Es solo lluvia…

Comenzó de repente, luego de ese calor agobiante.
Truenos y relámpagos, seguidos de una lluvia torrencial
que golpeaba fuerte sobre los cristales de la ventana,
esa misma ventana desde donde te espero llegar cada día.

Hoy, seguramente vendrás agitada y empapada 
pidiéndome una toalla, para secar no solo tus piernas
sino tu alma sedienta de ese amor que nos profesamos
y nos juramos en este mismo cuarto, donde siempre nos vemos.

Ya diviso tu cabellera trigueña, enmarañada
dando vuelta la esquina, apresurada en llegar.

Bajo rápido, te abro la puerta antes de que toques.
Nos abrazamos, nos besamos y comienzo a secarte.

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