Misterio en Giverny – VI Parte

Richard observo como Jean Claude, llevaba consigo unas hojas en blanco y varios lápices en un sobre, y al ver ello le pregunto:
-Dime Jean Claude, has traído eso por alguna razón?
– Oh sí; le respondió sonriendo Jean Claude. A veces la inspiración sucede en cualquier lugar o en cualquier instante…
– Que es lo que te anima o te ha inspirado más a pintar, Jean Claude?
– No te rías, algo que suceda repentinamente pero también la belleza de una mujer…
– Ahh..ja…No me dabas el tipo de un seductor Jean Claude, como es eso?
– No…no Richard; soy bastante tímido, pero a través de la contemplación, fijo en mi memoria como modelo, a la mujer que en algún momento conozco y me maravillo, produciéndome eso…eso…
– Sí…hombre…te entiendo como un torbellino de hormonas, que te dejan confundido y bajan hasta tu pito…y estallo en una carcajada…
– No Richard, no te burles ni alces la voz, por favor. Mi visión es de algo inaccesible, como platónico. Eso es lo que me inspira…la belleza no solo física de una mujer…también su cadencia, su hablar, como camina. Me entiendes?
– Claro que sí; hombre. Como no entenderte (Richard pensaba que se encontraba frente a un hombre, que por su forma de ser, no habría intimado con muchas jóvenes parisinas). Dime Jean Claude, tienes o has dejado alguna novia en París?
– Jean Claude; (dudo por un instante en contestar para preservar su intimidad, pero ese joven le agradaba y era una de las pocas personas del lugar, con la que podía congeniar, pasando algunos ratos como pasatiempo, a pesar de su vozarrón y falta de sutileza). Sí, le contesto. Su nombre es Colette…
– Vaya…vaya…y que te dijo; cuando supo que te alejarías por un tiempo de París, para darle lugar a perfeccionar tu arte y en esta atmósfera de Giverny, en donde sé que hay varios artistas que como tú, vienen a este lugar creyendo que encontraran a una musa inspiradora-
– Ella nada me dijo Richard; sabes lo veníamos hablando hace tiempo y ambos consideramos que era lo mejor para mi futuro, nuestra confianza es plena. Cada tanto le escribo o retiro una carta de ella, de la oficina postal. Es una hermosa y encantadora mujer-
– Y dime Jean Claude, como la conociste?-
Se callaron; ante la presencia de la mesera Alizee, la que les pregunto que deseaban servirse, sin dejar de mirar a Richard.
-Este le pregunto a Jean Claude; qué opinas compañero si comenzamos con dos Kronenbourg ( una cerveza de Alsacia, muy popular en Francia y antiquísima) con entreé ( como entrada; sopa o ensalada)?-
– Jean Claude; asintió en cuanto a la cerveza, pero eligió la ensalada, al igual que Richard-
Alizee tomo el pedido y se retiró, no sin antes rozar las manos de Richard, apoyadas en la mesa, caminando de manera cadenciosa, hacia la cocina del lugar.
-Richard le guiño un ojo a Jean Claude, diciéndole – has visto amigo, como estas bellezas pueblerinas son las que te conquistan, sin mover un solo dedo, volviendo a lanzar otra estruendosa carcajada-
– Menos mal; pensó Jean Claude, que donde se encontraban no había personas alrede-dor. Alguno sin embargo, lejos der allí, dirigió su mirada a la mesa que ocupaban.-
– Richard le pregunto: – Dime, Jean Claude. No deseo que lo tomes a mal, pero me gusta-ría que nos conociéramos más, ya que veo que podemos forjar una linda amistad, que opinas?
– Es también mi intención; le respondió Jean Claude, creo que a pesar de dedicarnos a cosas diferentes y en carácter, somos como el agua sobre aceite, podríamos a llegar a ser buenos amigos. Dime; tu que deseas saber?
Richard ya había planeado su propia cartilla de preguntas; para obtener las respuestas que pretendía, a sabiendas que debía incluir en las mismas. trivialidades para que Jean Claude no sospechara ni minímamente, de sus verdaderas intenciones.
-Dime Jean Claude; responde a la pregunta inconclusa ¿cómo conociste a Colette?-
-Y…hace poco más de cinco años. Junto a mis padres, habíamos sido invitados a una velada que resulto fascinante por el decimoquinto cumpleaños de Nathalie de Rothschild, que sus padres organizaron y realizaron en la Villa Ephrussi.
-Ohh..debe haber sido fantástico…tanto lujo…tanta gente elegante y millonaria…el champagne debe haber corrido de una manera…y volvió a reírse-
– Y si, dijo Jean Claude. Precisamente en esa velada, presentaron la degustación del vino Chateu Lafite Rothschild, porque bien sabes que como esa familia, ninguna se promociona como ella…-
– Tan importante era la presentación de ese vino…aún más que el cumpleaños de la niña, exclamo sorprendido Richard…-
– Bien sabes Richard; le respondió Jean Claude que los Rothschild, son desde hace siglos una familia endogámica, lo que siempre ha sido una estrategia de la dinastía, a fin de asegurarse que su riqueza, siempre estuviera en manos de la familia- 
-Que de excentricidades y sed de acumulación de poder tienen, verdad?
respondió Richard…- 
Jean Claude calló, ante la llegada de la camarera, que depósito el pedido en la mesa junto a dos vasos congelados, para degustar la que para Richard era la más exquisita cerveza de Francia.
Con un tono sensual; Alizee mirando fijamente a Richard le pregunto; -desean los caballeros algo más?
-Richard saco de la galería su simpatía y le respondió; si eres tan amable nos gustaría que dentro de un rato o bien cuando se encuentren desocupadas, tu y tu hermana Babette se acerquen a nuestra mesa; a mi amigo le gustaría conocerla.-
-Alizee le respondió; tratare de complacerlos pero deberé pedir permiso al Señor Jean Luc Gedeon, gerente de aquí que además es muy riguroso y no nos permite que frecuentemos las mesas de los clientes…-
-No te preocupes, la interrumpió Richard. Llegado el caso, hablare yo con el Señor Gedeon…-
Alizee sonrio y se retiró; y los jóvenes sirvieron la cerveza en los vasos y brindaron por el encuentro y la vida, riéndose de la ocurrencia de Richard en tratar de lograr que la hermana de Alizee, conociera a Jean Claude. Este sin embargo, tan distinto a su compa- ñero de mesa, sintió una alegría y libertad desconocida en él, tan respetuoso de las formas. Se dijo a si, que razón le impedía divertirse después de tantos días en el pueblo de Giverny. Y se prometió disfrutarlo.
Ya habían terminado tanto las cervezas como las ensaladas, cuando Jean Claude volvió a llamar a la camarera, para pedirle la carta.
Mientras tanto, Richard le pregunto:- Dime Jean Claude, cuando te encuentras en Paris, frecuentas a los Rothschild?
-Sabes Richard; se detuvo un momento para abrir las nuevas cervezas que ya había dejado en la mesa Alizee y sirviendo en los vasos, le respondió- es frecuente que por la amistad con mi padre, visitemos a Guy de Rothschild en su gran y lujosa Villa, que se encuentra situada en Saint-Jean-Cap-Ferrat en la Riviera francesa. 
– Y dime; le pregunto Richard es cierto lo que dicen…que la familia Rothschild posee una interminable colección de obras de arte?
-Sí, no te han mentido. Poseen solo allí una vasta colección de obras de arte y estatuas. Fíjate, que además la biblioteca es monumental con casi un total de 8.000 volúmenes…-
-Richard se mantenía como se había prometido; muy interesado en lo que le decía su compañero ocasional, sin demostrar prestarle demasiada atención a Jean Claude…por lo que este le espeto;
– Richard; me estás escuchando?
-Sí…sí…perdona Jean Claude, estaba distraído pensando en que te gustaría que pidié-ramos como plato principal y en hacer un fantástico cierre de la noche con las dos bellas hermanitas pueblerinas. Que te parece como postre;  amigo?
Ya estaban por la tercera cerveza. Jean Claude bebía apresuradamente; Richard en cambio continuaba con su estrategia, como un paciente pescador que pone su carnada, y se toma todo el tiempo necesario, para atrapar su presa.
-Deseas que pidamos el plato principal, y vemos si tienen alguno de esos típicos que suelen ser tan sabrosos y abundantes, Jean Claude?-
-Sí; me parece oportuno, respondió Jean Claude-
Richard llamo a la camarera; que estaba observándolos, ya que no tenía demasiada personas para atender, en las mesas que le habían asignado. Presurosa y moviendo sus caderas, se detuvo a solo escasos cincuenta centímetros de Richard…
-Si señor; desean algo más?-
-Dime Elizee, que nos recomiendas como plato principal?
-Les puedo recomendar una exquisita lengua lucullus o bien una exquisita tartiflette, que es una especialidad de nuestro cocinero.-
Ambos se miraron; y Jean Claude se decidió por la tartiflette, mientras Richard prefirió la lengua de buey ahumada alternada con rebanadas de foi gras. Aprovecho para pedirle a la camarera; otra ronda de cerveza y que se las trajera junto a los platos-
La camarera asintió; y salió presurosa. Se sentía cómoda; al no haberle preguntado nuevamente el caballero por su hermana, la que estaba en un sector en donde tenía una mesa con diez comensales, y muy ocupada atendiéndolos.
Mientras tanto; Richard considero que debía profundizar un poco las preguntas hacia Jean Claude, y nuevamente en forma prudente le pregunto;
-Dime Jean Claude; posee la familia Rothschild en su Villa, importantes obras de arte?-
-Mira Richard; si bien fue la Baronesa Béatrice de Rothschild quien construyó su villa de color rosa en un promontorio en el istmo de Cap Ferrat con vistas al mar Mediterráneo, fue ella misma quien llenó la mansión con muebles antiguos, pinturas de maestros antiguos, esculturas, objetos de arte, y reunió una extensa colección de porcelana rara. Te digo que es tan importante; que los jardines están clasificados por el Ministerio de Cultura francés, como uno de los Jardines notables de Francia. Sin embargo a su muerte en 1934, la baronesa donó la propiedad y sus colecciones a la división Académie des BeauxArts del Institut de France y ahora está abierta al público. No obstante, ocuparon el salón principal en la velada en que se desarrolló, el agasajo por el cumpleaños de la niña Nathalie…-
– Uhhh…bueno…bueno…debe ser impresionante ver todas esas obras de arte de incal- culable valor, todas en esa villa que por lo que me cuentas, es como encontrarte en el mismo paraíso, dime la seguridad de la Villa seguramente debe ser estricta y rigurosa, no?-
-Sí, así es; contesto Jean Claude, quien se sentía ya un poco mareado…-
– Te sucede algo Jean Claude? le pregunto sonriendo Richard-
– No…no, quizás me excedí un poco con la cerveza…-
-Vamos, no digas eso; no hemos bebido tanto. Ahora cuando te traigan la tartiflette, llenaras tu estómago y te sentirás mejor. Y después…los postres-
-Jean Claude asintió y sonrió…-
-Dime Jean Claude; tu sabes que en el primer piso con el atelier que alquilas, una vez se alojó allí al inicio del siglo, el gran escultor Auguste Rodin?-
-Sí…me lo comento un camarero del Restaurante Baudy, te interesa por algo?
-No…no solo preguntaba si lo sabias…-

Continuara…

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