Laura…la heroína.

Saben, los martes y jueves voy a mis clases de yoga al centro que se encuentra en un bonito barrio de Buenos Aires, llamado Caballito –será en otra oportunidad que les diré el porqué de su denominación, esa es otra historia-
Conformamos un grupo de aproximadamente cuarenta personas, en un horario de 10 a 11 AM, donde predominan sensiblemente las mujeres –unas 38 y solo dos hombres, entre quienes me incluyo-
El profesor, Mario cercano a jubilarse es un ser inmensamente espiritual y excelente persona. Vengo a ser el Señor optimista del grupo, por mi forma de ser y porque siempre regalo sonrisas más besos por doquier. Las “chicas” que tienen en algún caso ochenta y ocho años; pero arrancan desde casi los 60, agradecidas se ríen a rabiar, con mis comentarios tales como al llegar ¡Hola chicas, hoy a ponerse las pilas, que hay que divertirse además del yoga!
Por ello digo siempre, que manteniendo un perfil bajo, siendo humilde y ser empático naturalmente, hace que un grupo se fortaleza en su comunicación y amabilidad en las relaciones interpersonales.
Pero deseo, si no les molesta ir al meollo del porque estoy escribiendo esto. Y debo citar a una compañera del grupo, Laura.
Sí Laura, que recién hace un mes (y eso que las clases, las comenzamos en marzo de este año) establecimos un contacto que cada vez es mas frecuente. Recuerdo que cuando me dijo que tenía 84 años quede perplejo. No porque pareciera de 50, todo lo contrario. Pero es menuda, delgada, un color entre rubio y canoso. Pegamos onda, porque recuerdo que al decirme la edad, expreso así que ya sabes – puedo ser una hermana mayor, así que ojo con lo que se te ocurra decir-, obviamente los dos reímos a carcajadas.
Cada clase, conversábamos sobre la vida y lo pasado. Pero me dejo mas perplejo aún, cuando antes de iniciar una de las clases me dijo que había quedado viuda con cuatro hijos de edades de 9 años, el mayor a 1 año, el menor…! Quede más que asombrado, pensando en lo doloroso que habría sido para ella. Cuando le pregunte; solo me contesto:
-Sabes Daniel; no tuve demasiado tiempo para el dolor, me puse a mis hijos al hombro y el humor más las ganas de vivir, me hicieron ir para adelante siempre. Obvio alguna mano se extendió para contenerme o ayudarme, pero debo decir que mi alegría por la vida, fue lo que me hizo salir adelante-
Reflexione luego sobre nuestra conversación y pensé en la cantidad de heroínas como Laura y madres incondicionales, como solas absolutamente solas, llevan adelante sus hogares luego de ser viudas, y contra viento o huracanes o lo que se les enfrente, no declinan en ser ejemplos para muchos de nosotros, que recurrimos a la queja por nimiedades.
Oda a las mujeres, que como Laura bien pueden llamarse “Madres coraje.

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