Infancia sin imaginación…

Sin nada, he sido tan feliz
en esa infancia que ha quedado
ya tan lejos, pero que aún su recuerdo
es para mi, una vacuna permanente de optimismo.

Jugar con los amigos, vecinos de las casas
cercanas a la mía, en las calles desiertas
imaginándonos y con tiza blanca
trazando las pistas, donde nuestros autos
de plástico rellenos de masilla,
para lograr su mejor adherencia al asfalto
y llegar primero a la meta de llegada.

O aquellos juegos de bolitas,
en donde la “lechera” era la de más valor
y cada uno la dejaba, en posición más difícil,
para que el competidor no se la llevara.

Jugando con la pelota de goma, “la pulpo”
que comprábamos con las monedas
que juntábamos todos, una a una,
e íbamos adonde “el kiosco del gallego”
para que nos diera la que más rebotaba,
ya que usábamos las paredes de las casas
como un compañero de juego, que nos la pasaba.

Hoy cuando los veo 
con la play station; las tablets
y hasta las animaciones 
en celulares para que los bebes,
coman su alimento día a día.
Desearía preguntarle a cada joven
que ilusiones le acompañan…

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