El piso de arriba – Parte II

Obviamente, 
no era mera casualidad
que yo me despertara
por propia voluntad,
las campanas del amanecer
provenían del piso de arriba.

En realidad, mal no venia
su salida de la mañana,
me llevaba a sentarme 
en mi cama, pensando
como construiría mi día,
fuera de las actividades
que registradas en mi teléfono
suelo tener, como buen obsesivo.

Todo ello, sabiendo que 
que al atardecer, volvería a ser
el coautor de su retorno.

El telón se levantaba
no más allá de las seis,
los tacones por la escalera,
las llaves en la cerradura
anunciando su llegada.

Zapatos que caían al suelo
al llegar a su dormitorio,
como odiados accesorios
en su caso, solo para sufrir.

Ello sugería solo una cosa,
demasiado tiempo parada.
¿Cuál sería su empleo?
Podría ser uno entre decenas, 
no lo sabría elucubrando tonteras.

Pero lo audible sufría un cambio
de acuerdo a sus movimientos,
pisadas que no se escuchaban,
música de Il Divo o Bocelli
como para iniciar la relajación.

La puerta del baño, nuevamente
cerrándose tras de ella.
Rato más largo que la mañana,
imagino un baño de inmersión.

Solo me cruce con ella
una sola vez en el palier,
susurro un buen día
bajando su mirada.

Morena, alta, elegante.
Imagine su largo cuerpo
cubierto de pompas de jabón,
en un pequeño mar de sales
aromáticas, que cubrirían su cuerpo.

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