No solo debemos leernos…también protegernos.

Hoy me encontré con una entrada abrumadoramente triste, y quien escribía padecía una enfermedad difícil de controlar en sus distintos estados progresivos y por ello, no pude dejar de recordar mi propia historia que viví hace casi 30 años. Aquí solo reescribo mi respuesta al momento actual que padece. ” Hola! Mira, te voy a contar una historia, en la que el protagonista era yo. Hace casi 30 años, tuve paresia de ambas extremidades inferiores, problemas al orinar y del esfínter anal, por lo que no podía satisfacer mis necesidades fisiológicas. Imagínate que eran las 3 a.m. de mediados de invierno en junio, llamaron a un médico para diagnosticar por lo que dijo que era un problema con el nervio ciático. En ese momento, nadie había salido a comprar medicamentos, aparte de que mi cerebro que lo ordenaba, mis piernas no se movían. Justo a media mañana, comenzaron a moverse, continuando con los otros problemas, me llevaron a ver a diferentes especialistas, hasta que tuve la mala suerte de que me recomendaron a un famoso neurocirujano, quien después de verme sin recibir los estudios específicos realizados a pedido de uno de sus colegas. Después de hacerme caminar desnudo hacia adelante y hacia atrás, hacer que me pusiera mi dedo en la nariz con mis ojos cerrados y muchas otras cosas; me hizo vestir y allí me dijo que le diera los estudios. Con el orgullo de los que creen ser superiores a Dios o a lo que tu creas… me dijo que sufría de una enfermedad devastadora… Cuando le pregunté qué era, respondió; con calma: “muerte progresiva”, comenzaría con ceguera y moriría postrado en la cama, no más de un año después. 
Otro en mi lugar, se habría arrojado bajo las ruedas de un tren. Pero no, después de llorar durante una semana, frente al espejo cuando me afeitaba, pensé que no tenía nada, que no era posible. Comencé a hacer innumerables estudios invasivos que castigaron mi cuerpo y mi alma. Pero el último ocurrió; en diciembre del mismo año, una punción lumbar, que con el resultado en mis manos, fui a ver a otro neurólogo que también me trataba en forma paralela. 
Sabes, me dijo: Daniel en un 99% de las veces no tienes Esclerosis en placa. Fue un virus que se alojó en tu médula y como lo hizo, luego desapareció. 
Por ello, siempre debes luchar y nunca rendirte. Solo un espíritu positivo y reactivo ante la adversidad, puede superar incluso lo más inimaginable. Cuenta conmigo para todo. Te mando un fuerte abrazo”.

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