¿No nos cansamos de ser como somos?

Todo es grito de desesperanza para que cada cual, alcance su propia locura. La realidad en números es mayor, tanto en infectados como de victimas de lo que se dice. Mientras tanto la depresión hace estragos en sus múltiples manifestaciones patológicas y la terrible recesión económica, atraviesa todos los estratos de las sociedades, golpeando como siempre aún más, a los que menos tienen. 
La certeza de una confabulación nunca se sabrá, y como tantas otras será una más, de las tantas acciones que hace décadas se han activado y se cobraron miles de vidas sin importar su número ni lugar del mundo, solo para fortalecer la hegemonía geopolítica mundial. 
No hay interés genuino ni lo hubo jamás, de investigar cada suceso acaecido en los últimos setenta años. La memoria colectiva, parece haberse acostumbrado a no dudar y cuando lo han hecho fue duramente castigada, porque los medios han sabido siempre maquillar la barbarie.
He insistido que el COVID-19 no es una nueva mutación. Fue creado e introducido en una sociedad superpoblada que facilitaba su exponencial propagación. Era castigar la soberbia del Imperio del Centro de disputar la hegemonía mundial, como de la misma manera la traición de Europa, fundamentalmente Italia en acercarse a Moscú como a China, orientada con Rusia a crear la “nueva ruta de la seda”. 
Pero antes de exponer lo que ha dicho Chomsky, con defensores y detractores por igual, me interesaría exponer juntos como nos encontramos hoy en este planeta.
Si pudiésemos imaginarnos la Tierra en miniatura y reducir su población a una pequeña aldea de cien habitantes, manteniendo las proporciones actuales existentes sería algo así: 57 asiáticos, 21 europeos, 8 africanos y 4 americanos. 
Así en otro subgrupo; 52 mujeres, 48 hombres, 70 no serían blancos, 30 serían blancos, 70 no cristianos, 30 cristianos, 89 heterosexuales y 11 homosexuales.
¿Es interesante la pequeña aldea, verdad?
Seis personas poseerían el 59% de la riqueza y dos (si, solamente 2) serían norteamericanos. De las 100 personas, 80 vivirían en condiciones infrahumanas.
Setenta no sabrían leer, 50 sufrirían desnutrición. Solo una (sí, solo una) tendría educación universitaria. En esta aldea, habría apenas una persona que posee computadora.
Ahora pensemos que si nos hemos levantado hoy con más salud, que enfermedades, entonces tenemos más suerte que millones de personas que no alcanzaran a sobrevivir esta semana.
Si nunca experimentamos los peligros de la guerra, la soledad de estar presos, la agonía de ser torturados o la aflicción del hambre, entonces nosotros estamos mejor que 500 millones de personas.
Si nosotros podemos ir a nuestra iglesia sin miedo a ser humillados, presos, torturado o muertos, entonces somos más afortunados que 3.000 millones de personas en el mundo.
Si nosotros tenemos comida en el refrigerador, ropa en el armario, un techo sobre nuestras cabezas y un lugar donde dormir, nosotros somos más ricos que el 75% de la población mundial.
Si alguno de nosotros guarda dinero en el banco, en la billetera y tiene algo de efectivo en la caja fuerte…entonces esta persona se encuentra entre el 8% más rico de este mundo. Si alguno de nosotros tenemos aún a nuestros padres juntos y unidos, ese alguien es una persona muy rara.
Nosotros que estamos leyendo esta declamación de la “aldea pequeña”, tenemos mucho mejor suerte que 2 mil millones de personas en este mundo, que ni siquiera saben leer.
Somos conscientes hasta aquí, de lo que hemos leído. Seguramente luego de hacerlo, alguien se sentirá mejor. 
¿Pero será consciente de la realidad de un mundo en que no hay aceptación del otro, educación y sobre todo, tolerancia? ¿Y nos hemos dado cuenta que solo somos marionetas de un guión ya escrito para nosotros y las generaciones futuras? 
Como lo dije antes, muchos de nosotros seguramente hemos leído algo Noam Chomsky; y seguramente polemizaríamos sobre algunas de sus aseveraciones. El rumor es que Chomsky asegura de una estrategia de los EEUU, Israel, la CIA y demás poderes mundiales, frente a la pretendida supremacía de la locomotora China en el escenario mundial, a través de una guerra bacteriológica de baja intensidad, y porque de baja intensidad porque no afecta tanto la morbilidad de los niños y jóvenes (mano de obra futura) y si de los ancianos (mano de obra inactiva), que nos recuerda la frase de ChristineLagarde (Ex Directora del F.M.I.) en que vivían demasiado y eran un riesgo para la economía mundial.
del coronavirus, Sars, Mers y Ebola, así tuvieron la coartada perfecta de acusar al gobierno chino e introducir el COVID-19, aprovechando justamente la conmemoración del nuevo Año Chino, para su propagación exponencial. Su segundo enemigo es Irán, sobre todo por el riesgo militar que puede representar para Israel. En tercer lugar, Europa la que se opone abiertamente a las medidas y recetas proteccionistas de Trump, por lo que se introduce el virus en Lombardía, en represalia al gobierno de Salvini, líder de la Liga Norte y considerado ser un traidor al apoyar a Rusia internacionalmente y verse implicado en sobornos rusos. También por entablar excelentes relaciones con China, para establecer una nueva ruta de la seda. La inteligencia norteamericana sabe que el efecto en Italia, detendrá la economía regional de la Unión Europea. La segunda fase será el control total de la guerra bacteriológica, al poseer desde el primer momento la vacuna contra la nueva cepa del Coronavirus, en laboratorios de los EE.UU. Así venderá patentes a su antojo a países amigos y no tanto a otros, para debilitarlos aún más para llegar al nuevo orden capitalista. La tercera fase, permitirá a los EE.UU. establecer el nuevo orden mundial capitalista con la desaparición de amenazas como la Unión Europea, Irán, Corea del Norte, Venezuela y otros, y el debilitamiento de China Continental y Rusia. El resto del mundo entonces, volverá entonces a ser su patio trasero.

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