El privilegio que uno se lleva…

Había arribado a la Spezia
en el norte de Italia,
ansioso por conocer Cinque Terre.

El sendero de los enamorados
no estaba habilitado y suspire aliviado,
imposible para mí de hacerlo caminando.

Estaba fuera de temporada,
pero se hizo el milagro
un par de días antes que llegara
a esa ciudad puerto de La Spezia.

Se había habilitado el tren
que recorría diariamente todos
los pueblos desde Riomaggiore
hasta en mi caso, a Levanto.

Saque un boleto exprés por dos días,
y disfrute cada pueblo, su gente
sus callecitas, sus barcitos, su gastronomía
y la belleza de estar enclavados
en colinas frente al mar,
la que me encanto entre todas ellas
fue Vernazza, con una pintoresca
y hermosa vista, como si estuviera
colgada de un balcón.

Me siento tener el privilegio que Dios,
el Universo o el de Spinoza me ha regalado,
pudiendo conocer otros pueblos,
otras culturas, mezclándome entre sus gentes
retratando los mismas emociones
como si estuviera en mi amada Buenos Aires.

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