Don Julio

Camina lento, pero erguido
y bien seguro de sí mismo.

Los años no le han
siquiera quitado, esa mirada
profunda, misteriosa
con la cual parece descubrir,
hasta el más mínimo detalle
como escudriñando el interior,
de quien tuviera frente a sí.

Hábil conversador,
con recurrente sarcasmo
logra siempre ser simpático,
solo con quien le cae bien.

Su mujer, muy bella
según dicen el amor de su vida,
había partido muy joven,
dejándolo sin consuelo
con dos niños pequeños.

Dedico su vida a sus hijos,
no quiso o no pudo
volver a amar,
o ser amado de igual manera.

Se transformó en un oráculo de consulta,
adonde quienes lo conocen, recurren.
Sus anécdotas, siguen siendo celebradas
como un bálsamo para todos ellos.
Humilde siempre, riguroso en sus dichos,
generoso con todos.
Pero de pie, ante quienes se creen poderosos.
Con esos sí, rápido la paciencia se le acaba.

Es de otro tiempo, como si fuera un personaje
de ficción en una sociedad, que ya no existe.

Una verdadera pena, que quienes poseen
virtudes escasas y valores ya perdidos,
solo a través de los recuerdos nos sugieran
como vivir y la masificación, se oponga.

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