Soñar…soñar.

Como frágil y hermosa libélula
que eres, déjame contarte
el increíble y fantástico sueño
que esta noche he tenido,
antes que su olvido se apodere
de mi memoria.

Pleno de fantasía y adoración,
volaba y yo tomado a tu cintura
te rogaba que llegaras al infinito,
a ese lugar, que todos llaman paraíso.

Habíamos hecho ya, largo trecho
cuando dos querubines se pusieron frente a ti,
para guiarnos y acompañarnos al destino.

Al llegar una potente luz blanca
nos encegueció, solo por un breve momento.

Cuando pudimos abrir nuestros ojos
ambos quedamos impactados
al ver a metros de donde estábamos,
el pórtico maravilloso que daba a un vergel.

Entramos y en él, la paz, armonía y felicidad
que su inmensidad transmitía,
llegaba hasta la finitud de mi Alma.

Hasta ahora en que desperté, aferrado a tu cintura.
Y sonrió, convencido ya de que el Paraíso existe.

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