Todo por una leyenda…

Brumosa la tarde, demasiado extraña
por el viento Zonda que siempre visita
desde la zona puntana a Potrerillos.

Miro desde la ventana de la casa
que se ubica frente al Cordón del Plata,
llamado así, al cordón montañoso de los Andes
que en su totalidad se encuentra en Mendoza,
la misma provincia, en donde se encuentra el Aconcagua.

La cima del Cordón en sus cumbres van desde
los 4.000 a los 5.000 sobre el nivel del mar.
Se preguntaran la razón de mi fluidez
en la descripción de un lugar
que cualquier foráneo que llegara
a la Argentina, seguramente no tomaría en cuenta
para conocer nuestro país, inmensamente grande
pero no del todo nuestro –ya lo he explicado alguna vez-

Los turistas apuntan al sur, por el Glaciar Perito Moreno
Ushuaia, la ciudad del fin del mundo
o hacia la provincia de Misiones,
con las Cataratas del Iguazú
como atracción imperdible e inigualable,
con su exuberante y casi tropical vegetación,
la frondosidad de los grandes helechos,
las cañas de los bambúes,
los graciosos troncos de las palmeras
y miles de especies de árboles,
con sus copas inclinándose sobre el abismo
adornado con musgos, begonias rojas,
orquídeas de oro, brómelas brillantes
y bejucos con flores trompetas.

Me detengo y dejo de divagar
luego de hacerles conocer
aunque mas no sea en letras,
una de las nuevas maravillas del mundo.

Vuelvo adonde estoy, parado frente a la ventana
de la casa de mi hijo en Potrerillos,
con el viento Zonda que atrevido
como siempre, ha volteado álamos uno tras otro.

Va cayendo el atardecer, el cielo rojizo
la bruma sobre las cumbres,
y el calor que fluye de la salamandra
que encendí hace un par de horas.

La verdadera razón de mi estancia aquí,
ha sido derribar esas leyendas
que mi hijo, cada vez que nos encontramos
me dice que se las cree, por la certeza
que le han dado los lugareños.

A veces pienso, que la altura
de este pueblo de montaña,
en algo debe afectar la razón.

La leyenda del Futre
el jinete sin cabeza argentino,
homólogo de la leyenda de Irving
es uno de los principales misterios
de esta zona pre-cordillerana.

Atizo y agrego más leña,
el frió se siente y pongo la sartén
sobre la salamandra para calentar
el exquisito callo a la madrileña,
que supe preparar al mediodía.

Me sobresalta un ruido a galope de caballo,
me acerco a la ventana y quedo tieso.
La espectral aparición del Futre
con su cabeza en su diestra,
pero al observarme en la ventana
tiró de las riendas y el caballo
levantando sus patas delanteras,
dio media vuelta y se alejo
perdiéndose en la obscuridad de la noche.

Tardo minutos en reaccionar
de tamaño susto, en un lugar
donde ni siquiera tengo señal
para pedir auxilio a quien fuera.

Ávido por saber que sucedió
y encontrar explicación a ello,
me prometí esperar hasta hoy.

Ya levantado y con una taza de café,
calentándome las manos
le pregunte a un baqueano del lugar
quien al mirarme, sonrió cauteloso.

Me afirmo que el Futre no anda entre la gente,
y solo está en la conciencia sucia de los malhechores.

Quede más preocupado que antes,
y al volver a Buenos Aires
hablaré de esto con mi psicóloga,
porque claro que he pecado muchas veces en mi vida,
pero jamás se me ha ocurrido a nadie, robarle nada.

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