A puro sexo…

Tormentas eléctricas y lluvias
en la noche de Buenos Aires,
que aún hoy de a ratos, continúan.

Estaba con ella, cuando un relámpago
ilumino la sala en un blanco azulino
que tiño todo el ambiente, cuando
sonaba un blues de B.B. King junto a Clapton.

Habíamos terminado de cenar,
y ya estábamos en la previa
cuando atino a decirme –mirallueve-
¿no deseas quedarte a dormir?

La mire, sonreímos juntos
a ella le encanta todo lo que sea oral,
no solo el placer de comer y beber,
también de que mi lengua se desplace
por todo el largo y ancho de su cuerpo,
llevándola al extremo del éxtasis
y jadear alocadamente hasta caer
en una más que profunda relajación.

Como negarme a tan grata invitación,
si éramos cómplices de la misma.
Le mordí suavemente el cuello
y tomándola de la cintura, la lleve al baño
nos desnudamos y nos bañamos piel con piel
aliento con aliento, sexo contra sexo.

La cama abrió su telón para nosotros,
y mientras diluviaba en Buenos Aires
éramos dos, los que apasionados
ignorábamos lo que estaba sucediendo.

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