Susana

Es el tiempo de los recuerdos,
no puedo ni debo solo ocuparlo
con un sinnúmero de actividades
como cumpliendo algo rutinario,
que fagocite mi vida sin remedio.

Era más que delgada, larguísima
más que alta para su edad,
de su voz un torrente de palabras
no paraban de salir de su boca
de labios finos, bajo una nariz recta.

Amiga de una amiga, llegaron a casa
y como no podía ser de otra manera,
fuimos a mi cuarto a escuchar música.

La melodía de Sra. Robinson, como fondo
ella se apresuró a sentarse junto a mí 
en el sofá y lanzo para mis doce años,
la pregunta más inesperada…
-¿decime, vos sabes besar?-

Hombre en proceso, adolescente al fin
como el escudero fiel y paciente del Quijote,
pretendí enfrentar a los molinos de viento
con una rotunda afirmación, dándome ánimo.

Debo decir, que ni siquiera me dejo 
terminar la frase que había pensado,
cuando con sus dos manos, abrió mi boca
y penetro en ella como quien te dará
luego, un diagnostico que no necesitabas.

Susana era su nombre, hoy vino
a visitarme en este recuerdo,
quizás como el personaje de Quino
amiga atrevida de Mafalda que soñaba
con su femineidad y enamorarse… 

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