Mi personal forma de creer en Dios

¿Quién puede decir, que está libre de pecado?
Aun el más impoluto representante religioso
cualquiera sea, guarda en su interior
todo aquello que enojaría al guardián de su credo.

Recuerdo de niño, en la escuela primaria
que un buen compañero de apellido Rojas
me pregunto ¿Tú vas a la Iglesia La Candelaria?
a mi respuesta “no”, le siguió
-ah…entonces tú eres ateo- 
Como explicarle que no necesitaba ir a ese lugar
que para mí nada representaba, 
ya que Dios me acompaña
desde siempre, aun sin conocerlo. 
Pero seguramente no me hubiera entendido.


Y aquí está la constante duda que vive junto a mí.
Dios, Jehová, Buda, Ala, Confucio y tantos otros
son figuras celestiales y amadas por sus fieles
por sus virtudes, también porque se han hecho
cargo de los males de toda la humanidad
enseñando desde el sendero del amor y la misericordia.

¿Entonces, cual es el motivo por el cual un hombre
con sus pecados a cuesta, se arroga el derecho
de hablar en su nombre, cuando al hacerlo
está ofendiendo a los fieles y a la misma Deidad?

El contrasentido de uno de los temas más polémicos
como es la religión, me ha llevado como personal opinión
a hablar con “mi Dios” cada día, al salir de mi hogar
sin necesidad de intermediario alguno 
y sin visitar la casa de “su Dios”. 
Porque ambos, son el mismo. Pero con una diferencia.
El mío no está contaminado por los pecados del hombre.

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