Me haces mucha falta

Añoro sentir aquel perfume
cuando presurosa partías,
a la medianoche en puntillas
por las escaleras, bajando
sin provocar ruido alguno.

Era ese perfume impregnado
en mi almohada, donde mi sueño
se abrazaba a ti en ese imaginario,
junto a las penumbras del cuarto.

Eras tal cual lo que busque,
durante muchos años de mi vida.

Plácida, rebosante de ternura
envuelta en una piel de seda,
que me arrastraba a lo mas
profundo de aquello que deseaba.

Eras como una fina porcelana 
que en mis brazos, se arrullaba
porque sabía sentirte protegida,
exultante por tenerte me sentía
al ver tus cabellos brillar
ante la luz de cada noche clara,
en ese balcón de Cartagena.

Tomados de la mano salimos
de la ciudad amurallada sin rumbo,
luego de bebernos algo donde Fidel.

Caminamos, cruzamos la Torre del Reloj
cuando en ese imperceptible segundo,
soltaste mi mano para levantar uno 
de tus aros que había caído al suelo,
algo en forma de demonio te arrollo
y quedo solo tu cuerpo inerte, entre mis brazos.

Hace dos años de aquello,
no me he ido aún de Cartagena
recorro cada día los mismos lugares
que compartimos como amantes,
y cuando regreso por las noches
me abrazo a la misma almohada,
deseando encontrar en ella, aquel perfume
y recostada sobre la cama, tu alma buena. 

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