos que ya no tienen una changa (el cartonero, el albañil que ya no puede salir de su casa, el que vive el día a día) y les falta lo más esencial: la comida. Nuestro pueblo, históricamente se ha caracterizado por su solidaridad ante la tragedia. Pero las contradicciones están a la vista.
Durante toda la historia Argentina, los Gobiernos trabajaron duro para construir un pueblo ignorante. Y llego el día donde los mismos Gobiernos necesitan un pueblo inteligente, y ese pueblo inteligente no está. Sin embargo, no puedo aceptar esta frase; ya que la inteligencia nada tiene que ver con la racionalidad y el respeto al otro, para ser respetado. Mi solidaridad con todos aquellos que ven como otros, menosprecian la vida finita que tenemos. La denuncia de “esos trastornados”; se hace inevitable ante los organismos de control correspondientes.
Recuerda lo que hagas por ti, es cuidar al otro.

Quietud aparente

Engañosa quietud en las calles
displicencia en algunos, a quienes
no les interesa la otra gente.

Aislamiento en otros, que lo sufren
contra cara en otros que gozan haciendo
actividades para recuperar ese tiempo,
en que era de mayor valor, contemplar
que atropellarse en un mundo ciego.

Imbéciles que no les interesa el otro
como el que viajo con sospecha del virus 
desde la otra orilla, ejemplo de absurdo burgués
provocando que cuatrocientos pasajeros
se encuentren aislados, en un hotel del centro.

Como en estado de sitio, que me trae malos recuerdos
viviremos como podamos, porque esto recién comienza.
Estamos aun con temperaturas templadas,
a pesar de que el otoño ha comenzado.

No me sumo a todos aquellos que dicen,
que luego de que esto, la sociedad emergerá
con mayor solidaridad y misericordia,
por el solo hecho de que ni las guerras mundiales
o disruptivas regionales , nos han hecho cambiar.

Deseo con toda mi alma, equivocarme
por los que nos siguen, para regalarles
un mundo mejor, al caótico en que viven.