Ay, amor…

Ay amor, que razón tienes
para desconfiar de que mi corazón es tuyo.

Porque razón pretendes negarme
el derecho de gritar amarte.

Que confusión te ha hecho prisionera
al punto tal, de bañarte en esa tristeza.

Cuando sabes que la alegría ha llegado
a dos almas frustradas de estar tan solas,
aun acompañadas de sus amores de la vida.

Cuál será el duende maligno que te envuelve
en pensamientos, que hasta te hacen dudar de ti.

Escucha amor, regálate una sonrisa
y compártela conmigo, aun a la distancia
llegando aquí como una brisa que distancie
esas brumosas nubes con presagio de tormentas.

Solo escucha por las noches
a las olas del mar manso o brutal
contra la costa y sueña que con la espuma
en la arena quedan destellos de mi amor
que te acompaña…

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