Le dicen poeta…

Erase una vez un joven humilde,
que con gran sensibilidad y mejor rima,
se ganaba unas monedas a la gorra,
recitando su propia poesía en el centro de la plaza.

Poco a poco, se reunían las gentes a su alrededor.
Era tan pasional como sus letras,
y atraía a bellas jóvenes que lo miraban
como si fuera un juglar de otra época.

Al terminar agradecía con una reverencia,
a aquellos que se habían detenido a escucharle
sin siquiera mirar en el interior de su gorra.

La poesía estaba en sus venas y sus letras
simples, adorables en armonía y seductoras,
atravesaban aun, las almas más extraviadas.

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