El paraíso

Me pregunte con verdadero enojo, quien me había recomendado esa posada.
Bucólica, en lo que aburridamente creía en el medio de la nada.
Son los estados de ánimo, lo que no nos hace distinguir lo que nos rodea,
sea lo que sea, transformando hasta lo más tangible.

Salvo por ella, tan bella con sus cabellos lacios,
de color negro azabache que alcanzaba su cintura.
Alegre, bulliciosa a cada paso, hice lo que todo
hombre haría si solo busca un buen descanso,
tratar de ignorarla, insensatez sin resultado alguno.

A veces para que mentir, casi siempre los hombres,
nos arrodillamos ante la belleza femenina
en sus distintas y armoniosas formas, no solo en lo físico
sino en su inteligencia, caminar, candor o lo que fuera.
Porque seamos realistas, no seducimos ni conquistamos.
Alegremente, somos sometidos por ellas, las que tienen el último sí.

Volví a preguntarme y zas!! -recordé que mi prima Elvira-
fue quien me recomendó ese lugar, lo que me hacía suponer
que no había podido dejar su disfraz de eterna celestina,
creyendo quizás, que mi soledad y yo no congeniábamos.

Pero esta bella joven, y puse a volar mi imaginación, pensé
que era solo un ángel imaginario, para dejar el tiempo atrás
mientras parara en el lugar y recorriera los bellos paisajes
que la circundaban, con las tonalidades más contrastantes
y las cascadas que serpenteaban desde la colina, hasta dejarse
caer en un arroyo cristalino, donde a simple vista veía a los peces.

Me pregunte lo de todos, uno y las circunstancias
las razones por las que allí estaba, si siempre buscaba destinos
alejados de mi país, no por ignorarlo, ya que es inmensamente bello.

Solo por la avidez de conocer nuevas gentes, sus costumbres,
lugares de ensueño que ni siquiera existen en circuitos turísticos,
artes milenarias, culturas sorprendentes para quien las desconoce,
que conmueven por el solo hecho, de estar allí.

Ya a los tres días de estar en la posada, creí encontrarme en el paraíso.
El silencio, interrumpido solo por los sonidos del agua bajando por las rocas
o los gorjeos de algunos pájaros, permitía que mi escritura, fluyera sin atajos
casi en una carrera interminable, inspirada en un entorno que tanto seducía.

Han pasado tres años de aquella experiencia, y continúo viviéndolo
como si el tiempo se hubiera detenido en ese lugar.
Ah…me olvidaba lo más importante, con la bella joven mi amada María
reformamos la posada y le dimos la calidez que solo sus manos, supieron darle.
Administramos juntos el lugar, recibimos a los turistas ávidos de paz y naturaleza,
y aguardamos la llegada de nuestro segundo hijo.
Si esto no es la vida, la vida donde está.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s