El piso de arriba – Parte IV

Desperté,
y el dolor de cabeza
no dejo de acompañarme
hasta media mañana.

Recordaba lo sucedido
como también la conclusión
a la que había arribado,
antes de caer dormido.

Estaba convencido
de que mi locura
era mayor a lo que pensaba,
me había dejado seducir
por los sonidos que fluían
del andar de una mujer,
a la que desconocía
y vivía en el piso de arriba.

Y que cuando, a veces
no la escuchaba, extrañaba
su presencia que me daba letra
a la historia que escribía
y era esa misma historia
la que me movía por dentro.

Parecía que como suelen decir
en este caso, todos los planetas
se hubieran desalineado de su eje,
en el momento menos oportuno.
La pandemia, el aislamiento.

Ella debe tener un permiso
de trabajo, de lo contrario
debería encontrarse como
la mayoría, en aislamiento.

Peor aún, cuando la imagino
es como si trazara a lápiz
su figura quizás embelleciéndola,
aun mas de aquella silueta
difusamente recordada en el momento,
que en el palier nos habíamos cruzado.

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