Magia

Surgió de repente, su vuelo fue fugaz tal como el viento,
que de repente arremolina y lastima la copa de los árboles.
Aún recuerdo esa sensación al haberte conocido.
Nos miramos y al hacerlo “la magia”, realidad se hizo.
En ese abrazo partido, único y después solos, como en un escenario.


Nos había presentado una amiga en común, nos miramos y saludamos pensando quizás, que era de esas innumerables circunstancias en tu vida, en que ves un rostro desconocido por casualidad o debo decir -causalidad- y nunca más.


Caminando por la zona de Tribunales, coincidimos en cruzarnos a los dos días. por la calle Lavalle. Ibas radiante con tus carpetas tomadas de un brazo, seguramente hacia alguno de los Tribunales. Nos saludamos y como en mi caso, debía hacer lo mismo, te invite a almorzar, si coincidían los horarios en que salíamos de donde “se administra” justicia. Quedamos entre las 13 y 13:30 hs.


Salí antes y me fui a un restaurante, reducto de abogados y busca pleitos, y mire el reloj varias veces, consumiendo un par de botellas de agua esperándote. A quince minutos de las 2 de la tarde, ingresaste al lugar y pareció que había ingresado una estrella mediática, la mayoría te observo con detenimiento y curiosidad.


Estabas aún más hermosa que a la mañana. Te invite a sentarte, deslizando la silla. Y nos demandó solo unos minutos de hablar de Derecho…porque luego fue un match point de preguntas y respuestas, desde ambos lados solo orientadas a lo personal, quienes éramos en realidad, que nos gustaba, que hacíamos en nuestros tiempos libres. Fueron tantas las coincidencias, que nos reíamos a carcajadas desentonando con el aire serio y mustio del lugar.


Debíamos volver a nuestras oficinas, pero con “tanta piel” nos dimos los teléfonos y quede en llamarte, para encontrarnos el fin de semana.


Te pase a buscar un sábado, y ya habíamos acordado dejar la jungla de cemento, e irnos hacia las afueras, a unos 115 Km. de Buenos Aires para disfrutar de esas magníficas tonalidades de verde en la vegetación y agradable temperatura del inicio de la primavera en la ciudad de Lobos. Caminamos tomados de la mano sin demasiadas formalidades e ingresamos a uno de los tantos restaurantes en donde almorzamos y continuamos como dos adolescentes, contándonos todo aquello, que considerábamos importante de nuestras vidas.


Al atardecer, cuando regresábamos a la ciudad y estábamos a pocos minutos de llegar adonde vivías, me preguntaste si quería pasar a tomar un café para conocer el departamento que habitabas desde hacía muy poco, y decorado exclusivamente por ti según tu gusto y “manías” -así lo expresaste-.


No vacile en decirte que sí. Era pequeño, pero muy luminoso y con una vista espectacular desde tu balcón del octavo piso. Llegábamos a ver hasta las luces de Puerto Madero. No fue necesario mucho más, un abrazo y un suave beso, fueron el preámbulo de dos a quererse.

Han pasado dos años, y estamos aquí en la misma plaza de Lobos. Y yo acariciando tu vientre, que guarda nuestro más tierno tesoro. Y te vuelvo a abrazar una y otra vez.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s