Éramos tan pobres y seguimos siéndolo…por falta de coraje en cambiar.

Hacía tiempo que no caminaba los pasillos de los Juzgados de Trabajo de la Nación, situados en la Ciudad de Buenos Aires y en esta semana interminable desde el lunes a hoy, religiosamente tuve que ir a uno de ellos cada día, a las 8 de la mañana. El tema es lo que menos importa, porque lo que más me ha enriquecido es ver que poco ha cambiado en los últimos veinte años, a pesar de las declamaciones de la informatización de los expedientes y de subir a la web en tiempo real, lo sucedido en las audiencias como para que las partes involucradas, tengan los testimonios de los participantes en “la ruleta de la justicia” e indagar sobre las declaraciones de los unos y los otros, para hacerse de la estrategia en cuanto a impugnar algún testimonio, que nos le puede resultar favorable con vista a la sentencia, que aclaro en la Ciudad de Buenos Aires no tiene fecha cierta de finalización –algunos hablan promedio de cinco años desde la presentación de la demanda, pero sé que algunos casos duermen en los brazos de Morfeo, desde hace más de un lustro.
Me preguntaran entonces, a que viene tanta perorata en que me siento sorprendido. Es que las oficinas y pasillos de los Tribunales –hay varios- cerca de nuestro Teatro Colon en la calle Lavalle; se muestra tan deteriorados o peor que hace 20 años, descascaradas y mugrientos.
Ni hablar de la contradicción entre la digitalización de los expedientes; con la aberrante vista en la oficina de cuatro por cuatro, en la que se toma cada audiencia y las decenas de expedientes, ubicados en las cuatro paredes y sobre el escritorio, en este caso de la audiencista –abogada y empleada judicial que toma las audiencias y que depende del secretario, quien a su vez está a cargo del Juez correspondiente.
Un bombón de chocolate –me imagino-, para roedores, cucarachas y otros invertebrados como la Lepisma Saccharina Linnaeus, que se hace un festín pantagruélico con los papeles. Por mas control de plagas que tengan, a la larga o a la corta toda esa documentación sufre un evidente deterioro, siendo un evidente foco de enfermedad para quien o quienes la manipulan.
Ahora bien ¿para que la digitalización? Si en paralelo, continúan con el papeleo. Una de las tantas contradicciones que tenemos los argentinos. Ahora, también me pregunto, si bien los Tribunales de Trabajo son los que menos interés le dan el poder político y económico, con el judicial no deja de suceder lo mismo. La Corte Suprema de Justicia en su rendición “transparente” del mes de febrero del corriente año, denuncia acreditaciones por casi 13.000 millones de pesos y una ejecución de gastos cercana a los 700 millones.
No hace falta preguntarse entonces, porque la sorpresa no tiene fecha de vencimiento. De las razones de la lentitud –eternidad de las causas- de todo proceso judicial cualquiera sea su fuero; las condiciones edilicias e infraestructuras miserables que se observa en los Juzgados laborales, de poner en riesgo la seguridad e higiene del ámbito laboral, en donde deben desempeñar sus tareas miles de personas, profesionales egresados de la carrera de Derecho de la U.B.A. u otras universidades, o bien estudiantes avanzados de las mismas, que comienzan trabajando en mesa de entradas. Todos los cuales están en situación de riesgo de contraer todo tipo de enfermedad.
Eso sí, desde ayer jueves pude observar en cada puerta desvencijada o pared, carteles de prevención por el Corona virus que ha llegado a estas tierras y que lamentablemente a pesar de las buenas intenciones del Poder Político, crecerá exponencial mente como ha sucedido en todo el mundo.
Lo más irrisorio de esos carteles –una nueva sorpresa- la enunciación entre otras cosas, de mantener la distancia entre personas a dos metros. Bueno como dije anteriormente; la audiencista, los abogados de las partes, el actor y un testigo suman cuatro personas que en una oficina de 4 x 4; difícilmente puedan mantener tal distancia, salvo que alguno de ellos emule a los héroes de Avengers.
Y lamentablemente al Corona virus foráneo, se ha sumado al flagelo de la epidemia del dengue desde la Triple Frontera (Paraguay, Brasil y Argentina), enfermedad viral transmitida por la picadura del mosquito Aedes aegypti, de persona a persona. Ya suman extraoficialmente, más de 5.000 casos en el país.
Pero quisiera volver al tema que me ocupa.
El cierre de la audiencia de hoy viernes; con ausencia del letrado y testigos de la demandada, trajo una nota de sensibilidad social cuando la audiencista, mujer mayor próxima a jubilarse y que no lo hace, porque su haber sería menor a su propia subsistencia, y además vive sola en su departamento tuvo hoy “el estigma de la soledad consigo” y tuvo una necesidad de hablar abiertamente de su vida, como si nos conociéramos de toda la vida, – de su dolorosa vida, de las perdidas familiares, del temor a quedarse discapacitada sin nadie que la cuidara, de una tristeza infinita que en lo personal pienso, que la terminara matando. No por compromiso, porque no soy hipócrita le sugerí hacer determinadas cosas, para sentirse mejor. Pero en minutos, volvió a su postura inicial de ver el “vaso vacío”. La salude cortésmente, deseándole un muy buen fin de semana…ahh…con la salvedad que ni las manos nos dimos.

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