¿Nuestras raíces, de qué me estás hablando?

Primera Entrega

Me encuentro en un bar de Buenos Aires situado en el barrio de “Mataderos” –lejos de ser uno de los llamados “bares notables” y sobre la mesa el cortado en jarrito humeante que le pedí al “gaita” -apodo que le ponemos a todos los españoles que han llegado a nuestro país; cualquiera sea su región de origen- y que participaron con su enorme templanza y trabajo, como tantos otros europeos y latinoamericanos, a construir a esta Argentina tan nuestra y tan contradictoria a la vez.

Ahh…habrá alguno que preguntará “che; los argentinos no hicimos nada?”. 

Y a esos les contestaría -Eres nativo del país o eres de ascendencia foránea?-

Doble contra sencillo, que me respondería que sí. Foránea.

Y sí, mi viejo. 

Los verdaderos criollos en su mayoría -hombres, mujeres y niños- se transformaron hace tiempo en fertilizante de las tierras que les fueron arrebatadas y regaladas a los que se convertirían hace un par de siglos atrás, en las “ricas oligarquías patricias y terratenientes”.


Sí hasta el prestigioso Perito Moreno-el que esté libre de pecado; que tire la primera piedra-, mantenía en el sótano del Museo de Ciencias Naturales de la ciudad de La Plata, ciudad capital de la Provincia de Buenos Aires, cautivos y en servidumbre para sus propias “investigaciones”, a un número que los historiadores ubican entre 4 o 5 miembros de la comunidad tehuelche. Tal es así; que publicaciones del año 2007 fundamentadas en investigaciones realizadas por antropólogos y entre ellos el holandés Herman ten Kate ratificaron lo siguiente, que bien puede visitarse en

http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-283618-2015-10-12.html

“En 2006, durante un proceso de ampliación del Museo de La Plata, apareció detrás de una pared demolida el esqueleto de un hombre tehuelche con el cráneo fracturado por un golpe mortal. El hallazgo se sumó a la lista de incógnitas a resolver del grupo auto convocado de antropólogos Guías (Grupo Universitario de Investigación en Antropología Social), que desde ese año trabaja en la identificación y restitución de los restos de los pueblos originarios que conserva el museo desde la llamada Conquista del Desierto. Por aquella época, los últimos hombres y mujeres que resistieron la avanzada militar fueron masacrados y, los que no, tomados prisioneros. Por pedido del perito Francisco Moreno, algunos de ellos recalaron en los sótanos del museo, donde fueron estudiados como especímenes vivos antes de morir en circunstancias dudosas y ser destinados a la exhibición en las vitrinas. En diálogo con Página/12, el coordinador del Colectivo Guías, Fernando Pepe, devela la crueldad tras las buenas intenciones del perito Moreno y advierte sobre los reparos que aún existen frente a la revisión de una historia oficial que prefirió dejar oculta la cara más vergonzosa de sus protagonistas.”

Al reflexionar sobre esto; volvió a mi memoria una experiencia que me conmovió, cuando visite hace más de 20 años los “Valles Calchaquíes” y que surgió cuando visite la hermosa Quebrada de Humahuaca y su ciudad homónima. 

Corrían los años ´90 y caminaba por esas calles ancestrales y polvorientas; cruzándome con rostros curtidos por el viento y el sol de la puna. 

Llegue a las puertas del museo local y me recibió con tal cordialidad su Director; el Sr. Sixto Vázquez o simplemente “TOQO”; con la que agasajaba a cada visitante. Creí conocerlo desde siempre, su piel cobriza, su ropa de lino por las altas temperaturas, su postura erguida, sin demostrar soberbia alguna y un hablar pausado, que hacia más grata su conversación la que además resultaba tan creíble. Aquellas respuestas que  brindaba a mi necesidad de saber y conocer hasta el más mínimo detalle sobre los pueblos originarios de la zona, me hacían girar como un “trompo” y lograban cambiar “la historia” que los programas escolares nos habían inculcado desde la niñez, hasta los claustros universitarios. En definitiva, no hacía otra cosa que ratificar lo que yo ya suponía, desde la lectura de nuestra “historia argentina”.  

Me sentía un “porteño” –nativo de la Ciudad de Buenos Aires- un poco más ignorante  ante cada explicación que “TOQO” me brindaba. Repentinamente en el bar, recordé que me había regalado un libro de su autoría “IndioManual” en donde me conmovió su portada que contenía no solo un dialogo supuestamente entre un estanciero con una mujer y en que aquel, sostenía las riendas de un toro Campeón Aberdeen Angus o Hereford –dadas las cucardas que ostentaba-.

Me impacto mucho más el subsuelo.

Salí del bar y pensé – buscaré ese libro que debo tener en algún rincón de mi biblioteca- y haré una humilde tarea de investigación; para darle contenido a este título tan ostentoso que le pretendo dar a esto que sin pensarlo, denomine ¿Nuestras raíces, de que me están hablando?

Luego al llegar a casa; subí a la biblioteca y lo encontré no sin antes buscarlo con desmedida ansiedad; ya que no soy de aquellos que clasifican sus libros por tema, autor o cualquier otro “rotulo”, que se le podría ocurrir a todo bibliotecario “autodidacta”. En mi desorden, me siento vivo y además curioso. Cuando lo tuve frente a mí, ahí me convencí sobre la razón por la que la portada me había conmovido.

Quizás al lector, le suceda lo mismo. No lo sé. Pero resulta duro ver la imagen. Y por ello la corto y pego, para situarme en algo, que tendrá mucho que ver con esta historia.

Al ser la imagen de la tapa no muy clara, ya por el paso de los años es que para aquel que no logra visualizar la viñeta del dialogo, el denominado “estanciero” dice – Si Felisa…estas tierras son extraordinariamente productivas, pero no debemos olvidar que están abonadas por nuestra labor de años…-

Por debajo de la superficie de la llanura; un manto de cadáveres de los pueblos originarios de la Argentina.

¿Pero es tan así; nuestra historia?

Y aunque nos hagamos los distraídos, seguramente vamos a sentir vergüenza propia y ajena, con algunas breves reseñas que hace TOQO en su libro; en donde a mi parecer se subestima hasta en la Introducción de su libro, como pidiendo “disculpas” por la propuesta que hace sobre el indígena y presupone que despertará sonrisas o causará enojo, al decir que el indio no es igual al blanco, sino que el blanco es lo mismo que el indio.

Se dice asimismo; que no quiere plantear el tema de la civilización moribunda de los aborígenes, ni extenderse en lo que fueron; ni en la tenencia de las tierras. Su bibliografía expresa él mismo; ha sido escasa, limitada a las publicaciones que pudo haber obtenido en sus viajes o en los diarios y revistas que llegaron a su pueblo. Así formo la biblioteca del Instituto de Cultura Indígena, abierta en Humahuaca para todo público. El mismo, TOQO lo ha costeado y –sin necesidad, creo yo- asume la responsabilidad de todo lo que dice en él. Como creyendo que algún “colgado” podría cuestionarlo.

Autodefine a su obra como imperfecta y tosca –lo que me atrevo a contradecir- expresando que ha tratado de meterse en el “cuero” de sus hermanos matacos, tobas, chulupíes, pilagás, mapuches, etc. pero no para hablar por ellos.

Mis amigos lectores; caminaremos juntos por los senderos de la intolerancia y la brutalidad a la que han sido sometidos los pueblos originarios, ora bien en pos de la avaricia de los unos y de su evangelización por los otros.

Cuando en realidad desde los años más obscuros de nuestra historia, solemos indignarnos y llamar a las atrocidades cometidas “crímenes de lesa humanidad”; debemos tener el pleno convencimiento de que ello no es reciente; que data de siglos atrás y pretende continuar siendo ignorado por una excretable difusión en los medios de quienes “se colocan en condición de victimas y no de victimarios como lo son” y realizan en pos de sus propios intereses, asociaciones feudales y oligarcas, beneficio que les brinda la “ceguera” de las autoridades de la Nación y el silencio de la mayor parte de la población argentina.

No obstante, la realidad afirma que nosotros seguimos de generación en generación, siendo usurpadores o mejor dicho “descendientes foráneos con derecho a la tierra”.

Las conclusiones serán nuestras seguramente; después de cada una de las entregas.

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