Fidelidad

Al salir del negocio sin quererlo,
nuestros cuerpos se rozaron,
nos miramos, sonreímos.
Seguimos caminando, pero a diez metros
y al unísono nos dimos vuelta,
volvimos a mirarnos.

Te volví a sonreír y me acerque a ti.
Entre café y café; en dos horas
pudimos contarnos hasta la mitad
de nuestras vidas, que no es poco.

De eso, hace ya cinco años
en que convivimos sin asfixiarnos,
dándonos la libertad que merecemos
evitando la simbiosis ruin en nuestros tiempos.

Pero eso sí, lo central es amarnos
como el primer día, dando el todo
por el otro, hasta el último suspiro.

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