Diferentes

Parecíamos dos adolescentes, al hablarnos de todo y sin barrera alguna cuando comenzamos una relación a distancia a través de los cables de Internet.
Sin cuidar las formas, el anonimato nos dio libertad de decir lo que nos vino en gana.
Supe de ella, supo de mí. De nuestras historias de las buenas y de las otras.
Quien en su vida, pasados los años no podría escribir unos tres tomos, de todo lo que le ha sucedido.
Di por seguro, que deducimos de ambos algunas cosas y la comunicación fluyo. Coincidencias sobre la sociedad y la vida misma. Pero que en mí, provoco más que buena química.
Sentí en ella, temor por ser sorprendida.
¿En qué? me pregunté y se produjo en mí, una genuina duda.
¿Al acercarnos quizás, nos estaríamos alejando?
Sus tribulaciones sobre la vida misma, como si ya nada fuera posible.
Su negatividad a todo lo que percibía, me preocupo por qué negarlo.
Y para peor, la distancia que era frontera, para contenerla. Lo extraño, era que le aterraba que yo, pudiera viajar para establecer contacto.
No soy de aquellos que se contentan con mirar de lejos, aquello con lo que podría ser feliz.
Y ser feliz es solo un instante, como cuando una estrella fugaz se desprende del cielo.
Pero volví sobre mis pasos, y pensé que cada uno vive la vida que quiere. Y le dije que dejaría de escribirle…

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