Una Venus con brazos y…

No por nada, era tan deseada
como si fuera una fruta madura,
que invitaba despaciosamente
a comerla y disfrutarla.

Los hombres, sentados
en la barra y en las mesas,
no hacían otra cosa,
que admirarla con desvelo.

Y tu bien sabes, que más
te embelesas con una mujer,
más distante ella se muestra,
me dirás “no todas”
y te responderé “las menos”.

Era una mujer tan hermosa,
que hasta los gorriones
posados en los amplios ventanales,
cantaban un gorjeo distinto
al diariamente por mí, escuchado.

Tendría entre 30 y 40 años,
pero parecía una adolescente,
llevando la bandeja de acero
como preguntando que trofeo
cual Artemisa, llevaría triunfante.

Era para ponerse a cantar
aquella de “amor de mis amores”,
pero resulto mejor en sobremesa
café por medio, seguir admirándola.

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