Adíos

A que esperar?
Nos negamos
siquiera
a mirarnos,
ponemos
solo los labios
en nuestros rostros,
en cada despedida.

No han bastado
buenas intenciones,
ni las tuyas
ni las mías.

Como vez,
nada nos complace.

La vida en común
con su rutina,
nos ha llevado al engaño.

No debemos culparnos,
nada hemos hecho
para evitarlo.
Lo sabíamos.
Era algo
ya anunciado.

Demos término
a esta desazón
sin fin,
y comencemos
la despedida.

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