Touch and go

Estoy llegando.
Y he elegido uno
de los lugares,
donde suelo amarrar
esta soledad
rebelde,
que no quiere
perder su libertad.

Poca gente,
marzo, sol en el poniente.

La veo
sentada,
sobre una ventana.

Le pido a Julio
un gin tonic,
le pido permiso
para sentarme
en su mesa,
acepta.

Ambos sabemos
que la noche
será para dos,
que adoran
su libertad.

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