El infierno de la trata

Huérfana de madre,
abandonada por tu padre.
Viviste miserablemente
lejos de la ciudad,
entre gentes que ignoraron tu infancia
siendo tal el tormento del abuso,
que con tus ojos grandes y sorprendidos
nada pudiste hacer, inmóvil por el pánico.

Te llevaron a la ciudad tus abuelos,
Creíste confiada por fin, en alejarte
de las sucias manos que invadiéndote
hacían de tu cuerpo, un mero juguete sexual.

Pero el calvario continuo, en quien confiabas
tu abuelo, al acostarse su mujer
se acercaba a ti con miserable perversidad
pretendiendo abusar de ti, en cada ocasión.

Inventaste la excusa de buscar un trabajo,
la necesidad de brindarte al estudio
creyendo en una vida mejor, huiste de esa casa.

Pero solo creaste tu propia ficción
hoy vives en un pequeño cuarto,
manipulada por un amigo de tu propio abuelo
el beneficiado proxeneta que te “cobija”
y que también pretende darte el mismo “cariño”
en ese infierno humillante de la trata.

Vendes tu cuerpo de domingo a lunes,
no tienes descanso…”crees que estas mejor”
es como la parábola de aquel condenado al cadalso,
que en el último momento
le conmutan la pena
por prisión perpetua.

Una cosa es la meretriz que consiente,
otra alguien que siendo una niña
la condenaron a esa vida.

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