¿ Y por qué no?

Quinta entrega

Habían pasado trece horas. Pensé durante todo ese tiempo, que ambos nos merecíamos “un baño de verdad” o bien porque no soy quien para juzgar a nadie –solo El o el que desees lector, puede hacerlo- y evitar tener que decirle que no eran totalmente reales sus comentarios, me esmeré en memorizar aquello que tantos años atrás había sucedido.

Comencé escribiéndole, diciéndole que no se sintiera molesta por lo que le escribía, no sin antes advertirle por razones obvias y que hacían a su seguridad (¿?)  que prefería que nos comunicáramos por Messenger o el WhatsApp. Le aclaré –como si tuviera necesidad alguna- que en mí no existía la intención de que fuera infiel (salvo que como en ciencia ficción, elimináramos por una inteligencia artificial desconocida los 700 kms. que nos separan- sino relacionarnos como dos personas que se tienen afecto y como ella misma me había dicho, en el hoy somos “hermanos de la vida”. Así le redondeé, que era nada más que eso.

Continúe diciéndole que me preocupaba el temor que se deslizaba en sus comentarios en el chat, cuando jamás la conocí como una persona temerosa (obviamente, con los años uno puede cambiar). Respetaba su posición y sus razones. Le volví a reiterar mis disculpas por aquello desafortunado que le había dicho en cuanto a su “misticismo religioso”; sin saber por lo que había atravesado. Por ello le aclaré, que al ignorante se le enseña lo que no sabe o bien se le dice lo que ha sucedido (no va coma) para que ya no ignore. Finalicé ese tramo, diciéndole que me alegraba mucho que hubiera superado ese trance en su salud y le respondí lo que quería saber de mí: que me consideraba un hombre de fe y que me había acercado a Dios a mis 50; por una serie de contratiempos que tuve de salud, de los cuales salí casi milagrosamente, en distintas etapas de mi vida. No obstante, en el hoy, con Dios a mi lado, me sentía un ser positivo, al margen de las “nanas” que los años van produciendo en el físico.

Hice un paréntesis –ya que venía el baño de verdad (según lo que sólo yo pensaba)- y comencé diciéndole: – No voy a discutir contigo, porque hemos ignorado nuestras vidas durante mucho tiempo y a veces construimos nuestros recuerdos como lo deseamos, y no como se produjeron en la realidad. Y esto no es mentirnos, ni mentir al otro; sóo fijar una posición -.

Y proseguí: -¿Qué podíamos vos o yo saber de lo sucedido en nuestras vidas en todos estos años?- Entiendo ahora tu cercanía de fe. Y me reconforta. Mis recuerdos me llevan a decirte que jamás desee que no quedaras embarazada. Por el contrario; realizamos varios tratamientos con un especialista y por tres veces, quedaste embarazada pero los perdías a los dos meses. Quizás fue aquella brutalidad que sufriste siendo niña, no lo sé. Pero lo que sé, es que ambos sufrimos mucho. Le reitere; vuelvo a decirte que solo son como “flashes” en mi memoria y solo es mi verdad; y mi memoria seguramente no puede ser la tuya.

“Creo con todo respeto, lo que recuerdas es difuso y quizás por lo traumático de los hechos en sí que nos tocó vivir; cada uno lo procesa a su manera. No tenemos sosias en este mundo”.

“¿Todos somos diferentes, no?”

Continúe escribiendo como si los terribles episodios vividos hace tanto tiempo, se repitieran. Recuerdo amargamente cuando en el departamento que se encontraba por un pasillo al fondo de la casa que habitábamos –en aquel momento (década de los ´70 me encontraba amenazado de muerte)- y por error en lugar de allanar aquel, lo hicieron en nuestra casa fuerzas de seguridad y de “las otras”, y según supe, luego, te pusieron contra la pared con una itaka en la cabeza, preguntándote a los gritos, los energúmenos, donde teníamos las “bombas”. Revolvieron y tiraron todo lo que encontraron a su paso, hasta que uno de los que estaba en ese operativo fue al patio que estaba al fondo de la casa, y viendo por la medianera que separaba el departamento aquel, grito “che, me parece que nos equivocamos; es acá atrás”.

Recuerdas “y ahí atrás” alquilaban dos muchachos de Rosario, que decían que estudiaban en la Universidad Tecnológica. Los fines de semana; jóvenes de ambos sexos los visitaban, pero jamás presentimos ni nos dimos cuenta de nada, hasta ese día que nos marcó para siempre.

Recuerdo que ese día, cuando llegaba caminando a casa, después de salir de mi trabajo, los vecinos que vivían enfrente me hicieron señas desesperadas, para que me acercara a ellos. Sorprendido y no sabiendo que pasaba, me acerqué y no bien lo hice, me hicieron pasar a su casa. Al ingresar, visiblemente nerviosos, me comentaron lo que estaba pasando y que me habían llamado, por temor a que los militares me confundieran y me “limpiaran”. Pero vos estabas en casa; y yo, quizás, por la propia inconsciencia de la edad, me dirigí a casa y me presenté con mi conocida cara de “culo”, cuando estaba atravesado.

Esa cara, fue la carta de presentación ante los milicos o supuestos milicos y cuando te vi, te abracé para contenerte y lloraste amargamente sobre mi pecho. Luego vi el desastre que habían cometido, todas las cosas tiradas en el piso, los libros de Julio Cortázar y otros autores que solía leer, todo era un caos. En aquel entonces, tenía contactos en Coordinación Federal y cuando lo llamé al petiso y gordo –al que en ese momento lo hubiera cagado a trompadas- , a cargo del operativo y dándole respuesta negativa a su pregunta de si teníamos teléfono; a los gritos le dije que haría la denuncia y que tenía contactos a los que les elevaría todo lo sucedido. El tipo, me miró y sonrió acercándose y hablándome al oído, me susurro -“Escúcheme, acá no pasó nada, me entiende o ¿es necesario que se lo repita de otra manera?”-

Me mordí la bronca y vos bien sabes que en aquel entonces, me enfurecía por cualquier cosa que me resultará injusta, y pensando que en ese mismo momento vos y yo “podíamos ser boleta” (muertos, como tantos otros NN), afloje la mano y me contuve por nuestro propio bien.

Sigo recordando, aún, la llegada del camión antiexplosivos y a uno de los muchachos que alquilaban, que cuando se lo llevaban esposado gritaba con desesperación: “Soy Héctor Luis Monet, no se olviden de mi”-

Luego de aquello; y por otras razones la convivencia se tornó cada vez más difícil. Hasta que un día, decidiste irte a la casa de una pareja amiga por una semana, para darme tiempo, ya que te decía que nos separaríamos. A los tres días, volviste a aparecer, colocándote en víctima y diciéndome que me fuera. Te tiraste al piso, como tantas otras veces y esa vez no te creí. Así te levantaste y me pediste que siguiéramos juntos y sólo atiné a responderte, que tuvieras dignidad por vos misma.

-“Ahora que, recuerdo hacía poco tiempo que había fallecido mi padre y me sentía realmente mal. Fue en ese momento, que me recomendaste ir a un psicólogo conocido tuyo –jamás había hecho terapia- el que a los tres meses, luego de seguir al pie de la letra, “la teoría psicoanalítica freudiana”, terminó convenciéndome que lo mejor que podía hacer; era separarme de vos. A esto se le dice: causa-efecto-“

Se puede decir, ya que no escuchabas razón alguna, que un día salí antes del trabajo y poniendo unas pocas cosas en el auto hui como un criminal, ya que no me dejabas otra opción. Viví solo, unos cuantos meses. Me enteré también, que fuiste a la casa de mi madre, que hablaste con mis hermanas y con todo aquel que nos conocía a ambos. Dijiste muchas cosas, y algunas no tan buenas. Pero, no dejo de comprenderte.

Al tiempo, volvimos a vernos cada uno con su nueva vida. Pero la atracción sexual era la misma. Te ayudé económicamente durante un año; a pesar de que trabajabas. Y nos veíamos con frecuencia. Cuando falleció tu madre; fuimos en mi auto y te acompañé en ese triste momento, reencontrándome con tu padre; “un tipazo” de aquellos, que recuerdo siempre.

Cuando me escribiste en el chat, expresaste que yo te maltrataba. Y eso me dolió, ya que bien sabes que odio a todo aquel, que abusa de una mujer. Quizás, sí, tuvimos discusiones fuertes, para que negarlo – debes recordar que en aquella época, eras más que celosa- y yo, a fuerza de sincero tampoco –“ningún santurrón.-“

Continúe escribiéndole. Ahora que recuerdo era yo, quien por tener más tiempo; ya que ambos trabajábamos, mantenía la casa, cocinaba, etc., etc.; lo que ahora me causa gracia. Hoy, hombres así no se consiguen. Me decís que vos no fuiste mi primer amor y es cierto; como yo tampoco sería el tuyo. Nos amamos sin censura y apasionadamente. Y porque, ahora; no podemos  ser simplemente “amigos íntimos de la vida en un reencuentro solo platónico a través de una distancia de más de 700 kilómetros”, con quien compartir o tener un oído más que nos escuche. ¿No?

Me despedí escribiéndote –“Cariños…y si, como decís ahora que estás más añeja…como yo… seguramente tendrás el mismo bouquet exquisito de siempre”-

No me respondiste, deberías estar leyendo y asimilando mi maratónico escrito… pero seguramente en su momento lo harás…

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