Las celestinas…

Ella lo había echado
de la casa,
y el deambuló
hasta encontrar
un cuarto
donde vivir
su calvario.

La soledad
lo agobiaba
de tal manera,
que se entregó
a esas redes
“celestinas”.

Fue en esa
red social,
de citas
que como
espejo
creyó verse
a sí mismo,
como en
un mercado
de iguales,
mendigando
compañía.

Fotos viejas,
edades perdidas
en ese sitio,
desde diecinueve
a los cien años.

Era todo un caos
en ese mundo
virtual.
Todo era posible.

Sin embargo,
su soledad
pudo más
y en él,
hurgo solo
por curiosidad.

Y allí comprobó
cuantas infinitas
almas
como la suya,
rogaban dejar
el escarnio
del desamor,
así como
otras tan tóxicas
lo asfixiaban
solo al
escucharlas.

Comprendió
al fin,
que debía
esperar.

Volvería a amar
y a ser amado.
No lo sabía,
pero la soledad
por el momento,
le resultaba
su mejor compañera.

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