Misterio en Giverny – Parte II

Aun hoy; llegando a Giverny a pie desde Vernon, toda persona que ingrese a la comuna respira e inflama sus pulmones y vacía su mente –alejando todo lo obscuro que pueda existir en ella- al observar el rustico y silencioso paisaje rural, solo interrumpido por el bello trinar de una variedad de pájaros, que se avistan con facilidad.
Aun hoy, como en aquella década del ´70, andar en bicicleta es habitual ya que la superficie del pueblo es mínima, y pasaría desapercibido si no fuera por popularidad de la casa de Monet con sus dos jardines bellamente planificados por el propio artista. Un jardín de flores delante de la casa, que se llama Le ClosNormand, y un jardín de agua de inspiración japonesa del otro lado de la carretera. Las dos partes del jardín de Monet se oponen y se complementan.
El Clos Normad cubre una hectárea y Monet lo transformo en un jardín rico en perspectivas, en simetrías y en colores. El terreno se distribuye en parterres donde los macizos de flores de diferentes alturas crean los volúmenes. Los árboles frutales o de decoración dominan los rosales trepadores, los tallos esbeltos de las malvarrosas y las masas coloreadas de las plantas anuales.
A Claude Monet no le gustaban los jardines organizados o encorsetados. Alía las flores en función del color, como si se tratara de pinceladas y las deja crecer a sus anchas.
A lo largo del tiempo se apasiono por la botánica, cambio planteles con sus amigos Clemenceau o Caillebotte. Siempre a la búsqueda de variedades raras, hizo traer a fuerza de copiosos gastos, bulbos o jóvenes planteles. “Todo mi dinero se va detrás de mi jardín”, confesaba. Pero también a continuación, risueñamente decia: “Estoy maravillado”.
En 1893, diez años después de su llegada a Giverny, Monet compro el terreno vecino a su propiedad del otro lado del ferrocarril. Un pequeño arroyo lo atravesaba, el Ru, una desviación del Epte. A pesar de la oposición de los campesinos colindantes que temían que envenenara el agua al plantar vegetales raros, sin embargo con el apoyo de la Prefectura, Monet hizo excavar un pequeño estanque. En una carta al prefecto del Eure, declaro :Sé trata únicamente de algo para el recreo y el placer de los ojos, y también para tener modelos para pintar; no cultivo más que plantas como nenúfares, juncos, lirios de diferentes variedades que crecen espontáneamente a lo largo de nuestros ríos, y nunca podrán envenenar las aguas”. Quien visita la propiedad –hoy museo- encuentra en este jardín de agua el famoso puente japonés, cubierto por las glicinas, otros puentes más pequeños, sauces llorones, un bosquecillo de bambúes y sobre todo los famosos nenúfares que florecen durante todo el verano. El estanque y la vegetación que lo rodea forman un mundo cerrado, independiente de los campos aledaños.
Ese maravilloso puente japonés, fue pintado por el artista 45 veces! Aunque no se crea. De allí, se observan dos botes amarrados, que fueron parte de las creaciones de uno de los creadores del impresionismo.
Volviendo por aquel entonces a los jóvenes Jean Claude Rochet y Richard Busay; el primero arrendó un atelier, en el primer piso de una casa que aún se encuentra 81 rue Claude Monet, no muy lejos del Restaurante Baudy, que antaño era un hotel, donde los artistas principalmente norteamericanos, pasaban una temporada.
Richard, en cambio y obviamente con referencias falsas se presentó ante la Administración de la Casa Museo de Monet, ofreciéndose como jardinero a sabiendas de la rotación de personas para dicho trabajo, que requiere de 400 horas semanales para los 20.000 metros cuadrados de la superficie que ocupan ambos jardines. Luego de obtener dicho empleo, preguntó dónde podía hospedarse y le recomendaron a la vecina Sra. Amélie Isabei, quien disponía de una habitación sobre la Rue Blanche-Hoschedé-Monet, cercano a la Casa Museo. Se presentó ante Madame Isabei y con su encantadora seducción, cerró rápidamente el alquiler de la habitación con la dama, que quedó encantada de tener de huésped a ese “gentil caballero”. 
No solo Madame Isabei sino muchos más, hubieran pensado todo lo contrario de Richard, de conocer sus verdaderos propósitos. Él ya tenía su objetivo; al que debía encontrar y después de tantas canalladas con algún arresto incluido, se transformaría en un rico caballero codiciado por las burguesas jóvenes parisinas.

Continuara…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s