Siempre el amor…

Reías a carcajadas y corrías
hacia los medanos,
Ciego de amor, te perseguía
a sabiendas que te alcanzaría,
para estrecharnos en ese abrazo
eterno sobre la blanca y fina arena.

Vienes?
Me preguntaste sabiendo la respuesta.
Cruzamos nuestras manos
alrededor de las caderas.

Llegamos al muelle
al atardecer, porque nos emocionábamos
al ver caer el sol sobre el interminable océano.

Nos besábamos en ese lugar aislado,
nuestro lugar en el mundo,
prohibido a miradas indiscretas,
de esas que tu familia,
cada tanto enviaba a seguirnos.

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