Causalidad

Ella sabía
de mi interés,
como toda mujer
qué bien, intuye.

La rutina
de ir al bar
en su turno,
buscando sentarme
en alguna mesa
a su cargo.

El mismo
pedido, cada día
mis ojos
buscando
los suyos,
huidizos.

Y llegó un día,
en que al pagarle
las manos
se rozaron.

Desde ahí,
cada día
paso a buscarla,
al terminar
su trabajo.

¿Magia? No.
Sabremos
amarnos buena
y adorablemente,
siempre.

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