¿Y por qué no?

Tercera entrega

Obviamente no cumplo años el 31 de octubre; pero traté de mentirte e ilusionarte de que tenías buena memoria. Te reiteré como borrar los escritos en el Messenger nuevamente.

Te comenté que mi signo zodiacal era Leo; pero solo atinaste a contestarme –“no me importó jamás el horóscopo”-

Me pediste que esperara, que en la provincia todo era más lento y agregaste un “júa júa” que en lo personal, me pareció muy autóctono del lugar en el que estabas. Continuaste diciéndome que no te interesaron jamás los horóscopos, continuaste con un “a qué me dedicaba”. Indudablemente, pensé como la mayoría de las mujeres – y detente féminas, hay excepciones – que pretendías saber todo lo que había sucedido en los últimos años o algo por el estilo.

Te respondí, diciéndote que en estos momento de mi vida, sólo hacía aquello que me daba placer y sin obligación alguna. De vez en cuando asesoro a empresas; viajo cuando puedo; escribo como un decidor autodidacta; me peleo tratando de hacer mi blog, no el desmañado sitio que es, sino algo más bonito para la vista de quién quiere o pretende sumergirse en él; disfruto de todo aquello pequeño o simple de la vida que no pude durante tantos años de mi juventud, finalice con un  “si me permites parafraseando a Julio Iglesias, pero a la inversa –“Me acordé de vivir”. 

Me dio la sensación que te encantó mi respuesta, y que si en algo nos parecíamos era en ese hermoso auto regalo que resulta el viajar y disfrutar de cada lugar; que uno visita y que nos permite “abrir nuestra cabeza” como decimos los argentinos a otras culturas y a otras gentes.

Si bien resultaba tedioso continuar escribiendo y no usar el micrófono de nuestros celulares; coincidimos en que hoy los jóvenes disfrutan mucho más el aquí y ahora. Concepción que compartimos; contrariando aquello incorporado en nuestra generación, que consistía en estudiar, conseguir un buen trabajo, para finalmente tener una vejez encantadoramente tranquila y sin sobresaltos. Y como ejemplo, te cité a que uno de mis hijos, el menor, ya había arrancado a sus 22 años con un recorrido que abarcó gran parte de Sudamérica, por un espacio de más de 5 meses y, ahora con sus 30; se encontraba en Europa, recorriéndola desde hacía casi dos meses.

Obvio, hospedándose en esos lugares en que la “buena gente” te aloja conociéndote primero de tus referencias y recorriendo a “full”–caminando, se entiende- cada ciudad, cada pueblo, cada caserío, todo aquello situado indistintamente en el llano, en una colina, en la montaña, en donde fuera… en que me imagino hinchará sus pulmones y exhalará una exclamación, diciéndose a sí mismo: “Como es posible Dios mío, que esté aquí y pueda ver tanta belleza”.

Me respondiste que habías tenido la suerte de viajar mucho –agradeciendo a Dios, dicho, sea de paso-, que concurrías a comer asiduamente esos tan ricos “asados” que suelen hacerse y además contenta con los paseos que hacías con tu mascota –una perra de compañía- que va contigo adonde vayas.

A ello, te comenté que, entonces, era una vulgar mentira, la información de los medios que dada la situación económica del país, había caído abruptamente el consumo de carne vacuna per cápita en la Argentina. Te reíste simbólicamente escribiendo ese “jua” “jua” tan tuyo, ya que obviamente no podía escuchar la carcajada.

La conversación me parecía, que siendo de madrugada se estaba haciendo algo “pesada” y te sugerí no sin antes decirte, que te veías bonita en las fotos que colgabas en Facebook; si querías jugar a las coincidencias diciéndonos los lugares que habíamos visitado en los últimos años, a lo que respondiste con una sinceridad encantadora:

-“¿Necesitas anteojos vos, yo aún no?” Y completaste… “aún yo no pude verte como estas ahora, pero me imagino.”-

A sabiendas de tu temor; y también porque ya habíamos intercambiado bastante te propuse que chateáramos o nos habláramos de martes a jueves; y en cuanto a mi aspecto físico te comente: – “Imagíname como un tipo calvo y entrador…con sus bemoles como todos. Perfecto es solo Dios. Y continúe dudando: “¿Pero vos ahora, como me imaginas?”-

Y respondiste de manera sorpresivamente halagadora:

-“Te imagino elegante como siempre, canoso,  con esa mirada a veces tierna, otras hielo y si te pareces a tu padre, seguramente con poco cabello, ji ji…-“Continuaste con un –“Bueno dale; juguemos…”

Y así comenzamos a escribir, de a uno por vez, que lugares habíamos visitado en éstos últimos años, coincidimos en igual número que los que no. Hicimos, cada uno de nosotros, algún comentario sobre que le había parecido tal lugar o tal otro.

Le comenté –“Sin darnos cuenta dimos una vuelta al mundo…como tomando unos mates y continúe: – “¿además es saber algo de nosotros. No?

En ese instante, hiciste la afirmación esperada:

–       “Si vos estás casado…”-

No lo había recibido, cuando te comentaba que contra lo que pensabas consideraba a la ciudad de Cartagena muy bonita y siendo la tierra de “Gabo”, más aún. Al recibirlo, te contesté quizás sin demasiada cortesía;

–       “Y qué; como el trasero. Y vos mejor, en pareja y felicísima…”-

–       “Por ahora la llevo, no me gusta que me invadan.”-

Percibí en esa respuesta, que lo que te unía a tu pareja era la necesidad de sortear la incomodidad, que muchas veces provoca la soledad. Por las dudas, te comenté –por sí la respuesta venía hacia mí orientada-, que no era mi intención invadirte y volví a reiterarte que en una de esas, lo más conveniente era  cada tanto enviarnos un correo, para saber cómo estábamos. Y a modo de despedida te escribí;

–      ” Un beso y feliz de conversar aunque sea de esta manera, contigo “-

Respondiste, no sin antes escribir que tenías una perra de raza toy negra y a la que la llamas Jaira –supongo por el femenino del cantautor Jairo-

–      ” Bueno, si…si…Besitos y contenta de haber paseado por tantos lugares contigo y retroceder en el tiempo; besos.”-

Al finalizar, aún me preguntaba sobre esta locura. Sería la consecuencia de una de las tantas crisis de mi matrimonio, en la que me encontraba lo que me alentó a esto, que consideraba ridículo. No tenía sentido, ya que lo único que recordaba de aquella etapa de mi vida, era lo bien que sexualmente habíamos funcionado como pareja; pero asimismo lo mal que la pasamos ambos por una relación  plena de desconfianza y con no pocos sinsabores.

Me sentí convencido, como hombre que hace un culto a la idiotez, que me había equivocado. Que sí realmente quería dejarme fluir, con una noche de copas por ahí y con alguien que me mintiera amor, ya estaba más que pagado. Decidí no chatear más con ella. No sería conveniente para ninguno de los dos.

Pasaron cuatro días…pensé –bueno, seguramente coincidió conmigo, en que esto no nos llevaría a nada.-

Fui al cuarto de baño, me cepillé los dientes y volví a mi habitación; en donde aún me esperaba mi teclado, para dar una respuesta relacionada a una consulta de uno de mis clientes. Eran ya las 1:12 de la madrugada, cuando ese sonido a burbuja vacío de silencio la habitación. Era ella…

–      ” ¿Despierto?”-

3 comentarios sobre “¿Y por qué no?

    1. Hola, te agradezco que lo escribo desde el sentimiento te movilizara. Solo te pido, que me disculpes y no dar lugar a la ansiedad. Es una historia rica en matices; que tiene su razón de ser en la vida misma. Cariños infinitos.

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