Amor del bueno…

Caminaban por la playa desierta
compartiendo dulces besos y ternura.
Se sentían tan bien juntos,
que para ellos era lo más parecido
a ese paraíso que hace tiempo
buscaban, aferrados a una esperanza.

Esperanza cristalizada
ya hace un tiempo, que no era mucho
pero pegaron piel y complementaron
sus soledades impiadosas,
sin aforismos ni sinónimos.

Espontáneos, naturales, sinceros
como con tan poco,
se puede llegar a tanto
en tan escaso tiempo. Eso es el amor.

El amor nos sorprende
casi siempre sin aviso,
una mirada, un roce de piel,
un beso en esas bocas que vibran
por el solo hecho de buscar
sacar del adentro del otro,
esa pasión sin prejuicios,
sin importar nada ni nadie
que se oponga, con destino de destierro.

Juegan por los médanos,
cual adolescentes
que se sienten, sin pudor alguno
ya en la playa desierta
en los primeros días del otoño.

Buscan un lugar
donde colocar la manta,
se acuestan y se abrazan
acurrucados juntos,
sabiendo que mañana
amanecerán de igual manera,
con las cenizas de los leños
aun crepitando levemente.

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