Simplemente eterno.

Te alcancé,
cuando presurosa
subías al tren
de siempre,
en el que juntos
partíamos
con igual destino.

Diez años
pasaron ya,
de la última
vez en la estación.

Te reconocí,
guapa como siempre,
con tu caminar
que no perdió
ese candor
en el andar.

Pero fuiste
al encuentro
de un joven,
que sonriendo
te abrazo y beso,
con emoción
no disimulada.

Retrocedí
sobre mis pasos,
y me dirigí
al vagón siguiente.

Confirme
lo de siempre,
que el amor
seguirá rodando
sin edad ni tiempo,
cuando dos almas
se entrelazan,
solo para vivirlo
del modo
que se quiere,
sin vanidades
ni prejuicios.

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