¿Nuestras raíces, de qué me estás hablando?

3ra. Entrega

Llueve desde la mañana; y hace ya varios días en que no me atrevo a seguir esta pequeña narración, basada en un encuentro hace ya más de dos décadas que tuviera con un descendiente de los pueblos originarios de nuestro país.

Las razones, y pido disculpas por mi ignorancia, es que no puedo ni debo escribir ello con tal liviandad, porque estaría ofendiendo la memoria de todos aquellos que sin distinción de etnias, sexo y edad, fueron masacrados sistemáticamente en la Argentina, por las clases dominantes con la complicidad y asociación blasfema de las autoridades eclesiásticas; con la burda y pretendida consigna de la “evangelización”.

Si bien sé que debo continuar, ya que no me considero de aquellos que en su vida,  aunque fuera algo mínimo, se pudiera sentir satisfecho dejando algo inconcluso; debo advertir que lo que TOQO enumera en su “IndioManual”, es solo una mirada más que benevolente de alguien que ya ha sido civilizado por los “blancos”; y en consecuencia si bien, casi en silencio, denuncia las masacres sucesivas sufridas por los pueblos originarios, no le da a ello la gravedad –la que considero es mayor- que los delitos de “lesa humanidad” que en la década del ´70,fueron provocados tanto por la izquierda como la derecha radicalizada. Debería sentirse gravemente agraviado ante una situación que por sí misma, da una infinita y tremenda tristeza.

¿Se ha olvidado TOQO de sus ancestros? No, de ninguna manera. No es un historiador.

Es un decidor de la historia, que supo obtener a través de documentos, anécdotas, vivencias propias de sus mayores; el material necesario para escribir su libro. Es sólo un descendiente de los pueblos originarios del norte de nuestro país, que denuncia la discriminación que sufrían y sufren aún los pueblos aborígenes; en donde hoy continúan en la más absoluta pobreza y sin posibilidad alguna de autoabastecerse; con una ciega mirada del Estado que continúa permitiendo y a veces hasta facilitando, que en forma cruenta prosigan los desmontes con fines agrícolas; llevándolos a ocupar un hábitat deplorable en el que subsisten en condiciones infrahumanas. Como resultado; en esas zonas la mortalidad infantil sextuplica el promedio nacional.

Por ello, TOQO es que autodenomina a su pueblo laboralmente como “alternativos”. Así explica… “Para los indígenas resulta mejor emplearse, de obrero municipal con machete, pala, o de peón de ferrocarril o de vialidad, o de minero, con casco y botas. En todos los empleos hay un horario, beneficios sociales y un sueldo a fin de mes”. Y remata: “Pero hay un abismo entre nuestra manera de mirar la vida y entregarnos a la rutina del asalariado. Por eso, los indios entramos en lo que se denomina economía alternativa y que desgraciadamente usan la fuerza propia al servicio de objetivos elegidos por uno mismo, que no convienen a la sociedad de consumo, por eso mismo: porque no consumen, el trabajo ancestral que hacemos los indios se encuentra dentro de la clandestinidad y aún de lo ilegal. No nos importa de sindicatos, cámaras gremiales ni autoridades fiscales. Tal vez, nuestra remuneración en dinero no sea grande, ni esté protegida por las leyes sociales, pero también es cierto que esta actividad humana es totalmente libre”.

Reflexiono y podría suponer que la sociedad ha madurado, a través de lo que han brindado los medios de comunicación con la difusión del correspondiente revisionismo histórico, lo que han realizado prestigiosos historiadores y sociólogos de nuestro país.

Pero no, lamentablemente, no ha sido así. En estas dos últimas décadas, con racionalidad y objetividad han sido pocos los autores, que han realizado un análisis serio de la pertenencia de la tierra a los pueblos originarios, lo que impide derrumbar las apreciaciones que TOQO afirmaba en un pasado reciente. El aborigen dejo hace centurias de ser el dueño de la tierra. Desde la llegada de los conquistadores españoles, y los descendientes de estos que los aniquilaron. Vaya una anécdota, contada por un habitante de las Sierras de la provincia de Córdoba. La etnia de los indios “comechingones” que fueron evangelizados y luego esclavizados para construir la Catedral de la ciudad de Córdoba; dice la leyenda que hicieron un juramento entre sí, cansados de ser explotados –“evitar aparearse y no tener hijos; para la extinción de la raza-“.

Por ello, no resulta extraño que un blog “La voz de los comechingones” en una reseña exprese: -“En la actualidad esta comunidad ha perdido y no puede reconstruir muchos de sus rituales, sus costumbres, sus mitos y leyendas, su lenguaje. Y esto simplemente, porque hay generaciones que decidieron no salir a la luz, no reivindicarse como nativos, por el estigma que significaba ser “indio” en nuestro país. El pueblo comechingón, como muchos de los pueblos originarios que habitan en lo que hoy conocemos como Argentina fue postergado. ¿Qué se puede esperar de una cultura si se pierden partes de sus rituales, de su lengua e idiosincrasia?”-

Es tan falso, de extrema liviandad, decirnos a nosotros mismos “en la Argentina, somos todos iguales”. Este prejuicio inconsciente es peor que el abierto, dando lugar a la discriminación larvada. Es solapada y hace más daño, disfrazada a veces de buenas intenciones. Desaparecieron los calificativos de antaño de “cholo”, “indio”, “mestizo”; han surgido los calificativos de “negro”, “cabecita negra” y se ha llegado inconscientemente a negar el ingrediente indígena, pues la gente blanca de la argentina al ver un aborigen, lo califica automáticamente como no argentino.

Casualmente releyendo como fundamentaba su posición uno de los gestores de nuestra Carta Magna, Juan Bautista Alberdi, en la obra “Bases y Puntos de Partida para la organización política de la República Argentina”, uno no se sorprende ante el siguiente párrafo: -“¿Quién caballero entre nosotros, que haga alarde de ser indio neto? ¿Quién  casaría a su hermana o hija con un infanzón de la Araucanía y no mil veces con un zapatero inglés? En América, todo lo que no es europeo es bárbaro. No hay más división que ésta: primero, el indígena, es decir el salvaje; segundo, el europeo, es decir, nosotros, los que hemos nacido en América y hablamos español, los que creemos en Jesucristo y no en Pillán, dios de los indígenas.”  Por lo que vemos, la discriminación viene de lejos.

Ni hablar de lo que nuestro senador Miguel Pichetto dijo “muy suelto de cuerpo y lengua” en declaraciones periodísticas hace muy pocos días. Resultó tan sincero como brutal, y generó fuerte rechazo en la sociedad argentina – a pesar que lo que expresó lo piensa esa misma opinión pública – recibiendo críticas por mostrarse como un xenófobo recalcitrante. Que fue lo que expresó el citado Pichetto: nada más y nada menos, que “el problema es que siempre funcionamos (la Argentina) como ajuste social de Bolivia y ajuste delictivo del Perú”. Si bien en declaraciones posteriores, el senador aclaró que no se refería a aquellos inmigrantes que viviendo en nuestro país; eran ciudadanos que desarrollaban honestas actividades en los distintos ámbitos de la Argentina, si no a aquellos que en sus países de origen, habían delinquido e ingresado a nuestro país.

No es descabellado pensar que el “efecto” Trump; haya colocado en situación de vértigo al gobierno argentino y a sus socios; de los cuales el jefe del bloque de la Honorable Cámara del Senado de la Nación Argentina; es el citado Pichetto quien se desempeña desde el año 2004 en el Congreso de la Nación.  Asimismo, el Jefe de la bancada del Frente de la Victoria; ya está mostrándose sutilmente de acuerdo, con modificaciones profundas que el gobierno argentino, se encontraría preparando para endurecer los controles migratorios.

No es mi intención ingresar en un terreno, en donde el barro se transforme en fango y como dicen algunos “iluminados periodistas”, tener que remar en un dulce de leche con gusto a rancio; como lo es la hipocresía manifiesta en todos los sectores sociales de nuestra República; de los cuales también formo parte y me incluyo.

El argentino, por su naturaleza y ascendencia; se ha considerado siempre “europeo” y sólo se acercó a sus hermanos latinoamericanos, cuando gobiernos populares ejercieron el poder. Tratemos en esto, de no confundir “popular” con “populismo”; algo tan usual en estos tiempos. Por lo tanto; el argentino descendiente del conquistador español, ha sido un xenófobo recalcitrante no solo con el indio ya convertido en “cabecita negra” en el movimiento que impulsó a Juan Domingo Perón al gobierno en la década de 1940; si no con todo aquel que no fuera “blanquito” o lo que es más; no tuviera esa ascendencia española de origen en lo que fuera la “Gran Aldea”, de principios del siglo XIX.

Por eso los seudónimos a todo lo extranjero: a los italianos “tanos”; a los españoles “gallegos”; a los árabes -cualquiera fuera su país de origen- “turcos”; a los israelitas “rusitos”; y hoy a los bolivianos “bolitas”, a los paraguayos “paraguas” y así sucesivamente. La lista sería interminable.

Resumiendo en más de 200 años, los argentinos continuamos mintiéndonos con la inexistente creencia que nuestras raíces son genuinamente hijas de la República; cuando en su gran mayoría somos ni más ni menos que “gringos” descendientes de esa “supuesta inmigración europea educada”, que por oleadas desembarcaba en el viejo Hotel de Inmigrantes y en su mayoría habitaron los primeros conventillos de Buenos Aires, en condiciones de extrema pobreza y hacinamiento. Que pretendo decir con esto: que continuamos erróneamente negando y haciendo invisible al habitante primigenio; negándole sistemáticamente sus derechos, que de por sí no hay ley universal alguna que se le oponga. Y lo peor es que no reconocemos que quienes dirigen los destinos de la Nación Argentina, poco tienen que ver con nuestro pasado inmigrante; sino que solo somos marionetas aún de aquellos conquistadores españoles y sus descendientes, en sociedad con integrantes de aquellas logias masónicas, que hoy dominan el mundo.

Entonces, cuanto “TOQO” expresa en su obra “IndioManual”; siempre situándose en el extremo norte de nuestro país –su Jujuy natal y Salta- sus percepciones sobre el “folkloricidio” realiza esta definición: “Tanto en la época prehispánica, como en la de conquista, la colonización, la época independiente, y la actual, siempre los escritores indígenas fueron una mínima proporción. En tiempos prehispánicos porque la lectura y escritura estaban reservadas a ciertas castas: gobernantes, científicas o sacerdotales”. Debo decir, que TOQO es inmensamente generoso en su narrativa, y por ello es benévolo cuando denuncia el genocidio sistemático de los pueblos originarios de la Argentina; de norte a sur; de este a oeste; con hechos históricos debidamente documentados por los propios hacedores de la “patria grande”, que hoy para la consciencia colectiva argentina sigue siendo una falacia por sí misma.

Solo TOQO con una visión parcial afirma en su “IndioManual” que hay indios obreros, mineros, peones, indias mucamas, artesanas y se pregunta –“¿y por qué a los argentinos les parece natural eso, y por qué mentalmente se resisten a pensar que existen indígenas escritores, artistas y comerciantes?”- Agregando; por lo demás, se hace inimaginable un general coya, un obispo guaraní, un gerente de banco mapuche, un ejecutivo toba.

Por lo general, cuando un indígena, a fuerza de trabajo y estudio, llega a ser profesional o a lograr una situación próspera, los que están a su alrededor le dicen: -“¡Por fin dejaste de ser indio!”- Y TOQO advierte exclamando a continuación: Pensar que hubo una nación –México- que no se avergonzó de proclamar un presidente indio. Y es así efectivamente, ya que Benito Juárez aprendió a hablar español recién a los siete años de edad, cuando fue a la escuela. Por ello, muchos aborígenes argentinos se hacen entonces la inevitable pregunta, -¿o es que para ascender a esas categorías hay que dejar de ser indio?-

“-Y vuelve nuevamente la desazón a sus conclusiones: -Esto podrá suceder, no solamente cuando los indios sean mayoría, sino cuando los blancos cambien-“.

Es que TOQO; quien me pareció, cuando nos conocimos, poseedor de un gran intelecto, fue tan magnánimo como es ignorante quien escribe, en cuanto a la verdadera historia de nuestro país, en que sistemáticamente se eliminó todo aquello que se oponía a los intereses del conquistador español y las clases dominantes.

Les adelanto, que en la próxima entrega me alejaré en parte de la visión de TOQO y escribiré como humilde opinión personal; el resultado de las investigaciones realizadas con la seriedad que solo pueden poseer, aquellos historiadores y sociólogos reconocidos mundialmente.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s