El valor del espíritu

Que poco
te quieres.
Rara vez,
valoras algo,
y no lo material,
porque es solo
lo que se puede
comprar,
en cualquier tienda.

Es mi pasión
por estar contigo
y protegerte.

No sé qué hacer
para convencerte
que después de Dios
estás solo tú.

Mil dudas
te asaltan,
cuando me despido.

No hay horario
mujer,
en que puedas
controlarlo todo
y dejar de vivir.

Qué me importan
los otros,
sé quién soy
desde que uso
la razón.

Hablo sin filtro,
odio las formas,
impuestas
de esta sociedad
de doble moral
y por ello, hipócrita.

En que cada uno
se cree superior
al otro, como si este
fuera de descarte.

Créeme,
mírate hacia dentro,
no es tu ser,
es tu alma
la que está enferma.

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