Misterio en Giverny – V Parte

Ese sábado de agosto; había amanecido nublado con una tenue llovizna, y Richard al mirar hacia afuera, se dijo así mismo que su cansancio de una semana de trabajo, a lo que no estaba acostumbrado en sus largos días y noches de París, se merecía seguir en la cama por un rato más. Rechino sus dientes; se abrazó a la almohada y volvió a dormirse.
Volvió a despertarse pasado el mediodía; y se dijo así mismo, que era mas la hora de almorzar que desayunar y se dirigió al refrigerador, donde sabía que tenía todo lo necesario para cocinarse esos fantásticos crepes salados de jamón y queso, además del resto de una sopa de cebollas, que las había cocinado lentamente el día anterior en mantequilla y aceite, la que había dejado en un cuenco, y solo le faltaba añadir una rebanada de pan con queso y gratinarla. Sonrió, imaginándose el juego de sabores, acompañado con un rico vino borgoña.
Luego de preparar su almuerzo, se sentó a la pequeña mesa y comenzó a almorzar, no sin antes pensar en el encuentro con Jean Claude. Sabía en la última conversación que había mantenido con el joven artista, que provenía de una familia acaudalada, que le solventaba absolutamente todos los gastos de su estadía en Giverny. Sabía también; que él se había excedido con Jean Claude, que casi podría haberse mostrado sorprendido, por las reiteradas preguntas que le hacía. Pensó que la ansiedad, le podía jugar una mala pasada y alejarse del centro de su cometido. No podía volver a cometer ese error; y debía mantenerse calmo, dejando que Jean Claude llevara la próxima conversación y solo interrumpirlo, cuando consideraba que la respuesta le diera algo, que le fuera de utilidad, para su no tan elaborado todavía, plan.
¡Niño rico y mantenido, con todo servido! se dijo así mismo; con enojo y porque no, un dejo de envidia. Jean Claude; también le había comentado que su padre Clément Alain Rochet no era nada más ni nada menos, que el Director del Banco Nacional de Francia, supeditado al Banco Central Europeo y dueño de una considerable fortuna. Su madre; Lorraine Lasarre era además la prima del Barón Benjamín de Rothschild, quien era el presidente del Grupo LCFRothschild, un banco privado de importante relevancia en la vida pública del país y propiedad de la misma familia por generaciones, desde mediados del siglo 18.
Mientras almorzaba; su mente acostumbrada a planificar hasta el mínimo detalle, aun hasta en aquellas, sus pequeñas acciones delictivas, comenzó a idear como iría a consumar su delito, el que lo alejaría de ser un pequeño bribón, para convertirse en alguien respetable y seducido por las más bellas mujeres parisinas.
Termino de almorzar; se lavó los dientes y miro su reloj. Recién eran las 2 de la tarde y considerando su somnolencia, consciente-mente producida por el exquisito borgoña, se volvió a acostar extendiendo su largo cuerpo, el que ciertamente era demasiado largo para la cama que disponía, ya que sus pies quedaban por fuera de ella.
Por la dudas y con el temor de quedarse dormido, ajusto el reloj despertador a las cinco de la tarde, para levantarse y así bañarse, afeitarse, vistiéndose con lo mejor que podía disponer, ya que sabía que debía brindar una muy buena imagen en ese primer encuentro a solas y muy atento a lo que conversaría con Jean Claude. Su sonrisa seductora y cordial como mascara, haría el resto.
Sin embargo, por más que lo intentara no podía dormirse. Se convenció que no era porque se había levantado al mediodía; el motivo real era que le provocaba ansiedad el encuentro que iba a mantener y trato, como si fuera un político que entrena su oratoria frente al espejo antes de una entrevista, ponerse a pensar adonde deseaba llevar la conversación en nimiedades al inicio, y luego de unas buenas cervezas, de manera sutil enterarse de lo que realmente interesaba, para sus fines inescrupulosos. Pensó también en la gran diferencia física que tenía con Jean Claude, quien contaba con una estatura mediana y una contextura extremadamente delgada, contra el físico de hombretón que el poseía.
Su mente se aceleraba y los recuerdos corrían por su mente. Desde la muerte de su madre cuando tenía seis años, hasta que los golpes de su padre. le obligaron a abandonarlo como a sus tres hermanos, a la edad de catorce años. 
Fue en esos momentos; en que fue reclutado por el “viejo” Valéry Romaric, que reclutaba a adolescentes tanto mujeres como hombres, y les daba albergue y comida, a cambio de que realizaran hurtos o arrebatos, dándoles el 20 por ciento de lo que obtenían. Así vivió Richard; durante cuatro años hasta que hastiado de los abusos de “el viejo”, de dormir en un catre dentro de un ambiente con olores nauseabundos y en las peores condiciones, junto a sus compañeros y compañeras, huyo sin decirle a nadie, una noche en que recordaba cuando el frió de la madrugada le ajaba la piel, produciéndose un intenso dolor.
Comenzó en solitario; y su aprendizaje le sirvió para ser un gran observador de los movimientos en las casas de determinadas zonas de la ciudad Luz, y luego proceder a violentar sus puertas para robarlas, sin riesgo alguno. Al principio; sabia donde revender todo aquello que le permitía mantenerse. Durmió en la calle; para luego alquilar un cuarto en un viejo hotel del barrio Chatelet. Con el paso del tiempo, logro conocer delincuentes como él, pero prefería robar en soledad y sin violencia. Eso le había garantizado haber tenido la fortuna de jamás ser descubierto y obviamente, carecer antecedente penal alguno.
Volvió a pensar en su encuentro; y siendo ya las seis de la tarde, entro al pequeño baño del cuarto, para prepararse con tiempo y tratar de llegar primero al lugar en que vería a Jean Claude. Al rato, salió del baño y comenzó a vestirse, terminando de calzarse esos zapatos relucientes para la ocasión. Siempre había pensado; que ese detalle decía mucho de la persona y por ello, era tan obsesivo en su limpieza.
Salió aun con la luz del día, había dejado de llover ya hacia unas horas, y silbo alegremente como aquel que se va de fiesta. Diviso a unos centenares de metros, las sombrillas rojas desplegadas alrededor del bistró y algunas personas sentadas en las mesas. Sabía que debería ubicarse, en algún lugar más reservado junto con Jean Claude, alejado de miradas u oídos curiosos de lo ajeno. A menos de cien metros de llegar, observo que algunas pocas luces se encendían y hacían mucho más amigable el lugar. Sonrió y se dijo “en la obscuridad, todo reluce como si fuera oro”…
Ingreso al lugar y fue recibido por una mesera, a la que le comento que estaría esperando a un amigo y que lo ubicara en un lugar, lo más privado posible. Con su seducción; le preguntó el nombre a la camarera…la que respondió sonriendo mordiéndose los labios, Alizee. Mantuvieron una corta charla, pero la joven al tomarle confianza, con su inocencia de “pueblo chico”, le comento que también su hermana Babette, trabajaba también en el lugar.
Justo en ese instante; ingresaba Jean Claude y pidió una mesa, creyendo que Richard no había llegado. No obstante, volviendo hacia la entrada Alizee, al verlo y sabiendo de Richard, le pregunto si buscaba o esperaba a alguien y al contestarle Jean Claude, ella le dijo amablemente que la acompañara, hacia donde Richard estaba esperándolo.
Jean Claude llego a la mesa; y Richard le dio una efusiva bienvenida tomándolo por los hombros, invitándolo a sentarse.

Continuará…

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