¿Y por qué no? Primera entrega

Recuerdas; hace sólo unos días escribí algo, que quien sabe denominé poema. Era en realidad una historia vieja, pero no por ello tan fuerte como para dejarla en el olvido. Fuimos pareja, amantes…hace…Sí más de 30 y aún más años. Fue mi infantil  y repentina picardía la que me llevó a buscarte en las redes sociales. Y no voy a negarte que siempre – ¿raro no? – te he recordado cada tanto.

Pero al contestarme, como lo hiciste tan tardíamente y así lo supuse, me dijiste sin decirlo “que te habías tomado más de cinco meses sabáticos; para preguntarte si valía la pena responderme”. ¿Habrá sido así como ahora lo pienso?

Seguramente, te preguntarías “después de tantos años – ¿qué quiere o que busca? –

Te soy sincero, deseaba volver a conocerte, a conversar contigo, después no sé. Lo que resulte.

Ha sido una obviedad que tomarás tus recaudos. Estas en pareja; él te ama y te cuida bien. Es lo que me dicen tus palabras que leo frente a un monitor, descubriéndote en tu perfil.

Yo en cambio, he amado intensamente pero quizás no lo suficiente. Por la simple razón, que ese amor se ha desgastado por la vida misma que uno le ha dado al otro y viceversa. El amor se desangra siempre por dos, jamás de a uno. Han sido difíciles los últimos años; las crisis han lastimado profundamente este matrimonio que se autodefinía monolítico. Los hijos que “siempre son prestados” en boca de mi santa madre; partieron.

Síndrome del “nido vacío”, quizás. Pero no. Mentira de psicólogo de diván. El amor no se muere, si dos no lo dejan morir de a poco. No lo dejan desangrar…

Me contestaste finalmente, pero ya era tarde. Carecía de sentido ya la respuesta para una desgraciada situación, por la que atravesaba un familiar cercano.

No obstante, respondiste y valore esa actitud franca y desinteresada. Y así una madrugada a las 3AM el sonido a burbujas del celular sobre mi mesa, me despertó con una más que burbujeante cascada de palabras, que por sí mismas deseaban tanto o igual que yo, retomar la presencia de ambos aun sin saber, quiénes ya éramos. Me diste la dirección de tu correo electrónico y luego de contarme sobre las razones que te alejaron de la ciudad, me dejaste cariños y un “buenas noches”. Ninguno de los dos en ese momento, sabía o realmente tenía conciencia en como seguiría este encuentro a la vez extraño y deseado, aparentemente…

Quise responderte…pero no, me contuve.

Como siempre estructurado y pensante. La contradicción hecha persona. Pero no pasaría mucho tiempo…

3 comentarios sobre “¿Y por qué no? Primera entrega

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