La viuda negra

Pareces no darte cuenta
que produces luces y sombras,
con tu andar furtivo
en búsqueda de tus presas.

Luces cegadora, por lo que prometes
al seducir a los más genitales en pensar,
sombras furtivas que utilizas,
con aquellos más avezados que dudan
de cada palabra o movimiento tuyo.

Aplicas tu inteligencia, comienzas
siempre por lo más sencillo,
aquellos que se tragan tu juego
de seducción, cayendo adormecidos
y vaciados, por tus pócimas mágicas.

De ahí, es que te denominan “la viuda negra”
como la araña que posee igual estrategia
con su presa, la que una vez adormecida
es devorada, sin siquiera darse cuenta.

No te importan los segundos, más avezados
si tienes que dedicarles dos o más citas,
hasta te acuestas con ellos parodiando
un amor y goce extremo, que solo actúas.

Los haces sentir los avengers de Marvel,
pobres infelices, que al final al igual
que los más confiables, su destino esta marcado y quedarán como llegaron
a este mundo, sin nada salvo con lo puesto.

Un detalle, usas tu belleza delirante,
tu simpatía y cultura sin igual,
y los crédulos siguen cayendo
en esas telarañas que tejes con esmero.

Un comentario sobre “La viuda negra

  1. Sí, me temo que algunos venderíamos el alma mil veces por caer en sus encantos, por volver a ser alguna vez sus presas. El poema me trae aromas de cine negro, también evocado por la fotografía, de tango y por asociación, de Cortázar y “Cuento de Migalas”. Un saludo y hasta pronto.

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