¿Y por qué no?

Cuarta entrega

Después del sobresalto; continúe leyendo tu mensaje:

-“Bueno, mejor. Porque así puedo escribir o bien dar una opinión acerca de lo que escribiste. Esto puede resultar para mí un gran desafío; ya que considero que una crítica o un comentario que realice, puede interpretarse mal, considerando que tu narrativa va dirigida a mí. Al leerlo, lo noto mucho más profundo de lo que creí en un primer momento; pero siempre has resultado una persona con mucha creatividad y liderazgo (¿?).  Y así, puedes utilizar tus habilidades y sumarle los talentos de los otros; como para narrar desde una maravillosa hasta una ominosa historia. Esa habilidad tan natural que tienes; hizo que leyera con profundidad y reflexionara sobre las cuestiones que bien planteas en “esa historia”. Es dulce, tierno al comienzo para luego pasar a que le robaron su inocencia en forma brutal. ¿Hablas quizás de la violación que sufrí? No deseo ser contradictoria, pero no lo comprendo y te pido disculpas por ser tan básica. Por eso, te pido por favor que saques desde tu alma si hablas de mi amor, o lo que pasaba dentro de ti.-“

Me di cuenta en ese mismo momento, que se refería a uno de mis poemas “El ladrón de sueños”.  Y no a la narración de “¿Y por qué no? “ 

Pero continúe leyendo.

“No pude contactarme contigo, porque he recibido a gente de Buenos Aires en casa y nos acostamos de madrugada.  Te propongo, si quieres, avisarte cuando, de día, puedo hablar más tranquila. No se sí tu puedes, pero deseo que nos mantengamos en contacto. Cariños”.

Respiré profundamente y me volví a preguntar: “¿para qué?”. Una de las tantas razones que mis pensamientos esgrimían… ¿No será, que en estos nuevos y repetidos momentos de crisis en mi matrimonio, buscaba una salida que como un laberinto no me permitía salir del mismo, jamás? ¿No creía que, si yo mismo me encontraba en nada valorado ni siquiera amado, eso me daba el derecho de lastimar a alguien? ¿Cuál es el motivo que puedo esgrimir a esta altura de mi vida; aferrarme a alguien que ya no es posible y no dejar de una buena vez, lo que resulta tóxico para ambos?

Había pasado un tiempo más que suficiente; para no responder o bien para bloquearla en mi celular. Pero no; no me pregunten. Una fuerza con más poder que la racionalidad, me hizo decirle a las 4 de la madrugada:

 “Aguardo tus tiempos y los respeto. Avísame, cuando lo desees. Sería hermoso comunicarnos sin temores ni ataduras. Uno es pleno, cuando se siente libre de decir lo que piensa. Cariños miles”.-

A las horas recibí un “like”; luego un “te aviso, cariños”, para finalmente “¿un te queda a las 17?”

Nuevamente, mi contradicción a flor de piel: -“Voy al médico. No sé si podrás después, Si no lo dejaremos cuando tus tiempos te lo permitan. Cariños”-

Debía estar loco de remate. Que sí, que no…como la párrala. ¿Con los años dicen que se gana en madurez, verdad? Bueno, no es mi caso parece.

Me contestó – “Te llamé antes para desearte suerte y bendiciones con tu salud. Cariños”.-

Le respondí con un “- Gracias de verdad. Cariños”-

Al volver del médico, estaba presuroso de comunicarme con ella y le escribí:

-“Siempre he pensado en ti, sobre las cosas buenas que tuvimos juntos; a pesar de que hubo un final por infinidad de causas; ya que siempre he pensado que en un matrimonio –lo que hoy, ya no se estila- siempre es de dos. Continúe diciéndole que ese poema que había leído – no tenía su razón de ser, en la terrible situación que había vivido siendo aún una niña-; si no que “el ladrón de sueños” relataba la tristeza de una adolescente que se había enamorado de la persona equivocada, la que con engaños robó su virginidad, para abandonarla luego. El mensaje para el lector –le expliqué- es que, a veces, no solo hay una segunda oportunidad, sino todas las que a uno puede depararle la propia vida; para no caer en un fondo tan obscuro, del que a veces no hay retorno. Continúe. El otro, que es un cuento corto, que denominé “La Culpa”, lo considero avieso sobre el alma y la consciencia humana” –

En ese momento di un giro inesperado del cual después me sorprendí, seguí escribiendo y le dije –“He estado reflexionando sobre cada una de tus palabras; y me pregunto si realmente eres feliz o ingresaste en una etapa mística-religiosa, a la que la mayoría de la gente en el algún momento se aviene”-

Proseguí. –  “Te preguntaras y sé que no tengo derecho alguno que motivos me llevan a pensar en ello. Es lo que percibo. Pero, obviamente, es sólo mi verdad, que bien puede no ser la tuya”. Y continúe (entrando en un pantano; del que sería cada vez más difícil de salir…) Te amé mucho y te he recordado siempre. No quise ni quiero invadirte. Solo soy – así ella me lo había aclarado – un hermano de la vida, que desea conversar contigo a 700 km. de distancia. ¿Es ser infiel esto? Percibo temor en vos y solo pienso que una persona no es propiedad de nadie. No te estoy invitando a algo que te afecte, o te lastime de manera alguna.”

Y dando otra poco creíble afirmación expresé “Por todo esto, me despido para bien tuyo, no sin ser sincero al decirte que si ingreso a tu página de Facebook, es sólo para saber si puedo percibir que eres realmente feliz. Muchos cariños y viví con plenitud tu vida. Adiós Susana, recuerda que lo que no podrás quitarme es el derecho a recordarte”.

Al finalizar, me dije a mi mismo que era un gran desgraciado. Si hasta el momento en que la contacté por una necesidad familiar; si bien era cierto que cada tanto a mi memoria arribaba, como recuerdo al fin de una etapa ya pérdida en el tiempo; que era lo que yo realmente buscaba con mi narrativa, entre emotiva y estúpida a la vez. Quien era yo, para meterme en su vida. Qué interés, con qué derecho. Sí hubiese sido al revés, seguramente conociéndome, habría estallado en feroz enojo. Reflexionaba y nada, buscando muy dentro de mí, las razones que estaban provocando toda esta situación. Pero nada. Era algo que me satisfacía hacerlo. ¿Pero bien, cuál o cuáles eran las razones? ¿Un juego en la madurez y en el momento de una nueva crisis? Me resultaba inconcebible.

No habían pasado dos horas y nuevamente el sonido metálico del celular, me trajo su mensaje.

 – “Mañana te llamo y hablamos; siento que así no podemos comunicarnos y para tu información, no me invadís. ¿Qué te dijo el médico? ¿Podrás contestarme, si quieres o no, por aquí ahora?”-

Le respondí “era de rutina nomás, nada importante. Gracias por preguntar. Para qué quieres hablar. Creo que he sido claro. Me dirás idiota, pero a esta altura, expreso lo que pienso, sin filtro. Te deseo lo mejor. Adiós”-

Y dijo –“Bueno. Adiós, como quieras. Cariño”.-

¿Ese hubiera sido el cierre deseado, verdad? Era un 20 de octubre. Que mejor haber terminado algo que ni siquiera se había reiniciado. Para que fantasear o molestar al otro, con recuerdos de una vida pasada, que ya no podía volver. Aún hoy, sigo preguntándome la razón por la cual a los tres días y de madrugada, le envíe mi poema “Infierno y cielo”.

Busqué un pretexto, es cierto

para saber de ti;

después de tantos años.

 

Sentarme y pulsar

sólo una tecla

y ponerme a buscar

ansioso, donde estarías,

si en realidad te encontraría.

 

Mientras tanto, recordaba

aquel nuestro matrimonio

fugaz, también quizás

pasional y prematuro

de jóvenes inmaduros.

 

Recordaba tu piel

tus senos, tu cintura

el estremecer de tus caderas;

mientras jugábamos

bajo las sábanas

uniendo nuestros labios

en decenas de besos salvajes,

que de solo pensarlo

me provoca

una no poca nostalgia

de aquel tiempo

de furia y arrebato.

 

Recordaba

cuando de madrugada

me despertabas como siempre,

con ese deseo tuyo tan voraz

que no teniendo freno

cabalgabas sobre mí,

como jamás nadie

ni siquiera lo ha igualado.

 

De pronto, apareciste,

sí eras tú, en la pantalla.

 

Mantienes, aún

esa mirada altiva,

pero la mansedumbre de tu rostro

como a mí, percibo

que con los años te ha llegado.

 

Te mandé un mensaje;

no me atrevía a solicitar

tu amistad; sonaría ridículo.

 

Dejé pasar un tiempo,

envíe el segundo, el tercero

con igual resultado, silencio.

 

Por esas cosas de la vida,

necesité un contacto

para irónicamente

tratar de salvar una vida.

 

En abril, realicé

mi cuarto intento.

Silencio nuevamente

pero hasta ayer, octubre,

en que el sonido a burbuja

golpeó en mi celular.

 

Eras tu; a la distancia.

Sé de tu vida, sé que eres

“feliz” o dices serlo,

lo curioseé en las redes

si te interesa saberlo.

 

Pero me respondiste

Y mejor aún; trataste de ayudarme.

Me sorprendiste, de verás

al leerte sin rencores.

 

Y no en vano

después de treinta años;

me llamaste “hermano de la vida”.

 

Fuimos amantes furiosos

y al mismo tiempo

dos que no aprobaron la asignatura

de matrimonio unido

“hasta que la muerte los separe”.

 

¿Pero qué va, no te parece?

Sí aún puedo,

aunque más no sea,

en mi caso recordarte

con una pasión tan mía

que sólo un hipócrita, negaría.

Su respuesta no tardó en llegar –“Hola. Sé que siempre te expresaste sin filtros, pero no creo merecerme que de repente y habiendo querido tu relacionarte conmigo, termines diciéndome para que hablar y tras ello, solo adiós. Me dejaste atónita y pensé que no habías cambiado nada. Pero disculpa; también quería decirte que si ingrese en un delirio místico, es cierto y lo reconozco. Pero sabes Jorge, cuando una toca fondo la única manera de salvarse es recurrir a Dios y aferrarse al Espíritu Santo, y así ha sido luego del accidente que ya te comenté. Y para mi es agradecimiento por cada día, que El me regala. Y no es por esnobismo.” 

Se notaba que tenía muchas cosas dentro, para que vieran la luz; “El otro punto es ¿por qué debo guardarte rencor? No sé lo que significa esa palabra en mi corazón, cuando de verdad uno siente amor. A veces no comprendía tu carácter un poco díscolo y el mío jaranero. Y vos, que me tratabas como una nena a veces y en otras como una mujer. Te tocó en suerte, una mujer abusada de niña, que trataba de ser mujer y debes recordar que no querías que quedara embarazada. No obstante, quede encinta pero no lo supe hasta que me golpearon los de Coordinación Federal en casa en la década de los 70. ¿Lo recordás? ¿Y cuando fui a la Clínica por los golpes? Además de curarme, me hicieron un degrado y les comente a los médicos, que era porque estaba embarazada de tres meses. O sea que podríamos haber sido papás. Había cosas que no permitías que te hablara. Pero te amaba, como nadie te había amado. Creí que yo había sido tu primer amor, pero ahora leyendo tus cosas, me entero que no. Sí, también, recuerdo nuestras dulces relaciones y apasionadas. Agradezco la paciencia que me tuviste, hasta que me solté. Ahora con más experiencia, tendrías que pedir auxilio. Je. Je. Recuerdo también el motivo por el cual nos separamos. Fue por consejo de tu médico, por una carta que escribiste en la que decías que eras el último eslabón de una triste cadena y que por ello, atacabas a quien más amabas. Lloré mucho, te amé mucho y no poder seguir a tu lado, cuidándote fue algo que me marco mucho. Sé también que vos me marcaste el camino, me conectaste con gente conocida para que obtuviera un trabajo digno, lo que me obligó a superarme y comencé a estudiar, superándome día a día. A partir de allí, es que siempre creí y creo aún, que una palabra de amor, una sonrisa, puede curar. Que una palabra alegre puede iluminar tu día. Aprendí a escuchar al otro y ser más generosa. Fui creciendo como persona, mejorando en mi relación  con los demás y sobre todo, orando por los que necesitan. Ser amable no cuesta nada y vale mucho para el otro. Podemos vos y yo, tener una relación hermosa; pero pensando antes de decir algo que pueda herir los sentimientos del otro, ¿no te parece? Fue una etapa de nuestra juventud, hermosa. Casualmente ayer miraba unas fotos de Pepsi; cuando trabajamos juntos y allí nos conocimos, y en una de ellas le dabas un beso a la mejilla a Teston. ¿Lo recordás?  Los años pasan para todos, pero yo soy como el vino, cuando más añejo mejor. Una arruguita mas es una experiencia más de vida. Me parece que he hablado, o mejor dicho “escrito mucho” y tú dirás que no pregunté nada de vos, pero respeto que te des la posibilidad de que quieras o puedas hablar; como lo estoy haciendo yo…”

Leer todo esto, me dejó realmente perplejo y confundido. Ahí me dije a mi mismo, como sucede en la historia, como es posible que dos personas que han vivido en común durante algunos años, puedan tener una realidad totalmente diferente una de la otra. Y este era el caso. ¿Pueden los años, quizás, jugarnos una mala pasada y deformar los hechos de nuestra vida de manera tal, que siempre nos victimicemos? ¿O es algo humano y racional, que en la puja sobre los recuerdos positivos o negativos; nuestro subconsciente sutilmente los disfrace a nuestro beneficio?

No podía; mejor dicho, no debía dejar de contestarle…

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