Ir conociendo al otro…

Sé que llegara
como siempre,
escondiendo su mirada
pausado su andar.

Como en hurtadillas
como quien hubiera pecado,
quizás sin darse cuenta
que observo cada uno
de sus pasos en sutil manera.

La siento cerca y lejos a la vez,
percibe que no estoy bien
es bueno, sin decirnos
sabemos que uno de nosotros
se muestra distinto, al de siempre.

Nadie puede negar
la existencia de un mal día,
por más que pretenda disimular
algo tan esencialmente humano.

Pero calla, me lo dice luego
cuando nos ponemos al habla
por teléfono, dándome ese mimo
necesario para el alma.

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