Gris atardecer

Atardecer de viernes en Buenos Aires, el vidrio
de la ventana del bar, se parece una pintura de
tono impresionista.
No deja ver nada al exterior, entre las gotas de
lluvia y la humedad se nubla adentro y afuera,
haciendo que las aceras de la ciudad, sorprendan
al más distraído, sufriendo una patinada como si
practicara un gran slalom en los Pirineos o en nuestro
sur, donde la nieve aun cae.

Tomo unas servilletas de papel y las paso por el
vidrio, tan opaco como el día.
Porque mi ciudad con lluvia, se transforma como
en una mujer misteriosa y melancólica, esperando
que la acompañen en su indeseada soledad.

Miro hacia afuera y la gente, va y viene a veces
sin verse, atropellándose. Nadie se detiene por
nadie ni nada. Como si fueran intérpretes de una
serie de ficción, en donde unos se fagocitan a otros.
Como estamos como sociedad, sigo preguntando y
respondiéndome al mismo tiempo. Nadie se detiene
o solo algún buen samaritano, si alguien tropieza y cae.
El resto, simples observadores morbosos, con sonrisas
escondidas de cinismo. Si! Se divierten…De no creer.
Pero es una tendencia que no tiene fin.
Lamentable, pero cierto.

Ninguno mira hacia arriba para maravillarse de
aunque mas no sea, de algún edificio con reminiscencias
del Art Déco, de aquella Argentina prospera.
Y así estamos, por décadas creyéndonos los mejores
de todo por seguir atados a los fines del siglo XIX
y las primeras décadas del XX -aun existiendo las
corruptelas enquistadas en aquella época de caudillaje
político-

Hace tiempo que la memoria colectiva, no se
da un baño de realidad y se sincera en que somos
“los mejores de la nada” Basta con el verso de que
antes Maradona y ahora Messi entre otros, son nuestros
embajadores ante los ojos del mundo. Damos pena…

Me senté en la misma mesa de siempre, y es
magnífico el material que uno puede acumular en
su retina, para escribir luego lo que se le ocurra.
Ya van dos capuchinos, y mi bloc de notas va
guardando como un disco rígido, rostros, emociones,
posturas, y todo aquello que presupongo de cada
situación de más de a dos.
También de los solitarios…y sus expresiones que dicen
mucho más, en sus silencio entre tanto murmullo.

Pero ingresa ella y cierro los ojos, para volverlos
a abrir. No…es imposible.
Ella lo percibe y también dirige sus ojos a mi mesa.
Se sorprende. Viene a mí. Me incorporo y nos
estrechamos en un abrazo tan prolongado,
que creemos que estamos solos en ese bar.
La invito a sentarse.
Conversamos de nuestros tiempos juntos.

Buenos Aires, esboza una sonrisa porque propicio

el momento inequívoco, para juntar recuerdos
imborrables de dos que se amaron. Al bloc, obvio
lo cierro. Solo quiero reflejarme en sus pupilas color
cielo.
Bebemos un café, hablamos de nuestros presentes
y con la naturalidad de dos que se conocen hasta el
recóndito habito con el cual se visten, la invito a mi
departamento sabiendo de su respuesta afirmativa.
Buenos Aires, vuelve a sonreír. La lluvia y la humedad
es un buen paisaje y hace que se convierta en magnifico
e ideal reducto de los amantes…

2 comentarios sobre “Gris atardecer

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