Causalidad III

Primero fue el desinterés de ambos
el que luego hizo malabares,
y se convirtió en atracción de dos
a quererse.

Tu dependías de mí, sencilla razón
es que te había seleccionado,
entre una treintena de aspirantes
para ser el bello rostro e imagen
de la empresa, ante todo arribo
imprevisto de empresarios
que por cuestiones comerciales,
llegaban a negociar consabidos acuerdos.

Tu voz, dulce y armoniosa
era la que se escuchaba
del otro lado de la línea.

Un querido compañero, que ya
desde hace muchos años,
inesperada y súbitamente partió,
dejando solo el dolor de su recuerdo
y a una esposa con tres niños,
fue quien me digo un día
“que esperas pirata del caribe,
para abordar a la libélula
que has contratado” con aquella sonrisa
inolvidable, llena de picardía.

A partir de ahí, comenzamos a mirarnos
como nunca antes lo habíamos hecho.
Para mí fue como un hechizo,
que me hizo retrotraer el tiempo
en no menos de diez años.

Me enamore de ti, cuan adolescente
no me detuve ante nada ni nadie.
Tu también pusiste de lo tuyo,
te jugaste a tus veintiún años
por alguien con una mochila
de historias bacanales…

Y hoy no me arrepiento,
mientras duro y vaya si lo fue,
con tres hijos como frutos sabrosos
de esa unión no bendecida por muchos,
pero en mí hoy, no dudo en afirmar
que jamas me arrepentí por amarte tanto…

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