Sin edad…

Atardecía, el sol se escondía presuroso tras los medanos de la playa.
Me encontraba en el muelle de pescadores, dejando pasar el tiempo
con la simple pretensión de gozar del bello atardecer, que se avecinaba.
La mayoría de la gente iba dejando la playa en soledad y mientras ello sucedía,
los amantes de cada tarde, ponían sus pies en la fina y blanca arena.

Comenzaban ambos lo que parecía, una ceremonia mística.
Un comienzo iniciático, sentados en el suelo donde realizaban suavemente ejercicios en qué cada uno de sus movimientos, eran totalmente simétricos.

Luego, realizaban lo que me pareció ser una reverencia al sol y a la luna.
Juntaban ambos lo que la marea había dejado, tiempo atrás y encendían un fuego mínimo. Ambos se sentaban juntos a él, abrazados rostro contra rostro.
Sus murmullos no eran audibles, pero sí visible las caricias compartidas.

No eran jóvenes, todo lo contrario. Ambos se encontraban en la tercera edad.
Pero lucían joviales y amorosos, uno con el otro. Y de pronto, la sorpresa.
Ya entrada la noche, se sacaron sus ropas y totalmente desnudos corrieron hacia el mar.


Inmersos en el agua, se besaron apasionadamente entrelazando sus piernas
haciendo de ese último acto, un canto al amor que me pareció brillante y eterno como un espectador privilegiado, ya por ellos conocido.

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