Viajeros celestiales

Recordé, de pronto
aquel momento
en que la conocí
fortuitamente.

Quedé embelesado
no solo
por su figura,
sino por su hablar
tan madrileño.

No pude resistirme
allá en Cartagena,
a invitarle una copa.

Horas interminables
de charla
y unos cuantos
chirrinchis,
hicieron el resto.

Amanecimos
juntos y
sentados,
frente a
la puerta
de la torre
del reloj,
piel a piel.

Fue tanta
la pasión,
que embarcamos
a Baru.

Y ahí estuvimos
un par de días,
como si el mundo,
fuera solo
nosotros dos.

Ay…madrileña
viajera
del mundo;
que recuerdos
hermosos
me has dejado
de esos días.

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