La piel que no es propia

Se ha ido con su hijo,
solo por unos días,
eternidad para ambos
ansiosos por el reencuentro.

Nos soñaremos
cada noche, cuando nuestras cabezas
descansen sobre las almohadas,
pensando en la piel que nos habita
en cómo se ha impregnado cada una
de la otra, espontáneo y furioso.

Centímetros de piel que recorremos
despaciosamente, dando ternura
en cada caricia imperceptible
con las manos rozando solamente
sobre cada cuerpo a lo largo
y a lo ancho, sin dejar de pasar
por milímetro alguno, gozando
de poder hacerlo 
con los corazones latiendo
acompasados y a la vez, apasionados.

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