La culpa es del me too…

Santa María de los Buenos Aires,
podría aceptar que Don Pedro
su primer fundador se equivocara,
pero que a Don Juan de Garay
no se le ocurriera rectificar su nombre,
eso, eso no se lo perdonare.

Miércoles tórrido en Buenos Aires
a casi un mes para que el verano llegue,
hombre con corbata con el saco en su mano,
ancianos que fatigados recorren sus calles
y cada tanto, se detienen a respirar
ese irrespirable aire mezcla de smog y humedad.

Pero apareció ella, y todo lo olvide
muy joven, remera cortisima y short ajustado
que la hacia parecer una deidad perversa.

Caminaba…mejor dicho, se deslizaba como serpiente
con sus audífonos escuchando seguramente
su tema preferido y sin la manzana del pecado.

Estuve mirándola, hasta que desapareció
de mi vista, aplaudiendo mis sentidos su belleza.
Porque para esa admiración, no hay edad
seas un adolescente o un hombre maduro,
que ya ha recorrido un largo trecho.

Eso si, hoy en día solo te debes contentar
con mirar, porque una mínima galantería
con el me too encima, te puede llevar a la hoguera.

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